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TOM ZÉ, Cosquillas en el sobaco del hastío

“En el tropicalismo hubo un poco de segregación porque yo soy nordestino y hablo como tal. Soy ‘caipira’, un campesino. Así que hablo, actúo y tengo una ética campesina. Y por eso fui segregado, no lo dudo”.

Foto: André Conti

 
 

ENTREVISTA (2008)

TOM ZÉ Cosquillas en el sobaco del hastío

Tom Zé, como artista y como personaje, merece más atención. Víctor Lenore, fascinado por el maestro tropicalista, lo entrevistó en 2008, justo antes de su presencia en Gijón para impartir un taller de composición. Discurso visionario entre el delirio y la lucidez, entre el inconformismo y el riesgo. Verbalidad desatada siempre relacionada con el impulso creativo del autor de una música libre que parece llegada del espacio exterior.

Fue uno de los nombres claves del tropicalismo, aunque sus discos y conciertos no sean acogidos por los medios con el mismo despliegue de superlativos que los de otros compañeros del movimiento. Tom Zé nació en 1936 en Bahía (Brasil), pero creció en Irará, población que describe como “un lugar preGutenberg”. Pasó en pocos años de vivir en el agreste medio rural a ser agente activo de la renovación de la música brasileña. La única vez que le he visto en directo, en otoño de 2004, consiguió llenar el Teatro Álbeniz de Madrid de música luminosa usando las estructuras más sencillas del mundo.

“Es una gran inspiración para toda la música que se me ocurre. Sobre todo por los arreglos. Lleva casi cuarenta años sacando canciones muy diferentes entre sí, pero todas unidas a la vez por las ganas de encontrar sonidos y de reírse de su disco anterior, de recuperar formas viejas, de hacer homenajes, de ser Tom Zé o de ser cualquier otro”
(El Guincho)

Tras tanta alegría, me sorprendió leer alguna declaración amarga suya, como esta: “En el tropicalismo hubo un poco de segregación porque yo soy nordestino y hablo como tal. Soy ‘caipira’, un campesino. Así que hablo, actúo y tengo una ética campesina. Y por eso fui segregado, no lo dudo. Existió ese problema: el tropicalismo éramos un grupo de personas y de pronto dejamos de ser un grupo. Me lo dijo en su momento el poeta Augusto de Campos: ‘Quien más tiene en la música popular, más necesita’. Así que, amigo, me enterraron. En el momento del reparto de honras y la división de méritos hicieron como que yo no existía. Tuvo que venir David Byrne para desenterrarme” (diario ‘Clarín’, septiembre de 2004).

Su trayectoria es ecléctica, viva y desconcertante. Ahora disfruta del estatus de músico de culto. Entre sus muchos fans está El Guincho, quien lo describe así: “Es una gran inspiración para toda la música que se me ocurre. Sobre todo por los arreglos. Lleva casi cuarenta años sacando canciones muy diferentes entre sí, pero todas unidas a la vez por las ganas de encontrar sonidos y de reírse de su disco anterior, de recuperar formas viejas, de hacer homenajes, de ser Tom Zé o de ser cualquier otro”.

El músico imparte este mes un taller de composición en el Centro de Arte y Creación Industrial Laboral (Gijón). Junto a él trabajarán diez músicos de aquí, entre ellos Pedro Vigil (Penelope Trip, Edwin Moses), Mar Álvarez (Undershakers, Pauline en la Playa) y Bruno Galindo (periodista, DJ y artista de spoken word). Buen motivo para entrevistarlo. Os dejo con sus cósmicas respuestas a mis preguntas. Veréis que tienden al aforismo:

“Todos los experimentos salen mal, pero degeneran en algo con el tiempo”.

“Hago periodismo cantado. Cuando la sociedad baja la guardia con la que camufla su verdadera cara, yo lo registro con rapidez para dejar constancia”.

