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THE xx, El enigma no existe

La cosmovisión solipsista del gothic pop y la lúbrica urgencia del R&B. Foto: Jon Bergman

 
 

ENTREVISTA (2009)

THE xx El enigma no existe

The xx se confirmaron, por aclamación, como una de las revelaciones de 2009: su debut fue un extraño y seductor artefacto de R&B de color gótico y textura urbana. Pero el brumoso diálogo romántico del cuarteto londinense no respondía a una elaborada ecuación: parecía lo más incorrupto y puro que el pop sintético había dado en años. Ruben Pujol entrevistó entonces a Romy Madley Croft, cuando el magnetismo de The xx empezaba a sumar y sumar fans de una manera implacable.

Este negocio no está cimentado en la verdad empírica, así que puede uno escoger libremente si creer a Romy Madley Croft –guitarra y voz de The xx– cuando afirma, sin que se le interrogue explícitamente sobre ello, que no existe ningún vínculo romántico entre ella y Oliver Sim –bajo y voz–, más allá de una amistad de diecisiete años. “Oliver y yo nos conocimos cuando teníamos tres años, en la guardería. Nuestros padres trabajaban mucho, así que pasábamos mucho tiempo jugando juntos después de la escuela. Luego seguimos juntos durante toda la primaria, el bachillerato e incluso la universidad. Somos nuestros respectivos mejores amigos y nunca, nunca, se nos ocurriría liarnos en una relación sentimental” .

La verdad detrás de “xx” (Young Turks-¡Pop Stock!, 2009)  es irrelevante, porque el disco de debut de la jovencísima banda del sur de Londres –léase “jovencísima” en su acepción ofensiva: los cuatro rondan hoy entre los 19 y los 20 años– está fabricado con materiales mucho más acuciantes: el descubrimiento de la sexualidad y la posibilidad del dolor emocional desde una óptica libre todavía de la corrupción de la experiencia: “Las primeras canciones las escribimos antes de saber lo que era estar enamorados, pero igualmente disponíamos de situaciones reales sobre las que hablar”.

"La idea era dotar al álbum de la sensación de que fluye y que las transiciones entre los temas fueran suaves, como el paso del día a la noche. Por eso la mayoría de las canciones están en el mismo tono"
(Romy Madley Croft)

“A los 16 años mis padres me regalaron una grabadora, y empezamos a escribir canciones, más por divertirnos que por otra cosa, al tiempo que aprendíamos a tocar. Nada serio. Hacíamos versiones muy distorsionadas y ruidosas de Wham! o los Pixies. Hasta que un día nos ofrecieron hacer un concierto, y entonces fue cuando le pedimos a Baria –se refiere a Baria Qureshi, guitarra y teclados– que se nos uniera. Fuimos un trío durante seis meses o un año, haciendo conciertos con bases pregrabadas, aunque queríamos sonar más fluidos y espontáneos, y entonces fue cuando Jamie –habla de Jamie Smith, beats y samplers– se incorporó”. El pop, entendido como la hábil conjugación de música y letra, opera en nosotros a través del mecanismo de la identificación. Al fin y al cabo, es un relato que nos facilita un interlocutor con el que expresar de manera vicaria nuestras propias sensaciones y experiencias, o bien imaginar otras nuevas. A diferencia de otros dúos célebres, como Serge Gainsbourg y Jane Birkin o Lee Hazlewood y Nancy Sinatra, las réplicas de Oliver Sim y Romy Madley Croft despliegan su diálogo romántico en el ámbito estrictamente íntimo, no hay pigmaliones ni tigresas, sin exhibicionismos, sin otra pornografía que la emocional. Con “xx” y su perfecta yuxtaposición de la cosmovisión solipsista del gothic pop y la lúbrica urgencia del R&B asistimos desde el exterior, como voyeurs, a una intensa, rica y compleja historia de amor y de pérdida de la inocencia. Por mucho que Romy lo niegue.

La crítica coincide de manera unánime en que el vuestro es el debut del año y, sin embargo, no parece un disco de debut. Suena muy cohesivo. ¿Teníais muy claro el sonido que querías conseguir? No podemos decir que supiéramos desde un principio cómo queríamos sonar, que fuera algo premeditado. Ha sido un proceso muy gradual, que iba viniendo a medida que íbamos mejorando como músicos y como cantantes. Lo que siempre tuvimos claro era que queríamos ser capaces de trasladar el sonido de los discos al directo y viceversa. No queríamos disponer capas y capas de arreglos. La idea era dotar al álbum de la sensación de que fluye y conseguir que las transiciones entre los temas fueran suaves, como el paso del día a la noche. Por eso la mayoría de las canciones están en el mismo tono.

 
THE xx, El enigma no existe

Jamie Smith, Baria Qureshi, Romy Madley Croft y Oliver Sim.

