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THE WEEKND, Con amor y sordidez

Abel Tesfaye, el hombre que se esconde detrás de The Weeknd: amor sucio.

 
 

ARTÍCULO (2012)

THE WEEKND Con amor y sordidez

Entre el 21 de marzo y el 21 de diciembre de 2011, tres mixtapes liberadas gratuitamente en la red impactaron en la línea de flotación del R&B, probablemente el género más conservador y necesitado de una buena sacudida. El culpable fue Abel Tesfaye, alias The Weeknd, un talento brillante y oscuro apenas salido de la adolescencia, armado con la voz más dulce y dispuesto a rimar los versos más mezquinos. Ruben Pujol nos lo presentó en este artículo.

¿Qué sabe Abel Tesfaye sobre la vida, sobre el dolor, el sentimiento de culpa, las expectativas frustradas o las puñaladas del amor a sus 21 años? ¿Quién le ha dado autoridad para saltarse protocolos y pactos no escritos y poner patas arriba el tranquilo y apacible mundillo del R&B, y de paso desvelar con sus tórridas historias la imaginación del lánguido público indie? Es más: ¿quién demonios es el hombre que se esconde detrás de The Weeknd?

Pocas son las personas que pueden contestar a esa pregunta, y quienes pueden hacerlo prefieren preservar el misterio. Del propio Tesfaye apenas se han visto el puñado de fotografías de tono sombrío y existencialista que sube con regularidad a su Tumblr, y alguna que otra instantánea tomada en un par de apariciones como voz invitada en conciertos de Drake, estrella que ejerce casi como mentor del esquivo cantante. Tesfaye, de quien sabemos que cumplirá 22 años este mes y que nació cerca de Toronto de padres etíopes, no concede entrevistas –las declina muy educadamente, eso sí– y apenas se comunica con el mundo a través de escuetos mensajes desde Twitter.

El aura de misterio siempre proporciona buenos réditos en la construcción de un personaje, pero seguramente aún resulte más útil en un contexto de sobreexposición de información como el actual. Trabajando al margen de la industria –no sabemos si por vocación o por necesidad–, Tesfaye ha sabido aprovecharse de las plataformas y vacíos legales de internet para hacerse un nombre con su trilogía de mixtapes autoeditadas y de descarga gratuita al mismo tiempo que mantiene hábilmente cerradas las puertas de su privacidad. Es posible que dicha política de relaciones públicas haya sido prediseñada para alimentar la bestia mediática con el alpiste del secretismo y el misterio, pero, más allá de peregrinas estrategias, el proyecto de Tesfaye transporta algo inquietante, aquello que la mayoría prefiere esconder y muchos de nosotros preferiríamos no saber.

Porque la revolución de The Weeknd no es musical. No solamente, al menos. A pesar de poder presumir de unas producciones excelentes en las que colaboran Doc McKinney e Illangelo y que aportan una paleta sombría al catálogo del género, su valor principal no reside en cierta innovación sonora. Desde Timbaland hasta Pharrell Williams, pasando por R. Kelly, The-Dream, la misma Beyoncé o cualquiera de las más rutilantes –bling-bling– estrellas del negocio, hace años que los productores y cantantes el R&B consiguen superarse disco a disco en complejidad y fastuosidad. Si algo se le reprocha al R&B más o menos mainstream no es su capacidad para expandir su sonido y absorber nuevas vías en lo musical, sino el haberse instalado en un discurso acomodado y redundante.

 
THE WEEKND, Con amor y sordidez

La narrativa cargada de pornografía emocional de The Weeknd es, sin duda, más subversiva que su estética.

 

El impacto que ha supuesto la irrupción de The Weeknd en el panorama musical no solo del R&B, sino de la música popular en general, hay que buscarlo en su posicionamiento (in)moral, en el contenido más que en la forma. La narrativa cargada de pornografía emocional de The Weeknd es, sin duda, más subversiva que su estética, y supone una especie de reverso oscuro de todo aquello que el R&B ha representado tradicionalmente en el imaginario del público. The Weeknd es la perversión del R&B, el paroxismo de un género que evolucionó del soul con trasfondo tanto romántico como reivindicativo de los sesenta para rendirse al hedonismo y el consumismo.

Pero The Weeknd no es la salvación del alma del R&B. No es la conciencia dando palmaditas en el hombro del R&B para señalarle el buen camino. Al contrario: Abel Tesfaye es la agria lucidez de la mala conciencia, la honestidad incómoda de quien no puede resistirse a la perdición, pero no está dispuesto a engañarse a sí mismo. Así, allí donde el cantante masculino prototípico del R&B se muestra como un amante solícito y dulce armado con un taimado falsete, Tesfaye usa ese mismo arsenal de seductor, mas no busca recrearse en sus conquistas y no esquiva el sentimiento de culpa. Porque lo volverá a hacer. Habla a las claras y sin el regodeo infantil del gangsta rap de la dependencia de las drogas –marihuana, codeína, cocaína– y el alcohol para relacionarse y soportar el vacío existencial de las noches de fiesta, así como de las consecuencias que todo ello deja en el after party. Pero, a pesar de todo, lo volverá a hacer.

