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THE STROKES, Tan fácil

New York City Boys.

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 194)

THE STROKES Tan fácil

Se recuerda con agrado “Is This It” (2001), el debut de The Strokes. David S. Mordoh entrevistó a los neoyorquinos en 2002, justo antes de que viniesen a presentarlo a Barcelona y Madrid, tras su paso por Mallorca en 2001 (en el festival Isladencanta)... Fue el tema de portada del Rockdelux 194 (marzo 2002). Lástima que The Strokes no hayan vuelto a conseguir aquel alto nivel de efectividad. ¿Qué oscura conspiración estaba detrás del éxito del quinteto? ¿Qué teclas del inconsciente colectivo se pulsaron para poner de acuerdo a la prensa? ¿Por qué en aquella ocasión los réditos con el pasado se convirtieron en el mejor aval de un debut? ¿No era el revival la máscara del involucionismo? ¿Por qué ellos y no tantos otros? Pero a grandes enigmas, soluciones sencillas. Es tan fácil de explicar como escuchar las once canciones de “Is This It”.

Un mediodía cualquiera de invierno. Un menú de 6,60 euros con cuatro amigos en el bar del pueblo, postre de frutos secos bien regados con botella y media de moscatel, la conversación alargada entre brumosas evocaciones hasta las cinco de la tarde, y de pronto el teléfono del bar que suena. ¿Proposición deshonesta? Claro que sí, un phoner pendiente con The Strokes y en portada. El moscatel rezonga en el estómago al ver su paso hacia la sangre cerrado abruptamente por el metabolismo. Se impone en todo el cuerpo el estado de alerta máxima: la entrevista será finalmente esta misma noche.

“La gente que no nos conoce nos ve como unos hijos de papá metidos a estrellas de rock, con muchas más posibilidades de triunfar gracias a los contactos familiares. Solo quienes nos conocen perciben la estrechez de los lazos que unen a los miembros del grupo como una peña de amigos”
(Nikolai Fraiture)

Atrincherado tras las tropecientas pequeñas noticias propulsadas por The Strokes a lo largo de su despegue en 2001, hurgando entre las cuatro entrevistas que formulan preguntas similares mientras suena una vez y otra mi canción favorita, “Hard To Explain”, intuyo que el panorama de llenar nueve folios, por muchos elogios que vierta sobre ella o sobre el álbum “Is This It” (BMG-RCA, 2001), no es ninguna bicoca cuando se trata de la típica banda de chicos de 20 años con menos de cuarenta minutos grabados en la calle. Y más si me hablan a través del móvil dentro de un autobús que acaba de dejar atrás estribaciones montañosas en el camino de Albuquerque a Las Vegas. La voz del bajista Nikolai Fraiture, al principio entre adormecida y desganada, se ceba con los monosílabos. Más adelante, una vez despojado del caparazón antiprensa pelma, de la actitud very rock’n’roll –que precisamente a él no le pega– y –presiento– de ciertos prejuicios hacia mercados periféricos, incluso se esfuerza en parecer simpático dejando intuir en las cuerdas vocales un proyecto de carcajada.

 
LOS GOLPES DE REMO

La posible explicación, en el currículo. La historia de The Strokes arranca cuando el neoyorquino Julian Casablancas, cantante e hijo del fundador de origen español de la agencia de modelos Elite, es enviado a estudiar  a un colegio privado en Suiza, donde conoce al californiano Albert Hammond Jr., guitarrista hijo del intérprete del famoso éxito “It Never Rains In Southern California” en 1972. Una vez de vuelta cada cual en su ciudad, Julian conoce en su nuevo colegio primeramente al guitarrista Nick Valensi y al percusionista Fab Moretti –neoyorquino de adopción nacido en Río de Janeiro–, y algo más tarde a Nikolai. Juegan a ser banda de fin de semana sin más, hasta que dos años después, en 1998, la mudanza de Albert desde Los Ángeles configura definitivamente a The Strokes, que debutan de manera oficial a finales de 1999 en directo. “La gente que no nos conoce nos ve como unos hijos de papá metidos a estrellas de rock, con muchas más posibilidades de triunfar gracias a los contactos familiares. Solo quienes nos conocen perciben la estrechez de los lazos que unen a los miembros del grupo como una peña de amigos”. Cierto, hasta el momento casi lo hacen todo juntos, con la ventaja añadida de no preocuparse demasiado –el dinero no parece ser su objetivo prioritario– por los pequeños furúnculos diarios que deterioran las relaciones de las bandas más ambiciosas. Ellos, a su bola.

