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THE STONE ROSES, Un solo dios, un solo amor... y una sola piedra

Ian Brown: “La gente dice que somos arrogantes porque no nos entienden”. Foto: Paulina Vizan

 
 

ARTÍCULO (1989)

THE STONE ROSES Un solo dios, un solo amor... y una sola piedra

Documento Rockdelux. Con su álbum homónimo, The Stone Roses consiguieron ser proclamados “debutantes del año” en 1989. Sin embargo, no eran nuevos; Martin Hannett y los New Order se habían cruzado en su camino anteriormente para producirles singles de valor creciente. Recuperamos el instante en que Jorge Albi y Ramón Noguera, entusiasmados con la banda, aprovecharon la actuación del grupo en Valencia el 23 de septiembre de 1989, su estreno en escenarios españoles, para intercambiar impresiones con los “nuevos Smiths”. Ximo Bonet, en la pieza complementaria, ponía en cuarentena el boom Stone Roses, al que situaba en las coordenadas propias de los hypes lanzados año tras año desde UK. Escuchen debajo sus cinco primeros singles y opinen.

“Noire music, ¡noire music!”. Así, con elocuente vocalización, optó por solicitar Reni –batería… y ¡que batería!– al DJ del recinto en el que concedieron la rueda de prensa que pinchara otro tipo de música al verse asediado únicamente por ingentes mares de guitarras encadenadas unas tras otras. Menuda exultación junto con el bajista Mani (que así prefiere que lo llamen y no Gary). Cómo se contorsionaban, con los morros en postura provocativa, cuando escucharon parte de las canciones del nuevo álbum de los Beastie Boys o el de De La Soul. Mientras tanto, Ian Brown –líder y vocalista–, ávido de diversión, subía con absoluta decisión a la cabina del DJ para colocarse él mismo ante el plato y pinchar posteriormente el “Don’t Believe The Hype” de los Public Enemy. “Se nos puede encontrar en cualquier sitio donde se escuche música. No nos hace falta el dinero, solo necesitamos a la gente”.

“Se nos puede encontrar en cualquier sitio donde se escuche música. No nos hace falta el dinero, solo necesitamos a la gente”
(Ian Brown)

 

Tales actitudes desmienten de forma rotunda gran parte de las cuestiones que circulaban en torno a su condición de estrellas pedantes. “La gente dice que somos arrogantes porque no nos entienden”.

Seamos francos y reconozcámoslo; además, no importa, tenía que suceder algún día. En la ciudad de Mánchester, todo lo relativo al reinado Morrissey o a su más directo feudo, The Smiths, ha terminado. Su hegemónica y siempre venerada imagen de chico predilecto, carismático y emblemático de la ciudad ocupa en la actualidad un plano absolutamente secundario. Sus enteros de credibilidad seductora, constante y progresista confirman todos los pronósticos de los medios especializados que incesantemente apuestan por bandas vecinas como Inspiral Carpets o Happy Mondays.

¡No hay por qué avergonzarse! Tanto Morrissey como otras bandas coetáneas de la primeriza estela nueva olera (New Order, The Fall) representan hoy por hoy el pasado. The Stone Roses son la adoración, la resurrección y, en consecuencia, el porvenir. “Estamos con el futuro. Los ochenta han acabado”.

Con un humilde y extrovertido aspecto, aparentemente agradecidos por su efímera visita (todo hay que decirlo, totalmente por la cara), siempre con sus ropajes característicos (pantalones acampanados –¿no dicen que vuelven?–, suéteres largos fruto de un laborioso recorrido por las zonas peatonales de la ciudad de Valencia) y con un decoroso registro sonoro que descarta toda clase de hipótesis, se han convertido en una de las sensaciones más abrumadoras y solventes que el pop inglés haya podido encontrar en muchos años de incesante búsqueda desde, quizá, The Jesus And Mary Chain.

 
THE STONE ROSES, Un solo dios, un solo amor... y una sola piedra

Barraca, Valencia, 23 de septiembre de 1989: el debut de The Stone Roses en España.

