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THE TELESCOPES, Más allá de la visión natural

Stephen Lawrie: feroz independiente.
Foto: Brittany Solberg

 
 

ENTREVISTA (2017)

THE TELESCOPES Más allá de la visión natural

La (falsa) banda de Stephen Lawrie emergió como una de las grandes promesas del noise británico y desapareció para operar desde los márgenes de la industria, fiel al más indomable espíritu independiente. Con “As Light Return” (2017) como último álbum publicado –y otro ya grabado–, The Telescopes cumplieron treinta años de vida. David Saavedra repasó con Lawrie una trayectoria única.







“En retrospectiva, pienso que me quemé, por muchas razones. Había compuesto muchas canciones en un período bastante corto de tiempo, las de los dos primeros álbumes y otros temas que podrían haber llenado dos más y que acabé utilizando en EPs. Además, empecé a usar samplers Akai y adquirí mucho interés en secuenciar. The Telescopes se estrellaron y yo me quedé sin recursos, hasta que el software se volvió más accesible a finales de los noventa y fui capaz de seguir con mi inspiración”
(Stephen Lawrie)

“Lo que me motiva a hacer música hoy en día son las mismas razones que he tenido desde el principio: cómo relacionarme con el mundo que compartimos”, afirma Stephen Lawrie a través del correo electrónico. El británico formó The Telescopes en 1987, en la localidad de Burton upon Trent, abducido por The Velvet Underground, Suicide y 13th Floor Elevators, y rápidamente alineado en la misma camada de neopsicodelia, noise y pre-shoegazing de Spacemen 3, The Jesus And Mary Chain, My Bloody Valentine o Loop, con quienes debutaron en el split single “Forever Close Your Eyes” (1988). Su primer álbum, “Taste” (What Goes On, 1989), fue considerado un clásico automático en aquella escena, de la que acabarían desapareciendo para operar desde las sombras. Tres décadas después, ahí siguen. “Para mí todo esto es una compulsión. Nunca me he sentido seguro de nada en mi vida, pero siempre he visualizado a The Telescopes como una persecución que duraría siempre”, afirma el músico. “Intento hacer música que aguante escuchas repetidas para que el oyente pueda encontrar siempre algo nuevo en el sonido. Procuro que ni el éxito ni el fracaso nublen mi foco demasiado y poder seguir aprendiendo. Lo más importante de todo es mantenerse inspirado”.

Frente a muchos de los grupos de su generación, que se disolvieron en algún momento de los noventa para regresar posteriormente como cabezas de cartel en grandes festivales, The Telescopes siempre han buscado otra forma de operar, ajena a las modas e inercias de la industria. “La nostalgia no está en mi radar”, apunta Lawrie. “No es que no reconozca mi fondo de catálogo, pero prefiero vivir en el presente y mantener las cosas en movimiento. Supongo que en una banda que se reforma después de una larga ausencia se debe esperar cierta nostalgia, que puede ayudar a encontrar una nueva vía futura, pero también puede suponer una muerte lenta”. Sabe de lo que habla, porque su proyecto también vivió sus años de silencio después de una época en que parecía estar en el lugar adecuado.

