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ENTREVISTA (2015)

VINICIO CAPOSSELA En Grecia

Vinicio Capossela, renovador de la tarantela y la canción italiana, se ha labrado un prestigio internacional con su música. En su visita a Barcelona para presentar “Tefteri. El libro de las cuentas pendientes” en el festival Kosmopolis, el 19 de marzo de 2015, nos habló de su inmersión en el rebético, música griega que le fascinó hasta el extremo de escribir un diario/ensayo, protagonizar el documental “Indebito” y grabar el imaginativo disco de tributo “Rebetiko gymnastas”. Ramon Súrio mantuvo con él una charla muy didáctica.

En la entrevista a Vinicio Capossela fue de gran ayuda su editora Valeria Bergalli, quien además de responsable de Minúscula es antropóloga y traductora. Gracias a ella supimos que “coppoloni” puede significar gorra o boina en plural. La palabra forma parte del título del nuevo libro de Capossela, “Il paese dei coppoloni” (2015). Lo muestra satisfecho para, a continuación, explicar que “es una novela picaresca que he tardado diecisiete años en escribir”. La prestigiosa Feltrinelli lo publica en Italia, la misma que editó su primer libro “Non si muore tutte le mattine” (2004).

“El rebético no ha resucitado por la crisis; un diez por ciento de la población griega siempre ha seguido alimentando su tradición. Podríamos decir que es música de culto, pero muy conocida. Los griegos aman su música y siempre la cantan, y el repertorio de rebético, de los años treinta y cuarenta, forma parte del patrimonio nacional. Hubo una época, en los años sesenta y setenta, en la que quizá fuese considerado como algo viejo, pero ahora la juventud se siente atraída por la taberna porque es un lugar donde por diez euros puedes comer, beber y escuchar una música que habla de ti”

Pero Capossela ha venido a hablar del rebético, algo que hace apasionadamente, sin necesidad de interrogarlo demasiado. “Me empecé a interesar por el rebético desde la primera vez que visité una taberna, allá por 1998, en Salónica. Fue por casualidad. Entonces no iba a escuchar música, sino a comer. Sonaba una guitarra y pregunté que era aquello, y me dijeron rebético, un blues cantado en griego. Pero no era blues griego, sino una música extraordinaria, con la pena de un dolor que no se había sufrido inútilmente. Y luego un chico me acercó a la mesa una botella de retsina. De pronto, me sentí conectado con una sociedad secreta. No estaba en Grecia para actuar, sino llevado por mi vocación de ‘alitis’, que es una palabra griega que define a los que vagabundean sin un objetivo preciso. Cuando volví en 2012, todo había cambiado. Se oía hablar mucho de Grecia, pero no por su espléndida música, sino por la troika, la deuda y toda esta gran mentira... ¡Salvar a Grecia! Volvía con el interés de comprobar cómo sonaba noventa años después el rebético, que era una música que había nacido de una crisis –palabra que viene del verbo griego “krinos”, que significa separar, dividir–; de la separación de Grecia del Asia Menor y la pérdida de Esmirna, en el año 1922, que abocó a muchos grecoturcos al exilio, a deambular entre el lumpen de las ciudades portuarias griegas, orgullosos de su música y sus orígenes. Las notas que tomé sirvieron para el libro y también para la película ‘Indebito’. El rebético no ha resucitado por la crisis; un diez por ciento de la población griega siempre ha seguido alimentando su tradición. Podríamos decir que es música de culto, pero muy conocida. Los griegos aman su música y siempre la cantan, y el repertorio de rebético, de los años treinta y cuarenta, forma parte del patrimonio nacional. Hubo una época, en los años sesenta y setenta, en la que quizá fuese considerado como algo viejo, pero ahora la juventud se siente atraída por la taberna porque es un lugar donde por diez euros puedes comer, beber y escuchar una música que habla de ti. Además, taberna se escribe igual en griego, castellano e italiano; es una palabra fundamental del Mediterráneo. En ellas se suelen cantar solo las viejas canciones. Ahora no se pueden escribir y componer como las de aquella época, porque faltan los hombres, músicos que tenían un comportamiento y unos valores que ya no existen. Lo que se conocía como el mangas. Eran canciones escritas por músicos a los que no les interesaban las listas de éxitos, que te decían cosas que iban directas al corazón. Era una verdad que hace que, probablemente por eso, sigan vivas. El mangas era un hombre de honor, con códigos, que se distinguía por su elegancia en el vestir y en la manera bohemia de comportarse. Era el guapo del tango”.