Foto: Paulina Vizan

 

Se consolidan con un hálito de sinceridad que une dos conceptos bien diferentes pero compaginables: amor y trabajo en un reducido formato de fascículo enciclopédico musical que restaura el espíritu básico que gestaron los grupos de la década de los sesenta –Byrds, Beatles, Hendrix o incluso Simon And Garfunkel–, el de aportar un lenguaje especial e innovar en la cultura pop.

Pero… ¡ojo!, que no se enteren los Stones: están hartos de ser descritos como tales. “En los sesenta éramos pequeños y no sabíamos nada de ellos. No podemos sentir ningún tipo de afecto hacia ellos”.

Ni siquiera por los grupos que perpetúan su cariz influenciatorio, como es el caso de Primal Scream. Sin embargo, ¡qué decir de los grandes dinosaurios que casualmente –quién sabe– regresan dispuestos a retomar su hegemónico bastón de mando, bien sean Lou Reed o los Rolling Stones! “Desde luego no compartimos esa opinión. Regresan porque se han quedado sin ideas. ¿Por qué no se quedan en sus casas en vez de tirar tanta basura a la gente?”.

“Lo que estamos demostrando es que no lo hacemos únicamente por el dinero. Nos gusta imponer: por eso estamos aquí. Escénicamente somos autodidactas; lo hacemos cuándo y cómo queremos”
(Ian Brown)

 

Lejos de la propia autoconvicción del grupo, debutan en septiembre de 1985 con “So Young”. Single que, pese a la producción de Martin Hannett –hombre imprescindible en las grabaciones de la mayoría de las formaciones de Mánchester–, no evidencia ningún tipo de logro. El siguiente paso lo dan dos años después, cuando editan “Sally Cinnamon”. Excelente muestra de considerable estética mística que curiosamente fue definida como obra maestra cuando se gestaba el apabullante proceso incoativo que dio paso a su posterior consagración independiente con la publicación de “Elephant Stone” en 1988 –furia frenética bajo las directrices de Peter Hook, con evidentes alaridos relampagueantes de wah-wah– y “Made Of Stone” en 1989–calco muy bien apañadito del “Velocity Girl” de Primal Scream–, singles cuyas portadas están especialmente diseñadas por John Squire –guitarrista–, antiguo alumno de una de las escuelas de Bellas Artes más prestigiosas del país anglosajón y auténtico enamoradizo de las impresiones gráficas de Jackson Pollock.“’Stone’ esconde un magnetismo especial. Una piedra, cuando se pulimenta, se convierte en un diamante. Lo que intentamos es hipnotizar a la gente, aunque existen personas que no tienen corazón. Están hechas de piedra ”.

Ha sido una dura lucha. Se lo han ganado a pulso. El posterior single “She Bangs The Drums” y el, hasta la fecha, único y homónimo elepé, “The Stone Roses” (1989), les permiten gozar de una buena reputación, llegando a obtener suculentas ventas (¡hasta en Japón!, con más de 20.000 copias) y sobresaturar el cupo de entradas meses antes de sus conciertos.

El hecho de haber rechazado compartir cartel escénico con los Rolling Stones, New Order o Pixies siempre ha obligado a las agencias de contratación a tener que condescender antes sus condiciones. “Lo que estamos demostrando es que no lo hacemos únicamente por el dinero. Nos gusta imponer: por eso estamos aquí. Escénicamente somos autodidactas; lo hacemos cuándo y cómo queremos”.

 
THE STONE ROSES, Un solo dios, un solo amor... y una sola piedra

Mani, Ian y John: momento histórico en Valencia.

