Desde entonces he medido la talla de los cantautores confesionales con ese listón. Diría que ninguno la ha superado. Desde entonces siempre que hablo de él cuento la anécdota que me explicó Mark Kitcatt, director de su discográfica en España en esos días. Tras un concierto en Madrid, se lo llevó de copas por Malasaña. En la calle de San Andrés, Mark soltó la silla para mirar la hora en el reloj. Cuando se giró había desaparecido. Oyó unos gritos cincuenta metros calle abajo. Había caído rodando y, con un giro habilidoso, había frenado... estampándose contra un coche. Estaba muerto de risa.
Volvió en 1998 al Festival de Blues de Cerdanyola. Y en 2005 actuó en el Primavera Sound. Eran días de springsteenitis aguda. El Boss paseaba “Devils & Dust” y los elogios iban del “es el mejor cantautor de todos los tiempos” al “nadie conmueve tanto en un espacio tan inmenso”. Tonterías. Vic aparcó su silla en el Auditori del Fòrum y ahí no se movió una mosca. Quien no lo viera en directo no se consolará con discos en vivo; no hay. Pero siempre queda internet. (Corren grabaciones hasta de piezas inéditas; como un “Robert Wyatt” dedicado al otro maestro en silla de ruedas).
La última vez que pasó por Barcelona fue en septiembre de 2008. Venía de gira con Elf Power. A la mañana siguiente quedé para hacerle una entrevista no promocional. No hablaríamos de su carrera, sus discos ni sus proyectos, sino sobre su oficio, sobre componer canciones en casa. Se sirvió el desayuno en la cafetería del hotel y nos pusimos a ello.
Descríbeme tu casa. ¿Mi casa?
¿Cómo es? ¿Cuántas estancias tiene? Es una casa preciosa de 1880 que compré a una yonqui. La llamo yonqui, aunque es más una alcohólica y ocasional consumidora de drogas. Quería que me la quedase y se la compré. Ahora tengo un estudio de grabación en el piso de arriba, pero compongo la mayoría de canciones en el porche trasero. O en el delantero.
¿Dos porches? ¿Dos plantas? ¿Qué más tiene? Cocina, sala de estar y... veamos... tres habitaciones. Los techos son de doce pies de altura –3’6 metros– y el suelo es de madera. Y tengo una sala central inmensa con un piano. La casa no tenía segunda planta. La construí yo. El ascensor también lo puse yo. Y, además, tiene un gran patio donde me siento a mirar los pájaros.
¿Siempre has vivido aquí? No. La compré hace nueve años. Antes viví cuatro años en la casa contigua. Y antes, tres años en otra casa de Athens.
¿Cuál es tu lugar favorito para componer? El porche trasero.
¿Mejor que el delantero? Sí, por el delantero pasa gente a todas horas. Saludan, preguntan qué haces y cuando se van has olvidado dónde estabas. ¿Sabes quién era Samuel Coleridge? Compuso un poema muy famoso titulado “Kubla Khan”. Alguien llamó a la puerta cuando lo estaba escribiendo y olvidó por dónde iba. Por eso quedó inacabado. Nunca toco la guitarra en el porche delantero. Ahí solo me siento, fumo un cigarrillo de vez en cuando y pienso. O leo poesía. O el periódico.