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WEYES BLOOD, Un trono para la dama

Espíritu (y voz) libre.
Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2016)

WEYES BLOOD Un trono para la dama

Viajera errante, multinstrumentista y efímera herbolaria, Natalie Mering se curtió la pasada década en la escena noise como bajista de Jackie-O Motherfucker y como parte de Ariel Pink’s Haunted Graffiti. Valiéndose de su portentosa voz, culminó su desarrollo como solista en el último lustro con un distinguido y atemporal tercer LP que sonó a tabla de salvación folk para tiempos apocalípticos. Álvaro García Montoliu la entrevistó en Barcelona antes de su concierto en la sala Sidecar.

¿Qué tienen en común las rupturas amorosas con la conciencia sobre el cambio climático? “Tratar de entender el planeta en su colosal magnificencia no es fácil para un ser humano que lo experimenta todo subjetiva y antropomórficamente. Mucha gente no se siente conectada con la naturaleza porque la ve como una amenaza a su supervivencia, así que hay que trasladar al planeta el amor que tenemos por otras personas”, sostiene Natalie Mering, alma de Weyes Blood, en un discurso que es tan claro como su música –tradicional y contemporánea a la vez– y cuyo pico creativo se sitúa en “Front Row Seat To Earth” (Mexican Summer-Popstock!, 2016), su reciente tercer álbum. Ese evocador título tiene una explicación, pues lo usa como un simbolismo para referirse a nuestra realidad, “resguardados a salvo detrás de pantallas”. “Observamos el planeta y sus eventos globales, pero no los vivimos al completo. Para los que somos de un país del primer mundo, es como estar sentados en primera fila”, añade.

“Mis padres eran seculares y cristianos renacidos. Eso es quizá lo que más me interesó de sus creencias: el hecho de que tienen recuerdos de haber vivido en este mundo en el pasado. Aprendí a ser más abierta con los reinos espirituales y que hay personas que necesitan ese tipo de sensibilidad, porque no todo el mundo puede ser feliz a un nivel completamente ateo”
(Natalie Mering)

Además de gran observadora y naturalista, Mering es una colosal baladista que –aunque admite que no es pesimista en el amor– cree que el hecho de que en sus canciones sus amantes sean derrotistas tiene que ver más con cómo decidimos recordar esas experiencias. “Mi manera favorita de explicarlo es citar ‘Nature Boy’ de Nat King Cole: ‘The greatest thing you’ll ever learn / Is just to love and be loved in return’. Habla de que siempre queremos lo que no podemos tener, o que cuando conseguimos algo pensamos que no es lo que queremos. El verdadero arte es equilibrar el amor que sientes por alguien con la aceptación del amor que sienten por ti. Es como montar en un monociclo, no es fácil”.

Sobre su comentada deconstrucción del aforismo YOLO (“you only live once”) en “Generation Why”, comenta que, aunque sí se trata de una observación sobre esta filosofía de vida, no es, ni mucho menos, una crítica. “Todo el mundo tiene derecho a canalizar sus impulsos, especialmente en este planeta en el que hay tanta gente. Trata más acerca de reconocer y aprovechar la cualidad temporal de la realidad”. En esa misma canción también se expresa sobre la dependencia del teléfono que ella misma percibe y, en ese sentido, recuerda cómo perdió su móvil y estuvo sin él tres semanas hasta que desde el sello le impulsaron a recuperarlo. “Noté cómo la creatividad y concentración volvían a mí después de haberse ido durante tanto tiempo. Volví a dejarme llevar y permitir que el flujo de creación brotase sin impedimentos. El teléfono es una distracción constante que rompe la concentración”.