Existe unanimidad a la hora de definir el estilo Strokes: muy Nueva York. Los ribetes rítmicos de las bandas punk británicas reconvertidas al pop hace veinticinco años –tipo Buzzcocks–, el legado de la facción neoyorquina –entre los Ramones más contenidos, los Blondie más vitamínicos y los Feelies más sucios–, la dejadez del estilo vocal patentada por Lou Reed y siempre en buena compañía –la guitarra rítmica también a veces pica de The Velvet Underground– y una mordedura tan corta como letal ejecutando los solos –sí, Television en la recámara– constituyen pruebas más que circunstanciales de su denominación de origen. “No lo veo así. Es verdad que la mayoría somos de Nueva York, pero pienso que la etiqueta es más producto de los acontecimientos extramusicales acaecidos en la ciudad. No existe una fórmula establecida para definir la música de una banda neoyorquina; es algo más natural que eso, y las hay de todos los estilos. Solo les une su origen recalcado por una presión mediática”.

 
THE STROKES, Tan fácil

Rockdelux 194 (Marzo 2002)
Diseño: Rafamateo

 

Tal vez entonces convendría una prueba de buena voluntad exponiendo los gustos musicales de los componentes. “Nos gusta The Velvet Underground, Jonathan Richman...”. No son precisamente ejemplos alejados del perímetro de la Gran Manzana. “De acuerdo, también Bob Marley, Leonard Cohen y Bob Dylan”. Veo que tienen las raíces bien plantadas en los referentes clásicos, por lo que deduzco que su parte de influencia rhythm’n’blues –y Motown, bien presente en la entrada de “Last Nite”– también se remonta a tiempos pretéritos. Me vienen a la cabeza inspectores similares de hace un par de décadas, como The Fleshtones y The Plimsouls (sin entrar en los británicos tipo Dr. Feelgood o The Immates). “Más que deuda con el rhythm’n’blues, alguno de los miembros siente una fijación desmedida por maestros de géneros dominados por músicos de color, como Albert respecto al guitarrista Freddie King”. La ausencia de nombres del momento en los ejemplos invita a pensar que la música de antes es mejor que la de ahora. “Cada generación, de hecho, esculpe un nuevo estilo, supongo que respondiendo a las inquietudes de su época. Del soul de los sesenta se llegó al hip hop de los noventa porque así es como evoluciona la música. Resulta peligroso afirmar que la de antes era mejor; es síntoma de vejez. Pero sí es prudente escuchar abiertamente la música de nuestros padres, sin prejuicios generacionales, para comprender la procedencia de los sonidos de hoy. A veces, buscando el eslabón perdido, encuentras vías muertas que no se exploraron en su día. Y, a veces, un paso atrás es la mejor forma de avanzar y a partir de allí crear algo nuevo y diferente”. Como en el ajedrez.

LOS TRAZOS

“Cada generación, de hecho, esculpe un nuevo estilo, supongo que respondiendo a las inquietudes de su época. Del soul de los sesenta se llegó al hip hop de los noventa porque así es como evoluciona la música. Resulta peligroso afirmar que la de antes era mejor; es síntoma de vejez. Pero sí es prudente escuchar abiertamente la música de nuestros padres, sin prejuicios generacionales, para comprender la procedencia de los sonidos de hoy”
(Nikolai Fraiture)

Vamos con las posibles claves del éxito. “Yo no diría que somos una banda de éxito, al menos de éxito consagrado. Ahora mismo estamos en un autobús viajando de ciudad en ciudad por Nevada. Estamos efectuando los pasos necesarios para, tal vez un día, llegar a ser una banda de primera fila. Primero estudiamos, después nos hicimos amigos, aprendimos a tocar, buscamos los contactos... así hasta conseguir tener un álbum en la calle, que no es mucho. Ni poco. Hemos trabajado”.

