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TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO, Veneno

“Ten cuidado con lo que te ofrecen”, dicen los Triángulo en una de sus canciones.

Foto: Tamara de la Fuente

 
 

ENTREVISTA (2010)

TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO Veneno

Casi se los comió el éxito de su primer disco, pero sobrevivieron. “Año santo” (2010) fue la resurrección de Triángulo de Amor Bizarro, con reajustes (constantes) en su formación. Media hora escasa de ruido y casquería religiosa en la que no sobró nada. Un disco redondo, venenoso y contundente. Entre dejarlo y seguir, como Bonnie & Clyde, los gallegos escogieron doblar la dosis. Iago Martínez retrató ese glorioso momento de confirmación de una de las células musicales más contundentes de nuestro panorama.

Cómo nos gusta el veneno. Con la de folk pastoral que habita el mundo, no se nos ocurre nada mejor que meter el dedo en Triángulo de Amor Bizarro. Solo digo una cosa: cuidado con “Año santo” (Mushroom Pillow, 2010). “De la monarquía a la criptocracia” es un single perfecto, te atrapa y no te suelta. Es un tiro en la frente. Peor todavía si lo escuchas en el videoclip de Luis Cerveró. Y lo malo es que es solo el primer tema. Si caes, estás perdido. Te vas a comer media hora deliciosa de ruido y casquería religiosa. Un disco redondo, mucho mejor pensado que el primero. Si lo tocas, te puedes cortar: está lleno de astillas. Es mejor que le des al play y no te muevas. Sin que te des cuenta habrá pasado media hora justita y estarás metido hasta las orejas en el fango lautreamontiano del último tema, el que da título al disco. Ríete tú de My Bloody Valentine. O mejor, reza conmigo: “Como un río de agua viva, como un río de agua viva”.

“Queríamos grabarlo en analógico, aunque fuese la última vez que lo hacíamos. Ya casi no queda gente que trabaje de esa manera. La mayoría de los discos se hacen cortando aquí y pegando allí, son frankensteins, monstruos. Este no podía ser igual. Grabando en analógico corres el riesgo de pasarte el resto de tu puta vida escuchando ese plato mal golpeado, pero a cambio ganas mucho”
(Rodrigo Caamaño)

“Año santo” es la resurrección de Triángulo de Amor Bizarro. Literalmente. A los gallegos a punto estuvo de tragárselos el éxito de su primer trabajo. Fue un pelotazo. De repente, aquel comando terrorista que tocaba con capa en los museos se había convertido en un grupo pop. Consiguieron algo inaudito. Convencieron a las clases medias de que llevar navaja siempre es conveniente y nos metieron a todos el miedo en el cuerpo. “Portaos bien, hijos de puta, Jesús os mira desde las alturas”, escupían en “¿Quiénes son los curanderos?”. Una bomba. Lo malo vino después. Mucho tiempo de gira, muchas horas de carretera. El roce hace el cariño, ya se sabe. Julián Ulpiano colgó las baquetas y el futuro de la banda se partió en dos: Rodrigo Caamaño (voz, guitarra) e Isabel Cea (bajo, voz). ¿Seguimos o no?, que cantaría Standstill. “Seguimos”.

Hay dos maneras de verlo. La de Rodrigo (“un grupo es como un matrimonio: tienes que estar muy convencido; si no, se hace muy cuesta arriba”) y la de Isa (“eran demasiado peludos, tenían el lado femenino muy poco desarrollado”). Ahora en serio: los músicos no le duran nada a estos dos. Pierden un componente por disco. “No, no; más”, corrige Rodrigo, “llegamos a ser cinco”. Eso fue hace mucho. Ahora el triángulo vuelve a tener cuatro vértices. Se han sumado Óscar Vilariño (guitarra y teclados) y Rafa Mallo (batería), antes (y ahora también) Vale Tudo, parte de Volonté, exmiembros de Triquinoise. “Nos conocemos desde hace mucho, tenían que ser ellos. Si no se hubiesen venido, no estaríamos aquí”, confiesa Rodrigo. A ver cuánto les duran.