Pero Capossela no pretende hacer en “Tefteri. El libro de las cuentas pendientes” (Minúscula, 2014) una historia del rebético, sino captar la emoción que produce y cómo le afecta el entorno social. Es un diario de dos cuadernos cuyo título, “Tefteri”, hace referencia a las libretas en las que se apuntan las deudas en las tiendas; de ahí la analogía del subtítulo. Las divulgadoras e inspiradas reflexiones del músico italiano son una mezcla de diario personal, lección de historia, estudio semántico y crónica negra de la realidad griega en plena explosión de la crisis; entre el periodismo de investigación y la narración con halo poético.

“Rebetiko μoυ” es la segunda canción del álbum de Capossela “Rebetiko Gymnastas”, disco que el italiano define como: “Un álbum de música portuaria. El alma del rebético unida a la de la morna, la milonga, el tango, el blues, o el duende del flamenco, que en el lenguaje de los rebetes se llama ‘dalkas’, algo así como la bilis negra. Son músicas de la pena, de la esencia, que no le tienen miedo al dolor”.

El álbum “Rebetiko gymnastas” (2012), publicado por su propio sello La Cupa, es un tributo poco ortodoxo que, según confiesa, “llevaba grabado desde 2007. Fue cuando conocí a Manolis Pappos, un gran tocador de buzuki y revitalizador del género. El disco se llama ‘gymnastas’ porque es un ejercicio de rebético, arreglando en este estilo temas míos y versiones. La idea era hacer un álbum de música portuaria. El alma del rebético unida a la de la morna, la milonga, el tango, el blues, o el duende del flamenco, que en el lenguaje de los rebetes se llama ‘dalkas’, algo así como la bilis negra. Son músicas de la pena, de la esencia, que no le tienen miedo al dolor. Etimológicamente, la palabra ‘rebete’ tiene varios significados, como ‘rebelde’ en turco. Aunque el verbo ‘rembore’, que significa fantasear, soñar, está más acorde con el espíritu fumeta de unos músicos muy aficionados al hachís y al narguilé”.

“La música es muy similar a una plegaria cuando se realiza en comunión. Aunque escuchar rebético tiene algo de la militancia política, de reivindicar unas letras y una época irrepetible, por mucho que la actual crisis haga recordarla. Al igual que otras músicas surgidas de subculturas, las letras del rebético reflejan la realidad de los marginados, hablando de alcohol, drogas, prostitución, crimen, exilio, erotismo o muerte”

Capossela, entretenido con el rebético, lleva sin editar nada “nuevo” desde “Marinai, profeti e balene” (La Cupa, 2011), disco concepto que tiene como nexo el mar. Su próximo trabajo, “Canzoni della cupa”, un disco “doble y folk”, estará por completo anclado en la tierra. “Saldrá el próximo octubre. Se trata de un homenaje a la parte umbría de las montañas de la Alta Irpinia, en la Campania, de donde proceden mis padres. Entre los colaboradores figuran el guitarrista toledano Víctor Herrero, Howe Gelb y Los Lobos. Es lógico que esté la banda angelina porque en el disco hay figuras del imaginario popular, como el ‘pumminali’, el legendario licántropo u hombre lobo, o la niña de la Cupa, que aparece en un sendero muy oscuro del municipio de Calitri, situado en la parte meridional de los Apeninos, lo que se conoce como el hueso de Italia. También hago versiones de temas tradicionales y participa la cantautora y etnomusicóloga Giovanna Marini, nuestra Pete Seeger”.

La pasión de Capossela por la música de su tierra lo ha llevado a actuar con la Banda della Posta, formada por músicos veteranos que amenizaron la boda de sus padres; también a debutar como productor en “Primo ballo” (La Cupa, 2013), un disco anunciado como Vinicio Capossela presenta Banda della Posta, en el que recrean desde el pasodoble “España cañí” hasta la serenata “Aprite la finestra”, pasando por estilos como mazurka, polka, vals, tango, tarantela, cuadrilla y foxtrot, con toques de la guitarra surfera de su estrecho colaborador Alessandro “Asso” Stefana.

La situación actual de Grecia preocupa a Capossela, que tiene claro que “Syriza es su última oportunidad. Si fracasan, temo la ascensión de Amanecer Dorado”. Su libro habla del miedo que produce el nuevo fascismo y también es un canto a lo griego como parte esencial de nuestra cultura. Preguntado por si Alexis Zorba sería una especie de rebete, descubrimos que es un gran fan del escritor Nikos Kazantzakis. “Es un gigante de la literatura griega, y no solo por su gran personaje de ‘Zorba, el griego’; también por su recreación poética en 33.333 versos de la ‘Odisea’ de Homero. Fue comunista, pero sus angustiosas preocupaciones existenciales lo llevaron a escribir ‘La última tentación de Cristo’, algo que le valió la excomunión por parte de la iglesia ortodoxa, que hasta impidió que fuera enterrado en un cementerio griego”.

