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YO LA TENGO, Así que pasen otros veinte años

La reposada carrera de fondo de Ira Kaplan. Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2013)

YO LA TENGO Así que pasen otros veinte años

Tras cuatro años sin grabar, Yo La Tengo regresaron en 2013 por partida doble: con su nuevo álbum, “Fade”, y con una gira que los trajo a España. Para calentar motores, el líder del trío de Hoboken, Ira Kaplan, explicó las interioridades del disco a César Estabiel antes de que “Fade” se publicase. Aquí, el resultado de la conversación.

Se trataba del cuarto encuentro con Ira Kaplan, grabadora mediante. El primero coincidió en plena gira promocional de “Painful” (Matador, 1993) y entonces “supongo que éramos un grupo más en medio de la avalancha del indie rock”. Con unos 56 años que nadie acertaría adivinar, el hombre tranquilo de Hoboken supone mal. Y lo sabe. No obstante, no pocas veces ha reconocido que la historia del sonido del grupo –completado por Georgia Hubley y James McNew– comenzaría con aquel disco.

En el siguiente encuentro se le notó más suelto. Cruzó el Atlántico para defender “I Can Hear The Heart Beating As One” (Matador, 1997), en esa época en que “la música ocupaba las veinticuatro horas de mi vida”. Habló sin parar de los grupos que marcaron su adolescencia, de aquellos que le hacían reír, y se le notaba cómodo soltando la lengua contando alguna anécdota relacionada con la cultura pop.

 “Yo La Tengo ha pasado por tantas etapas vitales como cualquier persona. Ahora te diría que no he sentido mayor felicidad componiendo como en estos últimos dos años. Como también te diría que al rock’n’roll le sigo teniendo mucho cariño, aunque cada vez esté menos presente en mi vida...”
(Ira Kaplan)

Con la defensa más férrea del pop que jamás haya articulado, nos encontramos un tercer día. Fue a propósito de “Summer Sun” (Matador, 2003), quizá el disco más californiano que haya grabado un vecino de New Jersey. Ahora, casi veinte años después de aquella primera vez y con uno de sus discos más envolventes, “Fade” (Matador-Popstock!, 2013), tocaba comprobar qué Kaplan había cruzado esta vez el océano.

He podido escuchar “Fade” una sola vez. Sin copias físicas de promoción, una hora era el tiempo apañado para cogerle el aire a vuestro nuevo disco. A estas alturas se podría decir que Yo La Tengo, casi más que un grupo, es un estilo totalmente definido. No sé si lo tomas como un halago o un signo de decadencia. Un estilo más que un grupo... suena bien.

Recuerdo que te hice esa misma pregunta años atrás y la respuesta no fue tan clara. ¿Cómo justificarías este cambio? Posiblemente se deba a cosas de la inseguridad. Yo La Tengo ha pasado por tantas etapas vitales como cualquier persona. Ahora te diría que no he sentido mayor felicidad componiendo como en estos últimos dos años. Como también te diría que al rock’n’roll le sigo teniendo mucho cariño, aunque cada vez esté menos presente en mi vida... (una leve vibración del móvil –modelo antiguo– le deja embobado durante unos segundos). Te decía que... (un nuevo traqueteo del aparato lo obliga a volver de nuevo la vista hacia la pantalla, sin disimular esta vez la alegría). Es Georgia. Siempre que salgo para promocionar un disco nuevo me manda continuamente mensajes para saber cómo están yendo las entrevistas. En “Fade” su papel ha sido muy importante.

¿Te refieres a su papel como compañera o al plano artístico? Adoro componer música, pero no disfruto haciéndolo solo. Me encanta la sensación que me produce estar tocando algo nuevo, concentrado y, de repente, notar que una nota o un detalle ha cambiado mi percepción de lo que estaba sonando. Entonces salta un resorte, miro hacia Georgia y la descubro con una sonrisa de felicidad. Eso es la música. Puede que ese nivel de complicidad lo hayamos alcanzado antes, pero ha sido en “Fade” cuando he sido plenamente consciente. Este disco no sería el mismo sin ella. Hasta tal punto que, si estoy tocando algo y Georgia dice que está bien, no lo pienso más. Entonces seguro que está bien.