Isa y Rodrigo no muerden. Todo lo contrario: hasta te ponen un vino y algo de picar. Tampoco viven en una sacristía lúgubre, sino en una casita de Abanqueiro, en Boiro (A Coruña), muy cerca de la parroquia donde nació él (Exipto) y a unos trece kilómetros de donde procede ella (Rianxo). Ya no se interrumpen constantemente, han pactado algo o eso parece, pero puede ser que Isa se levante de repente en medio de la conversación para perseguir a su gato por el jardín gritándole como una loca. La primavera le está sentando mal al bicho: ya no distingue a su hermana de las amigas con las que alterna. Los demás se parten de risa. Es increíble que “Año santo” haya salido de un lugar como este. Hay demasiada luz.

Aquí ensayan y desde aquí supervisaron las mezclas del disco, que grabaron con Paco Loco en el Puerto de Santa María. En muy poco tiempo y en analógico. “Tenía que ser así. Queríamos grabarlo en analógico, aunque fuese la última vez que lo hacíamos. Ya casi no queda gente que trabaje de esa manera. La mayoría de los discos se hacen cortando aquí y pegando allí, son frankensteins, monstruos; alucinarías si escuchases las tomas originales. Este no podía ser igual. Grabando en analógico corres el riesgo de pasarte el resto de tu puta vida escuchando ese plato mal golpeado, pero a cambio ganas mucho”, explica Rodrigo mirando para Rafa. El batería se ríe pero asiente: “Paco interviene más de lo que parece. No te dice cómo tienes que hacer las cosas, pero te deja claro lo que piensa. Si está convencido de que hace falta un cambio, te lo va dejando caer. ‘Eso es feo’, te suelta. Muchas veces tiene razón”. Probablemente, si no se hubiese producido así, este disco no sería tan peligroso.

 
TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO, Veneno

Óscar, Rafa, Isa y Rodrigo: temblores pop en el infierno del ruido. Foto: Tamara de la Fuente

 

“Nos hacía falta esa segunda opinión”, añade Isa. “Estamos aquí metidos, casi nunca vemos a nadie, salvo cuando viene algún amigo a un entierro. Nos falta esa distancia, y en eso Paco fue muy importante”. El material, a excepción de “La malicia de las especies protegidas” –antes conocida como “El último lince”–, es todo nuevo. En dos años y medio de silencio les ha dado tiempo a hacer limpieza y engrasar la maquinaria. Las canciones son de los cuatro, insisten. Tanto las que están en el disco como el tema extra con el que salieron del estudio. Demasiado bueno para tirarlo a la basura, demasiado irregular para entrar en el disco: “Rosario” solo se incluye en la edición en vinilo, ya en el mercado. La portada es la misma que la del CD: un diseño desquiciante de Rubén Domínguez y Andrés Magán, otros dos gallegos que tocan en Telephones Rouges y Anenome. Este disco es como las amanitas: tan venenoso por dentro como por fuera.

“Todos los grupos hacen mucha basura, la diferencia es que nosotros la tiramos y otros la meten en sus discos. Somos muy críticos, a la mínima desechamos un tema. Parece que suena bien, pero de repente uno de los cuatro dice que tiene un punto cervecero y ya se jodió. No lo volvemos a tocar”
(Isabel Cea)

 

“Año santo” se acaba enseguida. Está hecho a conciencia: no querían que sobrase nada. “Todos los grupos hacen mucha basura”, matiza Isa, “la diferencia es que nosotros la tiramos y otros la meten en sus discos. Somos muy críticos, a la mínima desechamos un tema. Parece que suena bien, pero de repente uno de los cuatro dice que tiene un punto cervecero y ya se jodió. No lo volvemos a tocar”. Pidieron permiso en su sello para hacer un disco de menos de media hora y se lo dieron. Está lo que tiene que estar y está donde se le espera. Aléjalo del Spotify: hay que escucharlo de principio a fin. Cada vez más oscuro, más perverso, más sucio, hasta que te hundes en la luz cegadora de “Año santo”. Nunca una canción de iglesia había sonado así.