Es en este momento de la conversación cuando queda claro que Natalie es una persona profundamente espiritual, marcada a todas luces por haber nacido en el seno de una familia de fuertes convicciones cristianas. Su padre llegó a ser miembro de una banda new wave a finales de los setenta, y aunque no llegó a tocar con Joni Mitchell, como se ha dicho, sí “eran colegas y salieron de fiesta juntos”. Pero la música quedó finalmente en segundo plano para abrazar la fe y convertirse en líder de una congregación. “Mis padres eran seculares y cristianos renacidos. Eso es quizá lo que más me interesó de sus creencias: el hecho de que tienen recuerdos de haber vivido en este mundo en el pasado. Aprendí a ser más abierta con los reinos espirituales y que hay personas que necesitan ese tipo de sensibilidad, porque no todo el mundo puede ser feliz a un nivel completamente ateo, y no creo que se les tenga que negar. Dejé de discutir con mis padres sobre la validez de la cristiandad porque es todo lo que tienen y lo que les mantiene vivos y juntos. Intentar romperles esa realidad no beneficia a nadie”, opina.

Natalie reconoce que, ya de bien pequeña, vio que eso no era lo suyo. ¿La señal más clara? “La actitud que tenían hacia la homosexualidad. Estaba obsesionada con el grupo cómico The Kids In The Hall y uno de sus miembros era gay. Pensaba: ‘¿Scott Thompson no va a ir al cielo? Algo no cuadra’. En mi mente empecé a juntar las piezas y a darme cuenta de que era una gilipollez. Además, en esa época para mí la homosexualidad era algo positivo porque el planeta estaba sobrepoblado”.

Sobre la canción “Generation Why” (clip dirigido por ella misma): “Todo el mundo tiene derecho a canalizar sus impulsos. Trata más acerca de reconocer y aprovechar la cualidad temporal de la realidad”.

En términos musicales, eso también se puede traducir en su interés por grandes damas celtas como Enya. “Fue la banda sonora de mi infancia. Muchos niños de los noventa crecimos con esa música gloriosa y llena de ecos. Recuerdo bailar sus canciones en el salón y que mi imaginación volaba. Cuando tenía 19 años traté de ponérselas a mis amigos del noise y les parecieron una basura porque no las entendían”. Otras tempraneras obsesiones fueron Anne Briggs (“sus canciones tradicionales son ciertamente increíbles”) y Sandy Denny de Fairport Convention (“significó mucho para mí porque le da un rollo psych rock a su cantar folk”).

En su casa se escuchaba mucha música, pero al principio existían dos bandos claramente opuestos. Su padre era “más de XTC y otras bandas raras”, mientras que a su madre le encantaba Joni Mitchell. “Él era tolerante con todo. Pero, al principio, ella odiaba su música antes de aprender a amarla finalmente”. Con todo, estos gustos no le ayudaron a entender las canciones de su hija, pues pensaba que “eran extrañas y confusas, que no tenían sentido ni melodías principales”, algo que, de un tiempo a esta parte, se ha atenuado. “Mi padre siempre me ha inspirado y me ha dado muchos consejos. Con este disco, diría que ya entiende mi música”, afirma aliviada.

“En Los Ángeles hay mucha historia grabada, una cultura de productores como Ariel Pink, personas que marcan tendencia y pueden trabajar con cualquier cosa y convertirla en oro. Es una pena que ya nadie pueda permitirse vivir ahí. No tiene nada que ver con Laurel Canyon”
(Natalie Mering)

De sus conexiones con Laurel Canyon se ha hablado mucho, pero Mering prefiere evitarlas y describirse como una persona muy viajera para explicar que no forma parte de ninguna escena en concreto, sino de muchas a la vez. Sin embargo, aprecia todo lo que está ocurriendo en Los Ángeles actualmente. “Hay mucha historia grabada, una cultura de productores como Ariel Pink, personas que marcan tendencia y pueden trabajar con cualquier cosa y convertirla en oro. Es una pena que ya nadie pueda permitirse vivir ahí. No tiene nada que ver con Laurel Canyon”.