Ahora que lo explicas, esa sintonía tan asentada con los años y la vida en común parece explicarse por sí sola en una canción como “Is That Enough”. Tú llevas las riendas vocales, pero, de repente, su voz surge de manera inesperada y con naturalidad. Parece que no estaba en el guión. Y no, no lo estaba. Entre dos las cosas siempre salen mucho mejor.

 
YO LA TENGO, Así que pasen otros veinte años

“Te diría que dedico más tiempo a ver películas que a tocar. Esa necesidad me hace bajar casi a diario a Nueva York a alguna sala comercial o a tragarme un ciclo de cine experimental en alguna filmoteca”. Foto: Alfredo Arias

 

¿Para qué sirve un disco de Yo La Tengo? No sé responder a esta pregunta, aunque puedo decir que trabajamos las canciones con mucha dedicación para que puedan servir de gran estímulo a quienes las escuchan. Son esas personas las que deben contestarte. Nosotros solo somos una parte de esta comunicación. Quizá la más necesaria, pero seguro que la menos importante. Yo no escucho nuestros discos por placer; tengo muy claro mi sitio en este trato. Es lo que sé hacer, y mi mayor ambición, dentro de mis posibilidades, es incorporar discretamente aspectos que aprecio en el trabajo de otros músicos sin que altere lo que sé hacer. La música es un oficio. De ti depende darle brillo, aunque las pautas del oficio no varíen.

“No escucho nuestros discos por placer; tengo muy claro mi sitio en este trato. Es lo que sé hacer, y mi mayor ambición, dentro de mis posibilidades, es incorporar discretamente aspectos que aprecio en el trabajo de otros músicos sin que altere lo que sé hacer. La música es un oficio. De ti depende darle brillo, aunque las pautas del oficio no varíen”
(Ira Kaplan)

¿Dónde dirías que se esconde el tesoro de “Fade”? En los detalles. Jamás había percibido el verdadero valor de los matices como en este último año. Creo que todo esto tiene que ver con un encargo que recibimos el año pasado. Un realizador bastante fan nuestro nos propuso ambientar musicalmente un espectáculo en directo sobre la vida de Richard Buckminster Fuller. Fue un tipo dotado de un elevado concepto sobre la hipotética energía positiva que encierra cada ser humano. Dedicó su vida a desarrollar teorías sobre la posibilidad de cambiar los paradigmas mundiales e inventos para facilitar la sostenibilidad futura. Cuando Sam Green me ofreció el trabajo de componer la música instrumental para aquel documental en directo –“The Love Song Of R. Buckminster Fuller”–, no era consciente de cuánto me abriría los ojos. La “première” tuvo lugar en San Francisco en mayo del año pasado, y tocando aquellas piezas me di cuenta de que en mi cabeza ya no había espacio solo para el pop. Te hablo por mí: “Fade” es el primer disco que he grabado sin el repertorio popular en la cabeza, sin esos recuerdos del pop de los que siempre he querido extraer cosas para mis canciones. De alguna manera más bien disimulada, Yo La Tengo siempre ha vampirizado la música popular, pero en este disco nos hemos dejado llevar por trabajar los matices en un sonido más bien estático. Supongo que algo habrá tenido que ver la producción de John McEntire (Tortoise).