A principios de los noventa, Alan McGee lo fichó para Creation y publicó su segundo álbum, “The Telescopes” (1992), más aplacado y atmosférico. “Guardo recuerdos muy cariñosos de aquel tiempo; el trabajo era duro, pero lo pasamos en grande”, comenta el músico, que entonces compartía sello con MBV, Ride, Slowdive, The Boo Radleys y Primal Scream, entre otros grupos. Luego llegó Oasis y cambió las reglas del juego: el britpop relegó al shoegazing al olvido y, con ello, The Telescopes fueron una de las bandas que desaparecieron. Su factótum relativiza este factor ambiental. “En retrospectiva, pienso que me quemé, por muchas razones. Había compuesto muchas canciones en un período bastante corto de tiempo, las de los dos primeros álbumes y otros temas que podrían haber llenado dos más y que acabé utilizando en EPs. Además, empecé a usar samplers Akai y adquirí mucho interés en secuenciar. The Telescopes se estrellaron y yo me quedé sin recursos, hasta que el software se volvió más accesible a finales de los noventa y fui capaz de seguir con mi inspiración. Si escuchas el EP de rarezas en thetelescopes.bandcamp.com –se refiere a “Rare Studio Out Takes. 1990-93” (Autoeditado, 2013)–, ahí fue donde lo dejé en 1994, pero sobre la misma época conocí a Randall Nieman de Füxa y colaboré en algunos de sus discos. La música que hicimos juntos me inspiró para volver donde lo había dejado con The Telescopes y empezar a pensar en hacer otro álbum”“Third Wave” (Double Agent, 2002)–. Desde entonces, ha seguido grabando con cierta regularidad. Seis discos más llegaron hasta el reciente “As Light Return” (Tapete-Gran Sol, 2017), y hay otro ya finalizado, según él mismo confirma. “Será diferente a los dos últimos. Lo compuse, toqué, produje y arreglé todo yo mismo”.

 
THE TELESCOPES, Más allá de la visión natural

Utiliza todo tipo de objetos que tenga a mano: “Cualquier cosa puede ser un instrumento. Todo puede ser usado musicalmente”. Foto: Carlo Emme

 

Otra de las peculiaridades de The Telescopes es que, como se puede desprender fácilmente de lo leído hasta el momento, nunca ha sido un grupo estable. “En lo que se refiere al formato de directo, son casi siempre las circunstancias las que dictan cómo van a ir las cosas, dependiendo de quién está disponible y del presupuesto que tengamos. Hasta cierto punto, lo mismo se puede aplicar a las grabaciones. No es una decisión consciente que las cosas fluctúen; se trata más bien de una situación en la que encuentras la mejor manera de trabajar con lo que se ponga a tiro”. En sus dos últimos álbumes, de hecho (el anterior es “Hidden Fields”, publicado por Tapete en 2015), ha utilizado como banda de acompañamiento a los escoceses St Deluxe. “No tocamos juntos en directo tanto como nos gustaría, ya que ellos están comprometidos con su propia música. La mayor parte de los conciertos ahora los hago con John Lynch a la batería y Dave Gryphon al bajo, y los guitarristas van cambiando. También grabo y toco en vivo con miembros de LSD And The Search For God, de California, y Flavor Crystals, de Minnesota, y a veces con un híbrido de ambas bandas”.

“Creo que la inspiración en sí misma es esquizofrénica y caótica, y esa es la naturaleza de The Telescopes. Es una casa con muchas habitaciones. El espíritu unificador es la intención de crear una experiencia de escucha que llegue más allá de la esfera de la visión natural. Lo que salga de los altavoces es la principal prioridad”
(Stephen Lawrie)

¿Esa inestabilidad e imprevisibilidad le resultan más adecuadas para encontrar la inspiración de modo menos acomodado? “Creo que la inspiración en sí misma es esquizofrénica y caótica, y esa es la naturaleza de The Telescopes. Es una casa con muchas habitaciones. El espíritu unificador es la intención de crear una experiencia de escucha que llegue más allá de la esfera de la visión natural. Lo que salga de los altavoces es la principal prioridad”, sostiene Lawrie, una de esas personas que persiguen que su música sea una forma de arte, “como cuadros o películas creadas en el sonido”. De hecho, en este milenio ha alternado trabajos más orientados al formato canción con otros más tendentes a la improvisación ruidista, para lo que utiliza todo tipo de objetos que tenga a mano. “Cualquier cosa puede ser un instrumento. Todo puede ser usado musicalmente”, concede él.