De acuerdo, quizá no encaje “Is This It” en el patrón de éxito masivo si nos limitamos a su cifra de ventas, pero nadie en estos momentos, tras las cascadas de elogios que ha recibido a lo largo y ancho del planeta, se atreve a cuestionar un futuro inmediato deslumbrante: un disco que albergue, además de todas las cualidades descritas perfectamente en la reseña de Rockdelux 189, los valores de una gran masa silenciosa de aficionados –¿mayoría minoritaria o viceversa?: llamémoslos “clásicos”– que no acaba de comulgar con las tendencias pasajeras de cada temporada, harta ya de comprar lo último para verlo marchitar en apenas semanas, y a la espera eterna de un grupo/mesías con instinto rock’n’roll. Yo no describiría el panorama así. Seguramente ciertas vertientes del pop se decantan durante un período hacia formas más periféricas y no tan centradas en el maridaje entre pop y rock, pero bandas de rock’n’roll siempre han existido, existen y existirán. En ningún período de los últimos cincuenta años, la guitarra eléctrica ha dejado de venderse alarmantemente; aun durante las etapas más díscolas, su supervivencia se garantizaba a través de las bandas metálicas”.

Buena parte de la pegada de The Strokes recae sobre las composiciones, todas ellas de Julian Casablancas, como si los demás miembros se mantuviesen por decreto al margen. ¿Forzosa o deliberadamente? “Al principio todos componíamos; nos pasábamos las canciones unos a otros hasta que poco a poco vimos que trabajábamos mejor las de Julian. Brillaban más. Incluso, a veces, cuando él aportaba alguna idea a un tema de otro este cobraba vida. ¿Salía una canción nuestra mal? Julian siempre está allí para sacar de la chistera otra mejor”. En los textos de algunas percibo atisbos de aquella rabia adolescente de 1977, probablemente ensalzados por una instrumentación urgente siempre eficaz a la hora de amplificar sentimientos de frustración. “Tal vez un poquito, no sé. No debemos calibrar su valor hasta poder analizar estos textos desde fuera, transcurridos unos cuantos años del final de la adolescencia”. Como mi edad me permite cumplir de sobras el requisito, yo sí puedo afirmar que, por ejemplo, “Hard To Explain”, con el estribillo “forget what I’m told / but I am too young / and they are too old”, en este aspecto es imbatible.

 
THE STROKES, Tan fácil

Carne de CBGB.

 

La imagen de unidad que el grupo desea propagar se extiende al diseño interior del disco, donde reciben el mismo trato –fotos de igual tamaño que las de los instrumentistas– el productor Gordon Raphael, el manager Rayan Gentles y el profesor de guitarra –el “gurú”– JP Bowersock. ¿Muestra honrada de agradecimiento o astuto golpe de efecto? “Lo primero, por supuesto. Cualquier pieza del engranaje de una máquina es importante en una u otra medida, pues la máquina no funciona sin ella. Nosotros, dentro de la máquina Strokes, somos los encargados de componer y tocar”. Y además, demasiado jóvenes para ocuparse de todo, les falta experiencia. “Imaginémonos en manos de un mánager sin escrúpulos, cuya meta es despojarnos de nuestros beneficios en lugar de aconsejarnos adecuadamente”. Entonces falta otra foto, la de Geoff Travis, de Rough Trade, que movió medio Londres y puso a todos tras la pista con solo escuchar tres canciones (ver Rockdelux 193). “Sí. Visto nuestro impacto en Gran Bretaña, él ha sido protagonista crucial del despegue al intuir el potencial del grupo, incluso antes de saber si firmaríamos con Rough Trade para Gran Bretaña. Tiene una influencia enorme en la industria británica”.