“El diario ‘Le Monde’ escribió que en mi música no caben normas ni prohibiciones. No estoy de acuerdo: al contrario, convivo con todas, enfrentándome a ellas con respeto”.

“La desesperación y las deficiencias me colocaron del otro lado de la razón, o de la razón entre comillas. El tropicalismo pasó por allí y me ofreció techo. Al acabar me dejó frente a la esfinge diciéndome a cada paso: crea o te devoro”.

 
TOM ZÉ, Cosquillas en el sobaco del hastío

“Bill Haley me enseñó que Copérnico tenía más razón que Ptolomeo y que la tierra está suelta en el espacio, girando sabe Dios hacia dónde. Lo que sentí al escucharlo fue pavor, emoción estética y astronomía empírica”. Foto: André Conti

 

“Los brasileños han tenido denegado el acceso a España, ese país que amamos, nosotros que somos descendientes de ibéricos. Como tantos descendientes, tengo cara de árabe pobre, lo que ya es una puerta abierta para la discriminación; lo mismo les pasa a algunos músicos de mi banda”.

“El primer instrumento que inventé fue el ‘sampler’, que usé en el escenario en mayo de 1978, antes de ser adoptado por la industria electrónica. El último y más delicado instrumento que he descubierto son intersticios preciosos que la garganta humana está capacitada para ejecutar más allá del canto y de la palabra”.

“El primer instrumento que inventé fue el ‘sampler’, que usé en el escenario en mayo de 1978, antes de ser adoptado por la industria electrónica. El último y más delicado instrumento que he descubierto son intersticios preciosos que la garganta humana está capacitada para ejecutar más allá del canto y de la palabra”

“En mi disco ‘Danç-Êh-Sá’ (2006), la estrategia fue suicidarme y empezar de cero, como si yo no supiese nada sobre música, tartamudeando. Mi trabajo actual se centra en la bossa nova y me hace sentir toda una tradición sobre mis hombros, ya que conmemora los cincuenta años del género. La estrategia que uso se asemeja a las utilizadas por Gerard Manley Hopkins, que él denominaba de ‘inscape’ y de ‘instress’. En la primera, Hopkins aconseja sopesar cada elemento con cuidado hasta percibir que es absolutamente diferente a todos los demás, aunque sea viejo o antiguo. En la segunda, ‘instress’, hay una frase poética que lo define: aquello que nosotros observamos atentamente nos observa atentamente a nosotros”.

“El trabajo del artista es invertir la entropía. Eso quiere decir actuar contra la segunda ley de la termodinámica, que sostiene más o menos lo siguiente: en la energía usada para provocar una acción, cuando se intenta transformar de nuevo esa acción en energía, se verifica permanentemente una gran pérdida de energía. Los lingüistas y lógicos dedujeron que el universo está predestinado a la muerte por indiferencia y que existen dos cosas que luchan contra esa entropía: la vida y el arte. Por eso, invertir la entropía es, sin duda, trabajar para dar energía al verbo de la tribu”.

“La primera canción que escribí fue ‘Maestro Zequinha’, inspirada en alguien cuyo nombre era José Puciano. ¿Puciano es un nombre español o italiano? Él era director de la banda filarmónica de Irará. Ese tema es un chorinho que lleva aires de juego (nota: chorinho es un género musical brasileño que puede traducirse como “pequeño llanto” o “pequeño lamento”). Uno de los principios que me orientan en la vida es hacer cosquillas en el sobaco del hastío”.

“Existe un impulso que escuché por primera vez en Beethoven, confirmando la tonalidad al final de sus piezas, y después con mayor incidencia de contratiempos en Stravinsky, en su ‘Consagración de la primavera’. Pero, en realidad, donde lo sentí con mucha violencia fue en la película ‘Rock Around The Clock’ (1956). Bill Haley me enseñó que Copérnico tenía más razón que Ptolomeo y que la tierra está suelta en el espacio, girando sabe Dios hacia dónde. Lo que sentí al escucharlo fue pavor, emoción estética y astronomía empírica”.

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