A partir del 31 de octubre, The Telescopes ofrecerán una gira por seis ciudades españolas. Afirma su líder que en esos conciertos habrá “música del pasado, el presente y el futuro” de la banda, pero no puedo evitar recordarle su primer concierto en Madrid. Fue muy tardío, el 9 de mayo de 2012, en la sala Boite. Finalizaba mi crítica para Rockdelux escribiendo: “Supongo que los que se marcharon utilizando la palabra ‘timo’ buscaban el confort de una recreación más o menos estandarizada de sus temas más conocidos. A mí, en cambio, la sensación de confusión generada me resultó mucho más creíble: arte desafiante por encima del comercio y una forma visceral y no pactada de reaccionar contra el tiempo en que vivimos. Al principio, el rock independiente era esto”. Lawrie: “Recuerdo que hicimos un set completamente improvisado. No buscaba de modo intencionado crear ningún conflicto interior en nadie; simplemente era donde se encontraba mi inspiración en aquel momento. Fue la primera y única vez que tocamos con aquella formación (que incluía, por cierto, al catalán Arnau Obiols, también miembro de TV Personalities), una apuesta que no sabíamos si funcionaría o no en una época de transición para The Telescopes, ya que estaba evolucionando desde la improvisación pura y comenzando a escribir canciones con un sonido más de banda en la cabeza”.

Una recapitulación final: “The Telescopes vendieron más discos en los noventa que ahora, pero diría que su música ha llegado a más gente hoy que entonces, cuando solo había una gira y unas pocas fechas en festivales fuera del Reino Unido. Ahora recibo constantes invitaciones desde todo el mundo. También he podido escuchar bastantes versiones de mis canciones en los últimos veinte años, y muchas de las nuevas bandas que conozco me dicen que The Telescopes han sido una influencia para ellos”, celebra Lawrie.

 

CUATRO DÉCADAS TELESCÓPICAS

THE TELESCOPES, Más allá de la visión natural

“Taste”
(What Goes On, 1989)

“Alternative. Catharsis. Chaos. Magick. Drone. Free. Indie rock. Noise. Noise rock. Psych. Shoegaze. Space rock. United Kingdom”. Son las etiquetas que utiliza Stephen Lawrie en su página de Bandcamp y lo definen plenamente. En el año de “Doolittle” (Pixies), “Automatic” (The Jesus And Mary Chain) y “Playing With Fire” (Spacemen 3), penetraban con cinco caretos en portada y la fuerza de canciones como “Violence” o “The Perfect Needle”.

THE TELESCOPES, Más allá de la visión natural

“The Telescopes”
(Creation, 1992)

Precedido por varios estupendos EPs intermedios, en la cubierta –en su reedición de 2004 en Rev-Ola, bautizada como “#Untitled Second”– pasan a ser dos (el rostro femenino es el de la guitarrista y vocalista Joanna Doran), pero en la producción juega un papel importante Guy Fixsen, de Laika (Margaret Fiedler toca un chelo también). Vuelta de tuerca inesperada hacia sonidos más orgánicos y calmados en plena edad dorada del shoegazing.

 
THE TELESCOPES, Más allá de la visión natural

“Third Wave”
(Double Agent, 2002)

Llega tras siete años de silencio oficiales, que no oficiosos. Lawrie se dedica a experimentar con la electrónica, colabora con Füxa, y regresa, de nuevo con la complicidad de Joanna Doran, transformado en un arquitecto sonoro en busca de paisajes más extraños y abruptos, de una belleza más abstracta. En plena era dorada del post-rock, creó sus pos-Telescopes, como siempre, mirando el espíritu de los tiempos de medio lado, desde una esquina en penumbra.

THE TELESCOPES, Más allá de la visión natural

“As Light Return”
(Tapete-Gran Sol, 2017)

Se puede entender que su etapa del siglo XXI, más regular a la vez que prolífica y estilísticamente caótica, culmina con “Hidden Fields” (2015), primer trabajo con Tapete, que los vuelve a situar de modo menos esquivo en el ojo público y, además, los acerca de nuevo a la canción pop. Su noveno álbum, sin embargo, rompe con eso y se convierte en un exabrupto de noise oscurantista: solo cinco temas culminados con los catorce minutos abrasivos de “Handful Of Ashes”.

 
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