Foto: Paulina Vizan

 

Y como ellos mismos dirían en un tono irónico, las letras de sus canciones nos llevarán a la “tierra prometida” ante la inconformidad unánime de que sea Paul Weller –vía Joe Smooth– quien lo haga. Letras que –fácilmente interpretables– se pueden enfocar de muy diferentes maneras; existencialistas, narcisistas (escucha su “I Wanna Be Adored”) y sobre todo políticas. Obran en virtud de sus propios principios. Pertenecen a un orden político absolutamente anarquista. “¡No pasarán! (exclaman). Somos socialistas porque pertenecemos a la clase trabajadora. No somos políticos. Solamente creemos en que la gente sea libre, pero también intentamos trabajar menos porque somos perezosos (risas). En cuanto a los problemas sociales, no tendrían que existir los pasaportes, ¡solo un planeta! Las barreras de todos los países deberían derrumbarse en un solo mar, un solo Dios y una sola piedra”.

Estamos totalmente hartos de la monarquíaque se lleva siempre el dinero del pueblo. Cuando hay tanta gente viviendo pobremente por ahí, sin apenas medios de subsistencia, no es justo que haya una familia viviendo con tanto lujo… Me recuerda a Camelot
(Ian Brown)

 

Antimonárquicos, hacen una explícita alusión a ello, en concreto sobre la Reina de Inglaterra, en uno de los temas de su único álbum. “¡Ya era hora de que alguien lo hiciera! ¡Ya está bien! Estamos totalmente hartos de la monarquía, que se lleva siempre el dinero del pueblo. La reina es la mujer más rica del mundo y lo peor de todo es que no es inglesa: es alemana. Cuando hay tanta gente viviendo pobremente por ahí, sin apenas medios de subsistencia, no es justo que haya una familia viviendo con tanto lujo… Me recuerda a Camelot (repetidas veces). La época Thatcher debería terminar. Tenemos que ser optimistas. Pero lamentablemente todavía hay gente en Inglaterra que sigue siendo estúpida”.

Lo tienen claro. No cabe duda. Son auténticos corresponsales de un territorio en crisis. Sus directos y aduladores mensajes son un deterioro más a la actual situación político-social británica. Siguen la tradición de muchos de los grupos que mostraron en su momento una contundente aversión por los regímenes de los tiempos, como fue el caso del reconocido vómito pistoliano. Desafortunadamente, y dado su –imaginamos– atareado cometido, desconocen la importancia de los grupos españoles. “Solamente conocemos a Duncan Dhu: no hay suficientes grupos españoles; debería haber más. Además, la tradición española nunca ha sido la música pop. Hay que romper la tradición. Solamente nos llegan sonidos norteamericanos, pero de todas maneras los grupos españoles deberían ir a Inglaterra porque allí no hay demasiados grupos buenos”.

En resumidas cuentas, después de exculpar su acusado pero comprensible chovinismo, el mayor deseo de los Stone Roses es mantenerse en sintonía con los nuevos tiempos que se avecinan y ser recordados como –de hecho ya lo son– “un gran grupo de pop music en todo el planeta”. Por el momento, permanecen incólumes ante la rigurosa crítica mundial. Y desde aquí te confirmamos con la mano en el corazón que ya son unos verdaderos gigantes de piedra. Jorge Albi y Ramón Noguera

 

COMIENZA LA VIDA

Como cada temporada, desde el Reino Unido ya viene siendo habitual la aparición, irrupción y posterior consagración de una banda cualquiera convertida en la nueva sensación del momento. Lo que en muchos –en todos– los casos no deja de ser una mera tarjeta de presentación, a veces sólida, generalmente decrépita, es tomado por muchos tal que una revelación, sin sopesar, ni tan siquiera tener en cuenta, el estado en que pueda hallarse la continuación de lo que en sus comienzos fue calificado como el inicio de una obra fascinante (Lloyd Cole, Pogues…).

“So Young” (1985).

Sin duda alguna, en esta mediocre década para el rock que ya se observa fenecida, la escena británica no ha producido ninguna cría que pueda ser calificada como innovadora, entendiendo como tal sorpresa, talento y excitación. Cierto es que la americana tampoco se caracteriza especialmente por ello, aunque cuente con dos cachorros robustos, uno ya crecidito que responde por R.E.M. y otro, en constante crecimiento, conocido como Pixies, y con un elemento valiosísimo y me temo que un tanto ignorado: tradición musical, algo que si no sirve para crear artefactos sublimes, sí es muy práctico a la hora de combinarlo con una atinada dosis de humor y desmitificación (Mojo Nixon & Skid Roper, por ejemplo).