Tal vez habría sido más rentable a medio plazo incluir en el primero solo cinco o seis de estas canciones y guardar la otra mitad para el próximo, utilizando más material de relleno en ambos. Creemos, no obstante, que la música no ha de enfocarse así. Un álbum no es solo canciones aisladas, es también un concepto. No necesariamente musical, sino a nivel de perspectiva: muestra un punto de vista”
(Nikolai Fraiture)

Esta imagen de unidad reflejada en el CD, sin embargo, se rompe al cambiar la portada para la edición estadounidense; y cuesta creer que no se produjo bajo presión (la cintura desnuda de un cuerpo supuestamente femenino, con una mano enfundada en un guante sobre una nalga, podría tener problemas en los Estados Unidos de Bush Jr.). “Ocurrió al revés. Nosotros teníamos pensado publicar el álbum a finales de septiembre. Tuvimos que adelantarlo en Europa por ciertas razones, en parte justificadas debido a un contrato distinto con una discográfica británica desbordada por la expectación creada allí. Siendo la portada un tema planteado en el tramo final del proceso, el escaso margen de tiempo nos obligaba a elegir una entre las ofrecidas hasta entonces”. ¿Cambiar una foto provocativa por el dibujo de un arabesco? Como excusa tal vez cuele, pero yo sigo viendo una mano negra. “No, nada de eso. Al disponer de más tiempo, surgieron más ideas”. Así pues, el mensaje no importa. “Es mucho más sencillo: nos juntamos los cinco, nos enseñan un puñado de fotos, cada cual elige las suyas: si resulta que todos coincidimos en una y estamos de acuerdo que es mejor que la anterior, perfecto”. Por si acaso me cuelga el teléfono, me callo la pregunta obvia: ¿por qué han de reunirse para mirar más fotos si ya tenían una portada en las imprentas europeas? Y la siguiente: ¿hubiesen buscado otra portada en la era Clinton?


LOS GOLPES DE INFORTUNIO

Dos semanas antes del estreno estadounidense, el 11 de septiembre sacudió la vida de todos los neoyorquinos. “De hecho, ha afectado a todo el planeta. Aún no podemos evaluar exactamente en qué medida influirá en nuestras próximas grabaciones”. Caso curioso, en las anteriores sí ha influido, al retirar a toda prisa “New York City Cops” –¿también presionados?: en directo la siguen tocando– de las copias destinadas al mercado interior. “Pensamos que el mensaje exhibido en esta canción podría ser mal interpretado en Estados Unidos debido a la sensibilidad extrema hacia todo lo relacionado con el entorno de la ciudad. Para evitar controversias y puesto que la publicación tardía del álbum nos daba unos días de margen –al final la fecha se aplazó al 9 de octubre–, optamos por sustituirla por otra recién grabada –“When It Started”– sin que el bloque se resintiese de cara al público”.

Una lástima, ya que era sabida la devoción del grupo por estas once canciones, aun cuando la suma de su minutaje no superase los escasos treinta y siete minutos. “Las habíamos trabajado durante mucho tiempo, las teníamos asumidas incluso en un orden determinado, teníamos el álbum perfilado en nuestras cabezas mucho antes de grabarlo. Alterar esta especie de orden natural, añadir o quitar material, aparte del contratiempo antes mencionado, hubiese supuesto la traición a un sueño colectivo. Así lo habíamos pensado parir durante años y no había una razón de peso, en forma de canciones nuevas, para alterarlo. Tal vez habría sido más rentable a medio plazo incluir en el primero solo cinco o seis de estas canciones y guardar la otra mitad para el próximo, utilizando más material de relleno en ambos. Creemos, no obstante, que la música no ha de enfocarse así. Un álbum no es solo canciones aisladas, es también un concepto. No necesariamente musical, sino a nivel de perspectiva: muestra un punto de vista”.

 
THE STROKES, Tan fácil

Nikolai Fraiture, Julian Casablancas, Fab Moretti, Nick Valensi y Albert Hammond Jr.