Aunque no se organiza como un relato cronológico, la progresión narrativa y emocional de los tres discos de The Weeknd puede apreciarse en el crescendo cromático de las portadas. “House Of Balloons”, aparecida en marzo del año pasado, es un primer retrato en blanco y negro que nos advierte desde la primera canción que para iniciar este recorrido lo mejor es que uno acuda al auxilio de las sustancias químicas. Como hiciera Kanye West en “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” (2010), Tesfaye y sus colegas en la producción demuestran un buen conocimiento de otros estilos musicales, y recurren en busca de samples a canciones de Beach House –“Gila” en “Loft Music” y “Master Of None” en “The Party & The After Party”–, Siouxsie And The Banshees –“Happy House” en “House Of Balloons / Glass Table Girls”– y Cocteau Twins –“Cherry Coloured Funk” en “The Knowing”–.

 
THE WEEKND, Con amor y sordidez

Recorrido cercano al realismo sucio por el lado salvaje de los sentimientos, del sexo como adicción y las adicciones como tabla de salvación.

 

En cambio, la paleta de colores vivos que introduce “Thursday”, publicada en agosto del mismo año, actúa como un espejismo saturado de las posibilidades que ofrece la noche, y que inevitablemente desembocan en la decepción y el desengaño. De nuevo encontramos a Tesfaye tratando de convencer –se diría que casi coaccionar– a una chica para que se abandone a él. Por último, la más reciente (editada en diciembre de 2011) “Echoes Of Silence” acaba en unos tonos de color rojo sangre, acercándose paulatinamente al fundido a negro que es la soledad y el vacío que queda cuando se hace el silencio después del ruido que todo lo tapa. Tesfaye se muestra aquí más vulnerable que nunca, prácticamente suplicando compañía para no pasar la noche solo. Y no hablamos únicamente del tema “D.D.”, su versión de “Dirty Diana”, sino también de un uso más versátil de la voz en el que la sombra trágica de Michael Jackson sobrevuela la última entrega de esta trilogía de R&B sórdido.

Usualmente, las obras conceptuales, y más si han sido concebidas como una trilogía extensa y compleja, son el fruto de la madurez de un artista. Con apenas 21 años, sin anunciar su plan a bombo y platillo, sin grandes prolegómenos ni campañas en los medios y en apenas nueve meses, Abel Tesfaye ha ido entregando las tres mixtapes que forman su precoz trayectoria con asombrosa puntualidad. Y aunque se puede argumentar que el R&B es un género esencialmente conceptual, casi monotemáticamente dedicado a describir los altos y bajos de las relaciones románticas, el enfoque de Tesfaye puede interpretarse como un recorrido cercano al realismo sucio por el lado salvaje de los sentimientos, del sexo como adicción y de las adicciones como tabla de salvación. Una visita a las salas privadas de las discotecas, los clubes de striptease y los callejones traseros donde tienen lugar los actos sórdidos que el R&B se empeña en edulcorar. The Weeknd nos guiará por los diferentes círculos de este viaje, desde el paraíso de la serotonina al infierno de nuestra propia imagen a la mañana siguiente frente al espejo, con la resaca y los remordimientos ocupando el lugar del estímulo artificial.

Para este 2012, The Weeknd ha anunciado la publicación de la trilogía remasterizada y unificada y, además, Tesfaye deberá defender su música por primera vez ante grandes audiencias como parte del cartel del festival Coachella. Pero, sobre todo, y después de un debut triple tan ambicioso y celebrado, The Weeknd deberá buscar la manera de confirmar su talento y su determinación por subvertir el género del R&B sin agotar sus brillantes recursos estilísticos ni secar el filón de su oscura narrativa.

 

En solitario, pero no solo

Aunque tal vez sea el más llamativo y radical de todos ellos, The Weeknd es tan solo uno más de una avanzadilla de artistas cuyo trabajo ha acercado el R&B al público indie, tradicionalmente refractario a un estilo imbuido de glamour afectado. Desde las bases que Jamie xx cocina para The xx y que le llevaron a colaborar con el difunto Gil Scott-Heron hasta la vitamínica Janelle Monáe, la introspección de crooner electrónico de James Blake o los trabajos de Blood Orange, How To Dress Well y Frank Ocean, es posible identificar un reducido grupo que ha recuperado algunos de los parámetros del R&B y los ha llevado a un terreno de mayor riesgo artístico.

Como es de esperar, la irrupción de esta nueva escuela del R&B ha sido recibida con recelo por el establishment imperante en el género. Así, y con voluntad innegablemente despectiva, a este grupo de artistas se les ha colgado la etiqueta de PBR&B, en referencia a la cerveza Pabst Blue Ribbon, la preferida de las comunidades white trash de Estados Unidos, y que, en una irónica pirueta posmoderna, se ha convertido en la bebida hipster por excelencia.

Cercano a estos artistas, pero mucho más vinculado al viejo orden del R&B y por tanto de momento fuera de esa categoría, se encuentra Drake, quien con tan solo dos trabajos en apenas un par de años, “Thank Me Later” (2010) y “Take Care” (2011), ha ascendido al estatus de estrella indiscutible del panorama y padrino de facto de The Weeknd. Drake supone un paso intermedio entre los Chris Brown o Trey Songz del mainstream y los Abel Tesfaye de los márgenes, convertido al mismo tiempo en un superventas y en artista respetado por crítica y público indie. Como ocurre en el hip hop, alrededor de Drake orbita un nutrido séquito de productores y artistas, y entre ellos uno de los más destacados es The Weeknd, que le devuelve a Drake sus apariciones en “Thursday” colaborando en un par de temas de su “Take Care”.

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