“Sally Cinnamon” (1987).

Así pues, en UK, aparte de New Order –en mi opinión, excesivamente trascenden-talizado su máximo acierto, la aparente banalidad pop–, los Smiths –caso curioso y anacrónico, plenos de referencias que han sabido hacer suyas y que, dado su marcado carácter británico, solo han tenido como zona propicia su propio país– y los Pet Shop Boys –rebosantes de eso que muchos nunca podrán adivinar–, el pop-rock de las Islas se halla copado por multitud de combos independientes, vestigios honorables –XTC, Costello…– y pretendidos creadores que en absoluto lo son (The The, Jesus & Mary Chain, Cocteau Twins…).

“Elephant Stone” (1988).

Cuatro tipos de Mánchester son los causantes de tanto alboroto entre gente –confesémoslo– alborotable. Ian Brown, John Squire, Gary Mounfield y Reni. En el último año han copado multitud de páginas en la prensa británica, proclamando su genialidad, cultivando esa actitud de “enfants terribles” que tanto gusta en las Islas –son producidos por Peter Hook en “Elephant Stone” para a continuación negarse a ser teloneros de New Order– y afirmando un culto a sí mismos que de puro ficticio resulta risible. Pese al toque de pose, confiesan pasión por Isaac Hayes, Muddy Waters, Elvis, los Jackson 5, los Temptations y Sly Stone, entre otros. Mascullan palabras de desprecio hacia la escena indie, tachándola de poco menos que retrógrada, y declaran, con indudable acierto, que una de las pocas músicas vivas que se pueden oír hoy en día es la música de baile, básicamente house.

“Made Of Stone” (1989).

Su (escasa) obra, un conjunto de referencias sabiamente combinadas, se revela en cinco sencillos y un elepé homónimo. Desde “So Young”, que, por sus connotaciones siniestroides, prefieren obviar, hasta el espléndido “She Bangs The Drums”, pasando por “Sally Cinnamon”, el mencionado “Elephant Stone” y un “Made Of Stone” que desprende efluvios de balada a los Electric Prunes tipo “Onie” (1967) pasada de revoluciones, todo remite a eso: psicodelia Costa Oeste presuntamente reinventada, rock ácido según McGuinn/Clark, un poquito de folk electrificado y mucha melodía pop, todo ello tamizado con unas gotas de vigor y un chorrito de inteligencia pelín oportunista.

“She Bangs The Drums” (1989).

Y es que si “I Wanna Be Adored” apunta, aparte del evidente guiño a Iggy Pop, una soterrada declaración de intenciones (descaro, rotundidad y diversión) que configura una falta de pretensiones harto saludable, la mayor parte de la cara B del elepé se decanta por terrenos más pantanosos. Pretender reescribir lo que otros hicieron con más tino es tarea, si no suicida cuando se hace con mediano acierto, sí de cierta ubicación. Y, puntualicemos, no existe cosa más aburrida y prescindible en todo lo ocupado en procurar sensaciones –un libro, un filme, un vino– que saber qué va a suceder diez segundos después. Algo similar ocurrió hace unas temporadas con Primal Scream, que parieron un disco brillante de primera escucha para, acto seguido, ir devaluándose según daba vueltas en el plato hasta derribarse con la misma facilidad con la que era ingerido. Porque, no nos olvidemos, lo que a 45 revoluciones es paladeable, divertido y/o interesante, a 33 rpm se troca en vomitivo, anémico y vano, caso que, si no es el que nos ocupa, les puede conducir hasta allí inexorablemente. Recuerdo una banda que nos las prometía muy felices, se llamaban los Padrinos y…  Ximo Bonet

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