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TORTOISE, Las piezas del puzle

Después de veinticinco años de carrera, han redefinido el lenguaje rock infectándolo de dub, jazz, electrónica y minimalismo. 

Foto: Andrew Paynter

 
 

ENTREVISTA (2016)

TORTOISE Las piezas del puzle

Tras un paréntesis de siete años de silencio, el quinteto de Chicago regresó en 2016 con energías renovadas y con “The Catastrophist”, un álbum donde continuaron explorando nuevas vías expresivas más allá de la catalogación genérica y el encorsetamiento. Un John McEntire más locuaz que de costumbre explicó a Eduardo Guillot las claves del último trabajo de una banda con un cuarto de siglo de impecable trayectoria a la espalda.

Vivimos en la era de la velocidad. Sin una presencia continuada en los medios de comunicación y las redes sociales, el riesgo de desaparecer, de hacerse invisible, es mayor que nunca. Puede que sea una de las razones por la que muchas bandas regresan a los escenarios: para evitar el olvido de la historia y recordar que alguna vez formaron parte de ella. Las modas se suceden a tal ritmo que resulta complicado desarrollar trayectorias artísticas largas que se caractericen por los retos y mantengan alto el nivel de interés. Siete años es un período más que suficiente para que el gran público olvide a un grupo. Y, más aún, si nunca ha logrado un éxito masivo. Es el tiempo que ha transcurrido desde que se publicó “Beacons Of Ancestorship” (Thrill Jockey, 2009), el anterior álbum de Tortoise, que ahora presentan “The Catastrophist” (Thrill Jockey-Popstock!, 2016), su séptimo disco oficial, ajenos a la expectación que pueda generar. Después de veinticinco años de carrera, en los que han redefinido el lenguaje rock infectándolo de dub, jazz, electrónica y minimalismo, no tienen que rendir cuentas a nadie.

“Nos vienen muy bien los períodos de descanso que nos tomamos, eso ayuda mucho. Si estuviéramos grabando un disco cada dos años y saliendo constantemente de gira sería más complicado. Trabajamos bien juntos, y los proyectos paralelos contribuyen a preservar la salud mental y la creatividad”
(John McEntire)

Es una ocasión idónea para charlar por teléfono con John McEntire, miembro del grupo prácticamente desde su fundación, además de ingeniero, productor (Soma Studio) y músico polivalente (Gastr Del Sol, The Sea And Cake) a quien, dice la leyenda, no le gustan las entrevistas. “Es cierto, pero no hay razón para preocuparse”, comenta. La curiosidad me empuja a preguntar el motivo. ¿Es porque son aburridas o porque la música de Tortoise no necesita explicaciones? “Diría que un poco de ambas cosas”, contesta riéndose. Parece que se ha roto el hielo.

Eso sí, la conversación se inicia, inevitablemente, con un tópico: siete años es el mayor lapso de tiempo que han dejado pasar entre sus grabaciones. “No existe una razón en particular. Estuvimos girando mucho con el disco anterior, más de lo normal para nosotros, y no hablamos de hacer algo nuevo hasta hace un par de años y medio”. La entente formada por McEntire con Doug McCombs, John Herndon, Dan Bitney y Jeff Parker funciona, precisamente, porque respetan el espacio entre ellos. “Nos vienen muy bien los períodos de descanso que nos tomamos, eso ayuda mucho. Si estuviéramos grabando un disco cada dos años y saliendo constantemente de gira sería más complicado. Trabajamos bien juntos, y los proyectos paralelos contribuyen a preservar la salud mental y la creatividad”. Aunque no afecten a lo que hacen en Tortoise. “No directamente, pero ayudan a mantenerse alerta y estar constantemente barajando ideas, así que a veces algo puede filtrarse, como una reverberación”.

El origen de “The Catastrophist” se remonta a 2010, cuando el grupo de Chicago recibió el encargo institucional de crear una suite relacionada con las comunidades del jazz y la música improvisada. “En aquel momento no sabíamos qué pasaría con los cinco temas que compusimos, al menos en lo que se refiere a que pudieran acabar siendo parte de un disco. Pero, cuando empezamos a trabajar en el nuevo material, era algo que ya teníamos y, por lo tanto, un buen punto de partida; por eso, acabó formando parte del álbum, aunque las composiciones han sufrido muchas transformaciones hasta llegar a su forma definitiva”. Menos incidencia posterior ha tenido otro de los trabajos que los ha mantenido ocupados durante este impasse: la banda sonora que grabaron para “Lovely Molly” (2011), una película de Eduardo Sánchez (“El proyecto de la bruja de Blair”, 1999). 
“El director sabía exactamente lo que quería y dónde colocarlo. Fue un trabajo de estilo, muy específico, así que no ha tenido ninguna influencia; pero fue un proyecto fantástico. Nos encanta componer para el cine, y nos gustaría hacerlo más a menudo”.

 
TORTOISE, Las piezas del puzle

Herndon, Parker, McEntire, McCombs y Bitney: la tortuga autoconsciente.