La ilustración de la portada de “Rebetiko gymnastas” es obra del dibujante francés David Prudhomme, autor de la novela gráfica “Rebétiko. La mala hierba” (Sins Entido, 2010), un cómic que fascina a Capossela porque visualiza a la perfección, con sus colores terrosos y las atmósferas oscuras de las tabernas y los fumaderos de hachís, el ambiente que se vivía en la Atenas de los años treinta, cuando el dictador Metaxás imponía su censura. “La precisión del dibujante y su amor por el rebético”, puntualiza, “lo llevan a reproducir con fidelidad la estética de los mangas y las grandes figuras del género, los protagonistas de su historia, como el gran Márkos Vamvakáris y los músicos del legendario Piraeus Quartet. También se inventa el personaje de Stavros, cuyos rasgos físicos son los de Yannis Papaioannou, otro grande del rebético”. Las imágenes de estos músicos cuelgan de las paredes de las tabernas, convertidas en iglesias de un culto secular. Y es que, según Capossela, “la música es muy similar a una plegaria cuando se realiza en comunión. Aunque escuchar rebético tiene algo de la militancia política, de reivindicar unas letras y una época irrepetible, por mucho que la actual crisis haga recordarla. Al igual que otras músicas surgidas de subculturas, las letras del rebético reflejan la realidad de los marginados, hablando de alcohol, drogas, prostitución, crimen, exilio, erotismo o muerte”.

 

Recital en Kosmopolis

Vinicio Capossela vino al festival Kosmopolis de Barcelona a presentar su libro. Fue en un recital en el que estuvo acompañado por la editora Valeria Bergalli y el guitarrista y cantante griego Dimitris Mistakidis. En el festival también se proyectó “Indebito”, que ya se había podido ver en diciembre de 2013 en La Pedrera, en la inauguración de la Mostra de Cinema Italià de Barcelona, con la presencia de Capossela y su gurú en el rebético, Manolis Pappos.

En esta ocasión, primero conversó con su editora para luego cederle el protagonismo en la lectura de unos párrafos, seleccionados para la ocasión, que se fueron alternando con improvisaciones y temas de rebético interpretados por Mistakidis. Tras aplaudir desde la sombra, Capossela se unió a la fiesta, primero con su inseparable baglama, propiciando el momento culminante de la velada con la versión de “Átatki”. La canción sonó como colofón a la lectura de su homenaje a la cantante Keti Dali. “En el calor de junio Keti Dali está ilocalizable. Vive sola, como una diva. Es microfóbica, de modo que lleva siempre guantes... No quiere contaminarse. Destina toda la virulencia del alma a la incorporeidad de la música. No siente terror de los microbios mientras desencadena seísmos de sentimiento con su voz de peso pesado... Es hombre y también mujer. Como se contaba de las hienas en los bestiarios medievales, vive seis meses como macho y seis como hembra... En los hoteles esconde el documento de identidad. No quiere desvelar el misterio de su edad, como una esfinge de piedra y labios pintados y pelo oxigenado. Chavela Vargas, Jimmy Scott y Patty Pravo. La buscamos, la imaginamos tras la sombra de las persianas ligeras indagando el futuro en los posos del café, como las kafetzudes de la canción ‘Átakti’ de Vamvakáris, el patriarca”.*

Posteriormente, sentado frente a un piano de pared, Capossela remató la faena como protagonista recordando algunas canciones de su álbum de rebético, como su propia “Contratto per Karelias” o el bolero “Canción de las simples cosas”, en homenaje a Chavela Vargas, antes de abogar por su gran sueño de Europa; una unión de culturas, que no de bancos, en la que la rumba fuese de la mano del rebético, un estilo unido al sentido trágico de la vida, tal como refleja otro momento álgido del libro leído aquella noche en Kosmopolis. “Sí, esta presencia de la muerte, esta conciencia de la muerte que está en el fondo de la euforia, en el fondo de la música, de la vida cuando más ferozmente la aferramos, eso es lo más rebelde que tiene el rebético y muchas músicas portuarias. Quizá porque quienes las interpretan están acostumbrados a sentir la vida de ese modo, al borde de una partida, y por tanto pronta a desvanecerse. ‘Yasas mortes’, pues, que muera la muerte, y cuando llegue mejor que estés hecho una ruina, de modo que no quede nada para ella”.**

* y ** Vinicio Capossela, “Tefteri. El libro de las cuentas pendientes”. Traducción del italiano de Miquel Izquierdo. Editorial Minúscula, 2014. (Pág. 112) y (Págs. 160-161)

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