Foto: Owen Richards

 


Pero desde luego sabías adónde querías llegar, pues probasteis con diversos productores, como Kwes o Diplo, y en cambio preferisteis producir vosotros mismos el disco. Al principio teníamos mucho interés por trabajar con otra gente y aprender de otros productores. Pero entonces nos fuimos dando cuenta de que, en la mayoría de las canciones, sonábamos más como ellos que como nosotros. Como una interpretación suya de nuestras canciones. No sentimos que fuera una figura que necesariamente tuviéramos que incorporar; nos gustaba lo que ya teníamos y era cuestión de grabarlo y mezclarlo bien. Trabajamos con Diplo en su estudio de Notting Hill durante una semana y fue muy estimulante, aunque él estaba más por el sub-bass, supongo que porque era la época del carnaval. No obstante, creo que, de todos modos, hay cosas en el disco que se las debemos a él.

 Al haber crecido juntos, por fuerza Oliver y tú debéis haber tenido una educación musical muy similar. Es obvio que compartimos muchos gustos, pero sin duda él tiene una inclinación más fuerte por el R&B y el hip hop. Creció escuchando los discos de TLC y de En Vogue de su hermana, mientras que yo crecí con los de Nick Drake y el rock de la colección de mi padre.



“Las voces y las melodías vocales son mucho más interesantes en la música negra que en el indie o en el rock en general”
(Romy Madley Croft)

Uno de los rasgos distintivos en vuestra música es el diálogo que se establece entre tu voz y la de Oliver. ¿Cómo trabajáis el reparto de roles y la química entre vosotros en las canciones? Cuando empezamos a tocar juntos, ninguno de los dos se decidió a adoptar el rol de cantante principal. Nunca habíamos cantado en serio antes, así que simplemente cada uno cantaba las partes que escribía, y así lo hemos hecho desde entonces. Además, el que fuéramos amigos desde tan pequeños no nos ayudaba, nos daba más pudor. Resultaba mucho más fácil al principio, cuando no nos lo tomábamos tan en serio. Fuimos aprendiendo a cantar al mismo tiempo, si bien no ensayamos específicamente la compenetración de las voces o las letras. Nos vamos enseñando lo que escribimos e intentamos estar en el mismo tono. Un referente para nosotros en este sentido han sido The Kills, y la manera en que equilibran el protagonismo de las voces. Sin embargo, dado que cada uno escribe sus propias estrofas, en realidad no estamos cantando el uno para el otro, sino que nos dirigimos a un sujeto exterior. No somos Sonny & Cher.

¿Y la temática de las canciones? El hecho de contar con una voz masculina y otra femenina evoca otros dúos y hace pensar en un contenido de elevado calibre sexual. Yo lo dejaría en que son canciones de amor. Es algo que nos preguntan mucho, pero nuestra intención no era tener un hilo temático, aunque las equis de nuestro nombre puedan hacer pensar en ello. En general, las letras son bastante ambiguas, más bien crípticas, y se prestan a la interpretación.

Otro de los elementos que contribuyen a esa sensación de intimidad son los pequeños silencios que introducís en algunos temas. Casi parecen pausas para tomar aliento. Yo a esos momentos de silencio los llamaría espacios. Cuando empezamos a grabar solo contábamos con una mesa de ocho pistas axial donde teníamos el bajo, las dos guitarras, las dos voces y los teclados... No disponíamos de pistas para introducir más instrumentos o capas, y nos acabó gustando la idea de llevar ese concepto hasta el extremo, dejar que los temas respiren y se puedan distinguir los elementos, que las canciones tengan espacio.

Hay muchas cosas en vosotros, empezando por el nombre, que resultan enigmáticas. Como el hecho de que combinéis una estética oscura y guardéis similitudes con bandas como The Cure y Joy Division y al mismo tiempo con el R&B y el synth pop. Por supuesto, estas bandas que mencionas nos gustan mucho, pero solo ahora, después de haber grabado el disco, me doy cuenta de la conexión. Personalmente, me siento más influenciada por Philip Glass que por Robert Smith. La equis del nombre no tiene connotaciones sexuales ni de otra clase. Usamos la equis más como un marco que como un símbolo, como un logo que sea reconocible y que soporte otras imágenes. En cuanto a nuestra estética, no vamos de uniforme ni mucho menos, solo que, cuando estás mucho tiempo con el mismo grupo de personas, de manera casi accidental acabas adoptando un mismo “look”. Es una manera de camuflarte en el entorno.

¿Y cuál es el elemento que os interesa más del R&B y la música negra? ¿La calidez de sus voces? Desde luego. Las voces y las melodías vocales son mucho más interesantes en la música negra que en el indie o en el rock en general.

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