Foto: Andrew Paynter

 

El nuevo disco incluye una versión de “Rock On”, un tema popularizado por David Essex en 1973 al que han aplicado un singular proceso de deconstrucción. “No hubo ningún motivo especial para escogerlo. Es uno de esos casos en que, por alguna razón inexplicable, todos tenemos una idea de manera simultánea. La canción es estupenda y nos pareció que podía ser un reto interesante hacer algo con ella”. Para cantarla, llamaron a Todd Rittman, de U.S. Maple y Dead Rider. “¿La has escuchado, no? Pues sobran las explicaciones (risas). Es evidente que era la persona perfecta para hacerlo. La idea era alejarnos al máximo de la original, y al ser grandes fans suyos desde hace mucho tiempo, nos pareció una decisión obvia”. 
La otra colaboración estelar corre a cargo de Georgia Hubley (Yo La Tengo), que pone su deliciosa voz al servicio de “Yonder Blue”, aunque inicialmente pensaron en Robert Wyatt. “Barajamos la idea, sí, pero está retirado de la música. Sabíamos que algún día haríamos algo con Georgia, llevábamos bastante tiempo dándole vueltas a la idea, y nos pareció que le podía dar el tono adecuado a la canción. Desde el principio tuvimos claro que era un tema que encajaría con su estilo vocal”.

“Es estupendo viajar y tocar, especialmente cuando pasas tanto tiempo dentro del estudio, como es mi caso. Me gustan las giras, aunque todo tiene que ver con las cosas específicas. Hemos hecho algunas realmente incómodas y otras geniales. Depende de quién es el chófer del autobús, las condiciones del vehículo... Cosas así”
(John McEntire)

Otra cosa es el proceso mediante el que llegan a concretar la forma definitiva de la canción, que a veces es producto de un ensamblaje de diferentes elementos, como si se tratara de un puzle. “Trabajamos juntando piezas. Es algo que nos sucede muy a menudo, de manera muy extraña. ‘Yonder Blue’, por ejemplo, eran dos temas diferentes. Jeff había escrito uno y Dan el otro. El puente es, básicamente, otra canción. No recuerdo qué parte era de quién. Y ‘The Catastrophist’, la que abre el disco, procede de una de las composiciones que hicimos por encargo, excepto por el principio y el final. El origen es un pequeño pasaje que aportó John. Su intención era basar toda la canción en esa idea, pero decidimos incorporarla a un desarrollo más largo y grabar esa nueva versión, bastante alejada de la maqueta que había traído”.

También es la escogida para dar título a un disco de portada perturbadora, ya que muestra la imagen de una cara distorsionada en la que, a diferencia de lo que sucede con las canciones, las piezas no encajan del todo. Una composición extraña que parece aglutinar rasgos de los cinco miembros del grupo, como si simbolizara que todos ellos son uno cuando se sumergen en el mundo de Tortoise. “Sí, es una foto realizada a partir de nuestras caras. Y sí, la idea es exactamente esa. Pertenece a una sesión que hicimos hace dos años. El fotógrafo tuvo la ocurrencia de hacer ese collage y nos pareció que era adecuado para la portada”. El grotesco rostro resultante es una muestra evidente del sentido del humor de la banda. “Sí, yo también lo creo. Está también en nuestra música. A veces tienes que hacer un esfuerzo para encontrarlo, pero definitivamente está ahí, desde luego”.

La publicación de “The Catastrophist” supone el regreso de Tortoise a la rutina habitual de cualquier banda establecida. Y eso significa que 2016 será año de gira. “Así es. Tenemos previsto tocar el nuevo disco prácticamente entero, aunque la verdad es que no hemos hablado mucho de ello todavía. También incluiremos algo de material antiguo. Pero tenemos que ver cómo encaja todo, porque llevamos una temporada bastante larga sin tocar y será interesante volver a centrarse en la dinámica del directo y ver cómo funciona después de tanto tiempo”. A nivel personal, para McEntire será una manera de escapar durante unos meses de la reclusión a la que suele vivir sometido. “Es estupendo viajar y tocar, especialmente cuando pasas tanto tiempo dentro del estudio, como es mi caso. Me gustan las giras, aunque todo tiene que ver con las cosas específicas. Hemos hecho algunas realmente incómodas y otras geniales. Depende de quién es el chófer del autobús, las condiciones del vehículo... Cosas así”.

Al final, y pese a sus reticencias ante el intercambio promocional, no parece haberse sentido demasiado incómodo, y aprovecha la despedida para anunciar que Tortoise estarán en el próximo Primavera Sound. Empieza la cuenta atrás.

 

Proceso autoconsciente

Asociados durante años al término post-rock, Tortoise han vadeado las aguas del krautrock, el jazz, el prog rock y la electrónica hasta lograr convertirse en un género en sí mismos. De ahí que resulte más complicado para ellos meterse en el estudio que para una banda acostumbrada a explotar una y otra vez la misma fórmula. “Entrar a grabar siempre supone un reto para nosotros. De hecho, cada vez lo es más, porque somos una banda instrumental y no tenemos los recursos que te puede proporcionar la presencia de un cantante. También estamos siempre al tanto de no repetirnos en términos de sonido e ideas. El proceso de trabajo en el estudio es siempre una batalla”. Y puede serlo más si los músicos son conscientes de estar explorando nuevas posibilidades en el lenguaje que utilizan. “No estoy seguro de si es nuestro caso. Pero creo que no, que no somos conscientes de ello. Tratamos de hacer encajar las piezas de un rompecabezas cuyo resultado final pueda ser interesante para nosotros a largo plazo, pero no pensamos demasiado en conceptos más grandes”.

Sin embargo, resulta muy tentador tratar de desentrañar el proceso creativo de un grupo que a veces puede sonar matemático (estructuras, ritmos), pero, al mismo tiempo, parece dar rienda suelta a la vertiente más intuitiva de sus componentes. “Es una forma muy interesante de plantearlo. Creo que es bueno que lo sientas así, porque resulta muy curioso que nuestro mayor reto sea siempre encajar todas esas piezas de las que hablaba. Para nosotros ni siquiera es un proceso remotamente intuitivo, porque hay demasiados elementos en juego, pero sí, sucede algo especial cuando funciona”.

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