Uno de esos grandes productores con los que ha trabajado es Chris Cohen (Deerhoof), que se encargó principalmente de la percusión en “Front Row Seat To Earth”. “Es muy meticuloso. Yo hice la mayor parte de la producción, pero luego él entraba a perfeccionarlo todo”. Pese a sus orígenes como integrante de bandas como Ariel Pink’s Haunted Graffiti o Jackie-O Motherfucker y de frecuentes colaboraciones con artistas como Perfume Genius o Drugdealer, su intención para el futuro es depender cada vez menos de terceros. “Me gustaría tener los conocimientos técnicos de un ingeniero para hacerlo todo por mi cuenta”

Son ideas que apunta al vuelo sobre un cuarto disco en el que ya trabaja. Esa influencia noise que se percibe de una manera camuflada en “Front Row Seat To Earth” la entiende como “un arsenal secreto que va a explotar en breve”. Concretamente, señala la posibilidad de trabajar esta vez en espacios más grandes utilizando efectos acústicos naturales en lugar de plugins de ordenador o teniendo más grabaciones en vivo. Revela, además, que su objetivo es abrazar una espontaneidad más clara, aunque eso sea algo “muy caro” en la música. “Habrá largos momentos de improvisación. Quiero tener tiempo para juguetear y ver qué ocurre. Es lo que echo de menos de las grabaciones caseras”.

Antes actuará en el Primavera Sound, cuyo concierto del 3 de junio se confirmó la mañana de su show en Sidecar el pasado 30 de noviembre, donde tuvo lugar esta entrevista. El hecho de que sea al aire libre le permitirá ir más allá de la interpretación estricta de las canciones. Queda tiempo, pero ya avanza que la actuación será “más trabajada y excesiva”. También más sabia.

 

PASOS PARA ALCANZAR LA PLENA SABIDURÍA

WEYES BLOOD, Un trono para la dama

“The Outside Room”
(Not Not Fun, 2011)

Mering entregó a Not Not Fun en 2011, acreditado como Weyes Blood And The Dark Juices, un primer trabajo largo (previamente autoeditado) que se desmarcaba del futurismo del sello para abrazar un anacronismo anómalo y fascinante. Caben aquí seis “baladas narcóticas errantes” en las que sobresale la voz fúnebre, que remite a la Nico más oscura, y la joya en miniatura “Romneydale”, un primer clásico.

WEYES BLOOD, Un trono para la dama

“The Innocents”
(Mexican Summer, 2014)

Tras vagar por Estados Unidos, se asentó en la escena neoyorquina para un segundo largo en el que renunciaba al reverb y al drone en favor de unas canciones más limpias y una cierta voluntad orquestal. Su voz, que gana en sapiencia y templanza, sigue siendo el espectáculo principal, pero las novedades contribuyen a que la escucha de estas narcóticas tonadas folk que flirtean con el noise sea aún más catártica.

 
WEYES BLOOD, Un trono para la dama

“Cardamom Times”
(Mexican Summer, 2015)

Nuevo giro de 180 grados: tras explorar las posibilidades del estudio, Mering vuelve a recluirse en el sótano de su casa para grabar este EP en una cinta de carrete analógica. No altera este cambio su litúrgica música, con un pie en la tradición folk y otro en la vanguardia. El enfoque temático es ahora más panorámico: pasa de la naturaleza a la implacable vastedad del tiempo y su efecto en la humanidad.

WEYES BLOOD, Un trono para la dama

“Front Row Seat To Earth”
(Mexican Summer, 2016)

El EP previo era solo el empujón necesario para aupar a Natalie Mering a la nueva ambición que alcanza con su mejor trabajo y también el más accesible. Supone la culminación de su psicodélica experimentación y sus pulsiones barrocas. El carácter melancólico del pasado prevalece, pero aquí se impone una exuberante instrumentación que remite a la grandeza de Laurel Canyon. Sobrecogedor y atemporal.

 
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