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VAN DYKE PARKS, ¡Música, maestro!

El genio sin ego.

Foto: Skyler Skjelset

 
 

ENTREVISTA (2012)

VAN DYKE PARKS ¡Música, maestro!

Van Dyke Parks merecería una entrevista al estilo de las de Joaquín Soler Serrano, o tal vez que en un futuro pudiese saltar de aquí con algún tipo de artilugio todavía no inventado y hablar durante horas cada vez que necesitásemos iluminación, se conozca bien su obra o no. Llamarlo un tesoro de la música norteamericana del siglo XX sería incluso demasiado restrictivo. Con motivo de la reedición de sus tres primeros álbumes, tuvo a bien repasar los momentos cruciales de su carrera en los veinticinco minutos mejor aprovechados que Ferran Llauradó recuerda.

Van Dyke Parks. Un maestro. Lo demostró en su actuación en el Primavera Sound de 2010, en el Auditori, solo al piano o junto a miembros de Clare & The Reasons. Es evidente que cada vez que este hombre entrañable y curiosamente elocuente abre la boca para explicarse ilumina un mapa alternativo de la música norteamericana: el romanticismo tropical de Louis M. Gottschalk (¿su álter ego en el siglo XIX?), Broadway, el “Cocktails For Two” (1944) de Spike Jones (el single que lo convirtió en músico, ¿tal vez un precedente de “Heroes And Villains”?), la colonización del sonido del “SMiLE” de Brian Wilson o sus posteriores exploraciones de las músicas de Trinidad. Como dijo Robert Wyatt: “Cuidado, que estamos hablando de un músico de verdad”. Que hable el músico, pues.

“Yo lo que quería era una vida de modesto servicio a los demás, ser desconocido para poder hacer algo de valor. Y a mis 70 años creo que he tenido éxito: nadie me conoce”

 

¿Cuál crees que ha sido tu mayor talento? Creo que ha sido poder sacar lo mejor de quienes me rodeaban; he sido muy afortunado en este sentido.

¿Cómo lo consigues? Lo más importante es no preocuparse por obtener un reconocimiento público de todo lo que haces, saber ser la letra pequeña de las cosas. Sabes, Ferran, mi madre, y no me gusta hablar de mi madre en público, me dijo algo que sigue siendo verdad aunque haga tiempo que no esté con nosotros. Me dijo: “Tu padre y yo nos hemos dado cuenta de que antepones tu jubilación a tu carrera artística”. Yo lo que quería era una vida de modesto servicio a los demás, ser desconocido para poder hacer algo de valor. Y a mis 70 años creo que he tenido éxito: nadie me conoce.

¿Nunca quisiste ser un artista discográfico, ni siquiera después de editar “Song Cycle” (Warner, 1968), tu primer disco en solitario? ¿Te refieres a tocar en directo? Es que eso hubiese significado ser conocido. Harry Nilsson, por ejemplo, el gran artista, nunca tocó en directo. Es verdad que era un gran compositor, un enorme talento, así que podía permitirse quedarse en casa. La manera como yo pude permitirme quedarme en casa fue a través de producir o escribir arreglos para los demás. Así fue como pagaba las facturas cada mes. Convertirme en un artista discográfico, con un mánager y un agente, no era mi mundo.

Sobre tu trabajo como arreglista, me encantó el recopilatorio “Arrangements Volume 1” (Bananastan, 2011). ¿Cuál es exactamente el papel del arreglista en una canción? Ya solamente el hecho de que exista el trabajo de arreglista hace que vea el vaso medio lleno. Lo que sí me sorprende es que toda la atención se concentre en el productor. No sé ni lo que significa esa palabra. No sé lo que hace un productor. Para mí el arreglista es el tipo con suerte del proceso de colaboración.

 
VAN DYKE PARKS, ¡Música, maestro!

1968, en la época de “Song Cycle”: “Cuando salió dijeron que era un álbum conceptual, el primer álbum conceptual. ¡No había ningún concepto! Son todo paparruchas. Era muy personal, eso sí, y se nota”.

Foto: Guy Webster

 

Eres parte del proceso creativo, pero no eres responsable del éxito de la canción. Así es. Creo que el sacrificio, el verdadero coraje, tiene que ver con poner el nombre. Siempre respeto al artista, la obligación que uno tiene con el nombre del artista. Y esto es lo grande... Ya sabes que el “show business” no es más que la celebración del ego. Es como los presidentes, uno no espera que sean modestos. Quieres que hablen de cosas, que tengan un papel principal. Lo bonito de ser arreglista es que es como volar en formación. Despegas, estás en el aire y ves a todas estas otras criaturas aleteando a tu alrededor, y la idea es mantenerse en formación para que nadie se estrelle. Es el mayor placer, es de donde saco la energía, es la razón por que lo hago.

“Es un acto maravilloso, escuchar lo que te dan: todos los problemas, las promesas, la belleza, la tragedia, la comedia... Y no ponerse en medio. Es como cuando el arquitecto termina su trabajo: alguien tiene que decidir cómo va a sostenerse el edificio, y este es básicamente el trabajo del arreglista

¿Qué pides al artista que te encarga unos arreglos? Que me deje tranquilo y me deje escuchar lo que me presenta.