 

Otra cualidad del álbum es lo directo que suena, como si las canciones no necesitasen arreglos. “No lo sé. En cualquier caso, ‘Is This It’ está condicionado por las emociones de un padre primerizo. Probablemente incluiremos en un futuro indeterminado más estilización y tecnología, siempre sin renunciar a nuestra ética”. Quizá ya tengan perfilado un sonido derivado y un productor adecuado a él. Un productor famoso. “De hecho, teníamos pensado un single con la colaboración de Gil Norton. Nos lo recomendaron por nuestras –y sus– características, además de su reputación y bla, bla, bla. Grabamos cuatro canciones en un estudio caro con él, pero no nos gustó el resultado. Así que volvimos al estudio donde grabamos las demos del álbum, y estas mismas canciones sonaron como queríamos, lo cual demuestra que en la música el dinero no es fundamental”. Me queda la duda de si las regrabaron con o sin Norton. Al menos hay indicios de actividad de cara a un futuro segundo trabajo. “Tenemos ya un par de canciones que estamos puliendo en directo, y una nueva, ‘Love’, acaba de superar las pruebas. Como cualquier banda inmersa en un proceso creativo, necesitamos entrar periódicamente en un estudio para plasmar las ideas nuevas. Ahora estamos de gira, aunque no tardaremos en volver a probar”. Por el momento, nada de versiones. “No. No haremos versiones hasta que nos veamos capaces de tocar una gran canción y superar la original. De otro modo no vale la pena, solo puedes hacerlo en los ensayos para divertirte. ¿O nos ves capaces de mejorar una canción de Jimi Hendrix o de Bob Dylan? Imagínanos haciendo una versión de ‘Like A Rolling Stone’”.

LAS HAZAÑAS

“No. No haremos versiones hasta que nos veamos capaces de tocar una gran canción y superar la original. De otro modo no vale la pena, solo puedes hacerlo en los ensayos para divertirte. ¿O nos ves capaces de mejorar una canción de Jimi Hendrix o de Bob Dylan? Imagínanos haciendo una versión de ‘Like A Rolling Stone’”
(Nikolai Fraiture)

Ciertamente, ellos mismos han colocado el listón alto. Por mucha modestia vertida desde el móvil cruzando el desierto en la más pura tradición de currantes del rock de segunda categoría, “Is This It” lleva tanto marchamo de clásico que ya le han hecho un homenaje grabado con un EP de cuatro canciones (“Last Nite”, “Hard To Explain”, “The Modern Age” y “Is This It”). Corre a cargo de los británicos Diff’rent Strokes. “No conozco a los músicos implicados, pero suena divertido. Es electrónico. Nuestras canciones interpretadas con un pequeño casio. ‘Cool’. Nos sentimos halagados al ser objeto de versiones”. Un clásico conlleva desventajas: superarlo. “Una cosa que admiro de Radiohead es su capacidad de trabajar y evolucionar bajo la presión de toda una industria –fans, discográfica, prensa– sobre sus cabezas”. ¿Entonces, The Strokes tal vez están asustados? “Asustados no es la palabra. De hecho, estamos alucinados con los resultados, mucho mejores que la más optimista de las previsiones. Es lo que siempre habíamos soñado. Abrumados sería más correcto”.

Una última pregunta que pretendía averiguar las apetencias de cada miembro en el terreno sexual –más rubias, pechugonas, etc.– y contestada con un político y seco “todos tenemos gustos distintos”, deja, sin embargo, al descubierto, con el barullo de risas al otro lado de la línea al ser formulada, un matiz inesperado. Yo hice la pregunta e inmediatamente se escucharon risas al unísono. Allí, en aquel autobús, no estaba Nikolai solo hablando conmigo mientras los demás dormían. Tal vez estaban todos escuchando la conversación. ¡Genial! Un grupo de amigos pasando un rato divertido mientras se tronchan con las preguntas peregrinas del pardillo de turno, en vez de estar cada cual con su Gameboy. La rutina para The Strokes por ahora es aventura y no monotonía.

Volviendo a escuchar el disco, aún no me acaban de quedar claras las razones de su éxito. No es técnicamente innovador, ni en estilo ni en instrumentación. Es tan solo necesario.

Así que, nada nuevo bajo el sol. Pero hace un día de puta madre.

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