Tattersall, compositor, cantante y guitarra de la banda, creció junto al bajista, Franic Rozycki, en una minúscula localidad de Leicestershire, en el centro de Inglaterra. “Se llama Wymeswold. Allí no había nada que hacer ni ningún lugar adonde ir, salvo tocar música con otros adolescentes. Hacer ruido, a falta de otra cosa”. The Wave Pictures lucen 25 años per capita. El cabecilla vive en Londres. Estudió antes cuatro cursos de Sociología en Escocia, mientras que Franic conoció al actual batería, Jonny ‘Huddersfield’ Helm, en las aulas de la Escuela de Arte de Cardiff, en Gales. Para entonces, el grupo acumulaba un lustro de vida y había visto pasar las baquetas por varias manos.
Helm, el más callado de un trío de apariencia anodina, suele ser víctima de las bromas de sus compañeros. Ellos le pusieron el apodo por su lugar de origen, Huddersfield, en Yorkshire. “Es el único que rebosa orgullo por su ciudad natal, algo muy típico del norte de Inglaterra”. No acaban ahí los dardos cariñosos para el percusionista. David desvela entre risas por qué en “Just Like A Drummer”, uno de los cortes del álbum, habla de la forma de dormir de los baterías: “Jonny es capaz de quedarse sobado de pie en un aeropuerto. Y eso también lo he visto en otros de los que se sientan tras el bombo”.
“Just Like A Drummer” también presta nombre al nuevo EP de la banda –editado por Moshi Moshi–, completado con cinco canciones inéditas. “Provienen de las sesiones del disco. Solemos tener el doble de las estrictamente necesarias. Y estas nos parecían tan buenas como las trece de ‘Instant Coffee Baby’”. Si The Wave Pictures suenan a frescura pop y sencillez rock, a letras chispeantes y creíbles, uno de los cortes del EP, “God Bless The Reverend Gary Davis”, desvía la conversación hacia otros sonidos.
“Me encanta desde niño la música negra norteamericana”, revela Tattersall. A los seis años, el futuro capo de The Wave Pictures vibraba con la obra del Reverendo Davis, mito ciego de la guitarra blues. “Escucharlo me llevó a tocar. Aprendí a pulsar la acústica con sus temas. La atracción por componer y el deseo de estar en una banda vinieron bastante más tarde. Mi padre atesoraba una pequeña colección de discos muy sabrosa. Tenía música clásica, que nunca me interesó. Y había montones de blues, mi primer amor. Blind Willie McTell, John Lee Hooker..., también el rhythm’n’blues de Bo Diddley. Suyo era el primer disco que compré. Nunca he llegado a ser un buen guitarrista de blues. Y al descubrir a The Rolling Stones, Dick Dale, Television, The Velvet Underground y Jonathan Richman, mi música enfiló otros derroteros. Aunque no descarto los del blues algún día, porque la música que amas de niño permanece contigo”.