¿Pero deben cumplir algún requisito para que aceptes el trabajo? No, solo que hayan hecho todo lo que podían. Cuando oigo las melodías y las letras me hago una idea, escucho. Es un acto maravilloso, escuchar lo que te dan: todos los problemas, las promesas, la belleza, la tragedia, la comedia... Y no ponerse en medio. Es como cuando el arquitecto termina su trabajo: alguien tiene que decidir cómo va a sostenerse el edificio, y este es básicamente el trabajo del arreglista: el de un ingeniero de estructuras.

Tengo que preguntarte por “SMiLE” de The Beach Boys, cuyas sesiones originales se han editado hace poco. Tengo entendido que te contrataron como letrista, pero terminaste haciendo de todo. Sí, y se nota. Un poco de esto y un poco de aquello... Siendo honesto, lo que me llevé del proceso fue superior a lo que aporté.

¿Qué aprendiste de Brian Wilson? Te diré lo que aprendí de Brian. Porque confirmó lo que ya sabía, pero multiplicándolo por diez. Fue el coraje. Tener el coraje de la convicción. Seguir a lo verdadero. Superar la primera inspiración, el primer impulso, y sacar adelante ese trabajo, con vigor y espíritu, sin cansarse jamás. Eso es lo que aprendí. Y cómo comportarse en el proceso creativo del estudio de grabación. Fue una lección humana, de conducta humana. Todo el mundo habla de las drogas y del colapso psicológico de Brian. Aunque eso no fue lo que yo vi. Lo que vi fue un esfuerzo heroico de un hombre muy joven, más sabio de lo normal para su edad. Supe que tenía que ayudarle en todo lo que pudiera.

 
VAN DYKE PARKS, ¡Música, maestro!

1972, en la época de “Discover America”: “Cuando salió mi segundo álbum, empecé a aprender algunas cosas, e intenté no volver a cometer el error de olvidarme del público en mis exploraciones personales”.

Foto: Ed Trasher

 

Al poco tiempo editaste tu primer disco, “Song Cycle”. ¿Hasta qué punto trasladaste el espíritu de “SMiLE” a esa grabación, en el sentido de componer canciones inusuales, aplicar algunos trucos de estudio...? Muy interesante. Ferran, es muy interesante tu uso de la palabra “trucos”. Desde el punto de vista de la persona que hizo el álbum, no había ningún truco. Fue una lección de supervivencia, esta es la palabra que quiero recalcar. Un truco tiene que ver con algo que es conocido previamente y aplicado. Pero en “Song Cycle” se nota que no tenía...

¿No tenías ni idea? En absoluto. Cuando salió dijeron que era un álbum conceptual, el primer álbum conceptual. ¡No había ningún concepto! Son todo paparruchas. Era muy personal, eso sí, y se nota.

“Era un trago amargo que codifiqué a través de esta perspectiva. Un mensaje serio con un envoltorio entretenido. Quería que todos mis discos fuesen como un dulce para los oídos, que fueran bellos. Eso es lo que quería, porque estábamos en guerra en Vietnam y en Alabama y en guerra contra nuestros líderes. Tenía un pie en la contracultura y otro en la contracontracultura”

 

Empezaste entonces tu relación de amor con la música de Trinidad, de la que surgieron “Discover America” (Warner, 1972) y “Clang Of The Yankee Reaper” (Warner, 1975). ¿Fue una reacción a la falta de reconocimiento de “Song Cycle”? Cuando salió mi segundo álbum, “Discover America”, empecé a aprender algunas cosas, como por ejemplo que fuera había un público escuchando lo que hacía, y que si no era lo suficientemente claro respecto a lo que tenía que decir, me metería en líos. De manera que intenté no volver a cometer el error de olvidarme del público en mis exploraciones personales. Sabía que tenía que comunicar algo, así que decidí hablarle a la mentalidad yanqui. Decidí hacerlo con el lenguaje de los trinitenses, que es musicalmente lo más parecido al “spanglish”. Tiene las inflexiones de Cuba, el ritmo africano y una serie de actitudes que me parecían bellas: la temperatura, lo tropical... Todo ello me iba a ayudar a presentar el reportaje sobre el camino que estaba tomando América. Era un trago amargo que codifiqué a través de esta perspectiva. Un mensaje serio con un envoltorio entretenido. Quería que todos mis discos fuesen como un dulce para los oídos, que fueran bellos. Eso es lo que quería, porque estábamos en guerra en Vietnam y en Alabama y en guerra contra nuestros líderes. Tenía un pie en la contracultura y otro en la contracontracultura.

¿La contracontracultura? Bueno, me refiero a que utilizaba unas herramientas retro. Iba hacia atrás en un momento en que todo el mundo miraba hacia adelante.

Entiendo. Ahora se han reeditado precisamente estos tres discos, en versiones remasterizadas. ¿No estabas satisfecho con las ediciones previas de Rykodisk y Edsel? Hemos tenido que remasterizarlos para quitarles el polvo. Debes tener en cuenta que esta cinta analógica, esto que Ampex inventó en 1948, se conserva con un polímero. Son un montón de limaduras de hierro. Y el cabezal de la cinta está magnetizado. Bueno, eso se llama hierro y el proceso que experimenta el hierro es algo muy interesante...

Se... ¡Se oxida! (risas). Se oxida. Así que me tuve que enfrentar a esa situación y quitarles todo el óxido. Ahora tengo ante mí una música que está ajada por la edad, y que es el vivo retrato de mi padre cuando tiene un mal día. Doy gracias a Dios de que esté disponible ahora que todavía estoy vivo y tocando en directo, intentando salvar mi alma de los fanáticos religiosos y de las disfunciones psicológicas del petróleo y el poder mundial.

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