Te lo iba a comentar. Dos nombres mayores del indie rock de los noventa han ido a encontrarse dos décadas después, tras toda una vida confiando en Roger Moutenot. El nombre de John surgió un día. Se lo comenté a Georgia: “¿Por qué no hacemos un disco con él?”. Así, sin más. No creo que haya que darle muchas vueltas a este tipo de decisiones. O se hacen, o no se hacen. A favor jugaba que últimamente venía escuchando muy a menudo a The Sea And Cake, la banda de Chicago en la que McEntire toca la batería. A propósito de esta decisión, hace poco un periodista me preguntaba si no me arrepentía de no haber probado con otro tipo de productores durante estos años, de no haber colaborado con más músicos, de no haber tenido un mayor número de experiencias musicales. Al final reveló el verdadero sentido de su pregunta: quería saber si tenía miedo de mis errores. Creo sinceramente que en la música el error no existe.

Comentabas que en los noventa tu dedicación a la música, incluso como fan, era total. ¿Tocas la guitarra ahora a diario? Ni hablar. No soy de los que piensa que si no coge la guitarra ha perdido el día. Te diría que dedico más tiempo a ver películas que a tocar. Esa necesidad me hace bajar casi a diario a Nueva York a alguna sala comercial o a tragarme un ciclo de cine experimental en alguna filmoteca.

El tiempo corre igual para todos, pero, en un entorno de dinámicas veloces, Yo La Tengo siempre parecían ir de paseo. Tuvieron paciencia cuando les tocó competir con bandas como Sonic Youth o Nirvana en el desfile de guitarras distorsionadas. Siguieron en su sitio cuando la ambigüedad del post-rock de los noventa encontró más acomodo mediático que sus melodías cada vez más clásicas. Y esa fe por el tiempo lento parece la última razón por la cual Yo La Tengo se han convertido definitivamente en una especie de Burt Bacharach para el indie rock. Un camino de pureza donde apenas cabe ya la discusión.

 

EL INDIE ROCK EN CUATRO PALABRAS

YO LA TENGO, Así que pasen otros veinte años

“President”
(Coyote, 1989)

Arrojo y distorsión, pero no demasiado sostenidos en el tiempo. Porque, aunque “Painful” (1993) se celebre como la perfecta comunión entre la electricidad y la melodía, cuatro años atrás los de Hoboken habían mostrado al mundo cómo se podía ser MC5 (“Orange Song”) por un día y The Velvet Underground (“Barnaby, Hardly Working”) el resto de la semana. Uno de los primeros discos de la década de los noventa, todavía en la de los ochenta.

YO LA TENGO, Así que pasen otros veinte años

“Fakebook”
(Bar/None, 1990)

Y cuando ese zumbido eléctrico empieza a instalarse en las radios norteamericanas y el grunge amenaza la cultura de masas, Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew se descuelgan con un disco de versiones que repasa con más encanto que humildad el cancionero de la tradición rockera. Con ese descreimiento propio de Jonathan Richman, Yo La Tengo dan un paso hacia atrás para evitar los flashes y no perder así la perspectiva.

 
YO LA TENGO, Así que pasen otros veinte años

“Painful”
(Matador, 1993)

No se trataba de tocar con más volumen. Tampoco de distorsionar lo que se tuviera a mano. En un momento en que pisaban pedales y acariciaban cuerdas, Yo La Tengo se encontraron con la fórmula del dolor en el que posiblemente sea su disco más emotivo. Ellos, que con mucho ojo nunca han querido trasladar al discurso de sus canciones sus emociones personales, acabaron por secuestrar las de su público. Y así han seguido hasta ahora.

YO LA TENGO, Así que pasen otros veinte años

“Fade”
(Matador, 2013)

Desvanecerse. Cualquier idea en un sonido. La segunda mitad del disco funciona como una tela de araña dispuesta a atrapar a los que disfrutaron con las canciones más dinámicas del primer tramo. Si en la década anterior habían perfeccionado el magnetismo de sus atmósferas, ahora levantan un castillo en el aire para que otros desarrollen inútiles teorías sobre la solidez de lo volátil. Mientras atiendes, ya estás atrapado.

 
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