En cuanto empieza “De la monarquía a la criptocracia” te das cuenta de que algo ha cambiado. La voz de Isa ya funcionaba perfectamente en temas como “Isa vs el partido humanista”, pero ahora tiene más peso que en el debut de la banda. ¿Por qué? “Porque me obligan a cantar, aunque yo prefiero tocar solo el bajo”, se defiende. “Dios le da pan a quien no tiene dientes”, se lamenta Rodrigo. Y se vuelven a reír. Ahora todo es más fácil. Siendo tres, llevar el disco al directo era complicado. ¿Quién tocaba los teclados? Con Óscar en el grupo, eso está resuelto. Sobran manos.

La gran virtud de “Triángulo de Amor Bizarro” (Mushroom Pillow, 2007), su primer disco, era la fórmula. Conservaba toda la mala baba del comando terrorista, toda la actitud, pero se podía cantar. Había un esfuerzo de claridad, algo de alquimia pop. “Año santo” es distinto. En algunos temas las voces se ahogan, pasan a un nivel secundario. Parece que el ruido reinase sobre todas las cosas. Rodrigo lo niega (o casi). “Intentamos hacer un disco pop, en serio. Es, de hecho, en lo único que pensábamos: en hacer canciones con estribillo”.

A su manera, lo han conseguido. “Año santo” está lleno de estribillos. Dan miedo, pero se pueden cantar. Otra cosa muy distinta es acordarse de los títulos. Han vuelto a hacerlo: “Amigos del género humano”, “El radar al servicio de los magos”, “Muchos blancos en todos los mapas” y así hasta el final. No intentes recitarlos de memoria, pero tampoco creas que son un capricho. Como mucho, son dadaístas. Como las letras. “Sin ellos, las canciones no se entienden”, dice Rodrigo. “Se los ponemos al final, para completarlas”. En eso no se han movido un milímetro. Son crípticos y se gustan así. Solo han hecho una concesión al público. Le pusieron “Año santo” al disco porque cuando empezaron a componer todo a su alrededor llevaba el apellido “Xacobeo”. Van casi seis meses y la Xunta todavía no les ha llamado para que promocionen el Camino de Santiago. Tal vez no sean la mejor banda sonora para ganarse un sitio en el cielo. Allá cada uno con sus prioridades. Ya lo dice Rodrigo en una de las canciones: “Ten cuidado con lo que te ofrecen”.

 

“Somos gallegos, no hombres del Paleolítico”

Pocas veces un grupo consigue dar el salto. Triángulo de Amor Bizarro es uno de esos casos. De Boiro a Madrid y de ahí a Londres y México. “La tierra prometida”, le llaman. Muchos bolos, muchos discos, mucho cariño de los medios. Es una excepción. Junto con la de Emilio José, una de las pocas en los últimos años. “Galicia está muy lejos de todo”, explica Rodrigo, “y también hay muchos prejuicios por ahí fuera. Somos gallegos, no hombres del Paleolítico”. A diferencia del autor de “Chorando apréndese”, a quien citan entre sus preferidos junto a Telephones Rouges, Franc3s y otro puñado de bandas recientes, Rodrigo e Isa cantan en castellano. Lo han hecho así desde el principio y nunca se han planteado hacer otra cosa. “Quizás eso lo explique todo”, contesta Isa, “si no nos lo hemos planteado será por algo”.

Están solos, lo juran. Pinchan Heredeiros da Crus en la furgoneta porque el equipo de música está hecho trizas y no vale la pena intentar escuchar algo decente, pero no quieren saber nada de aquello que se llamó bravú. No se reconocen en la dicotomía Siniestro Total-Os Resentidos porque tampoco creyeron nunca que en esta vida haya que escoger entre los Beatles y los Rolling Stones. Tampoco están seguros de que hayan dejado descendencia hasta ahora. “Tenemos amigos, no aliados. No hay ninguna escena, ni falta que hace”. Si oyen hablar de Galician Bizarre, no se engañen. Nada que ver con ellos.

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