Es esa época del año en la que abundan las noticias de medio pelo que se dedican a recopilar los disfraces que las celebrities han lucido con mayor o menor éxito. Y esas noticias se han convertido en una tradición tediosa no solo porque su formato sea un peñazo infumable con decenas de posts de Instagram incrustados que acaban dando problemas al cargar la página. Se ha acabado por convertir en una tradición tediosa sobre todo porque, como siempre dice mi madre, con una buena polla qué bien se folla.
Lo que viene a significar que, si tienes un pastizal para gastar en contratar a un equipo de asistentes que se encarguen de hacer realidad la extravagancia más surrealista que se te haya pasado por la cabeza, pues claro que vas a acabar luciendo un disfraz deslumbrante. Pero vivimos en tiempos en los que a duras penas puedes permitirte pagar el alquiler de tu casa, así que es totalmente comprensible que a la peña le interese cada vez menos qué carajo va a hacer Heidi Klum en Halloween.
Porque claro que Klum disfrazada de su propia mano cortada es chachi, pero la ganadora absoluta del Halloween de 2026 ha sido ni más ni menos que Lily Allen. Y precisamente lo ha sido por disfrazarse de algo que se ríe directamente de la actualidad precaria que nos ha tocado vivir: la #bluedotfever. Es decir: los pantallazos de venta online de conciertos con todos los asientos en azul, sin vender, que cada vez causan más cancelaciones de actuaciones de grandes artistas. O lo que es lo mismo: la representación gráfica de la mierdificación de la experiencia de la música en directo a la que nos han inducido las prácticas desalmadas de ciertas promotoras.
Ante semejante panorama, una cosa está clara: lo único que puede devolvernos la ilusión en esta fiesta pagana es lo que los japoneses llaman Mundane Halloween. O Jimi Halloween. Como tú quieras, porque ambas expresiones se refieren a lo mismo.
Soy consciente de que este es uno de esos fenómenos virales que llevan pululando por las redes desde hace varios años de forma low key… Y lo admito para que nadie me venga a decir que esto no es nada nuevo y blablablá. Lo sé. No es nuevo para algunos. Pero es nuevo para mí y, de hecho, no puedo parar de pensar que el Mundane Halloween es precisamente la tendencia que necesitamos más urgentemente en pleno año 2026.
Al fin y al cabo, esto del Jimi Halloween que tiene su origen en Japón (obvio) se refiere a algo tan sencillo como a disfrazarse de algo totalmente mundano. Para que te hagas una idea, nada mejor que recurrir al bluit anual que Nick Kapur dedica a recopilar los mejores disfraces de esta tendencia con participantes tan deliciosos como “persona que se compra unas zapatillas de camino a casa desde una boda porque le duelen los pies”, “persona amable que mantiene abierta la puerta del ascensor para que entres”, “persona que ha olvidado que tiene la linterna del teléfono encendida”, “persona con las manos tan secas que no puede abrir las bolsas del supermercado”, “persona que no se aclara a la hora de plegar el paraguas dentro de su bolsa” o “persona que se ha negado a pagar una bolsa de la compra extra”.
Como puedes apreciar, la cosa es tan sencilla como elegir una situación totalmente mundana, recrearla de la forma más realista posible y colgarte un pequeño papelito explicando en qué consiste tu disfraz. Algo a priori tan sencillo pero con lo que, a la vez, resulta mucho más fácil empatizar. Porque yo no voy a decir nunca “buah, es que la mano cortada de Heidi Klum soy yo literal”, pero sí que voy a decir que soy literal esta “persona que antes entrenaba, pero ya no”. O, sobre todo, mis tres Halloween mundanos preferidos de este lote: “persona que de repente sube demasiado el volumen del móvil en el tren”, “persona que es incapaz de hacer que salga agua porque el grifo es demasiado moderno” y, por encima de todas las cosas, “persona que pretende sacar toda la basura reciclable en un único viaje”.
Con la turra incesante que he dado en esta sección en contra de Trump como símbolo de todo lo que está mal en el mundo, ¿quedaba alguien que pensara que no iba a traer hasta aquí la patada en el culo que Estados Unidos le acaba de meter a su presidente en las elecciones de medio mandato que se celebraron el martes 3 de noviembre? Estaba cantado que la rotunda y aplastante victoria de los demócratas por encima de los republicanos que han campado a sus anchas en los últimos dos años era algo que tenía que festejarse en el Haciendo scroll. Así que allá vamos.
Pero, antes, otro habitual de nuestro Scroll: el contexto necesario para entender mejor toda esta mandanga. Porque ¿qué es exactamente esto de las elecciones de medio mandato, eso que en otros medios llaman midterms porque usar la terminología española les parecerá una catetada, supongo? Básicamente, son unos comicios generales que se celebran a medio mandato del gobierno en curso. Es decir: a los dos años de haber resultado electo. En estas elecciones se seleccionan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 33 o 34 del total de 100 del Senado. Además, en 34 estados eligen a sus gobernadores.
¿Y qué ha ocurrido este 3 de noviembre de 2026 destinado a pasar a la historia? Pues que Estados Unidos por fin ha despertado y ha decidido decirle a Trump que basta, que ya está, que se acabaron sus políticas de mierda. Un efecto bautizado como blue wave porque consiste literalmente en una ola que tiñe el mapa electoral de azul, el color del Partido Demócrata. Ha sido una ola tan fuerte, de hecho, que ya hay quien ha apuntado que el término se queda corto y que más bien debería bautizarse como blue tsunami o incluso blue extinction level event. Mucho mejor es alguien que sugiere amablemente el término bluekkake. Fan. Pero, sea como sea, hoy es día de celebrar que los MAGA están tal que así ante una ola azul perfectamente sintetizada en esta viñeta de Nick Anderson.
También hay que reconocer que, vivido en directo, fue un proceso paulatino que tuvo a muchos en vilo al ver cómo otros estados tradicionalmente rojos se teñían de azul. Lo pasaron especialmente mal en California y en Florida. Pero, para sorpresa generalizada, los republicanos incluso perdieron Kansas en un momento ante el que es imposible no recordar “El mago de Oz”. Un verdadero cambio de pelucas nivel “RuPaul’s Drag Race” que no debe invisibilizar lo verdaderamente importante, porque estas elecciones no solo han traído una ola azul, ojo, sino también un cuarteto de impresionantes primeras veces: el Senado acoge a su primer gay y a su primer musulmán, mientras que una mujer nativa americana y otra mujer negra acceden por primera vez al cargo de gobernadora.
¿Significa esto que, como dicen por ahí, woke is back? ¡Pues va a ser que lo woke es fan de Bad Gyal y ha dicho que “he vuelto, zorras”! Y, aunque esto pueda parecer que estamos avanzando acontecimientos, sobre todo con un presidente que lleva meses amenazando con que no dará por bueno un sistema electoral que considera amañado, nadie nos va a quitar el inmenso placer de haber contemplado esta blue wave que se ha sentido tan refrescante como un videoclip de Lady Gaga y tan poderosa como el ataque de Shiva en “Final Fantasy”. Ha sido un día vibrante en el que han proliferado montajes de vídeo tan acertados como este y en el que se ha recurrido a clips tan pertinentes como este o, sobre todo, este otro para plasmar el sentir general. Pero hay una cosa que no podemos ni debemos olvidar: esto. No hay más.
No voy a intentar engañar a nadie: esta ha sido una de esas semanas en las que tengo que rascar la superficie de las redes sociales para encontrar virales interesantes… Así que, a modo de cierre de la sección, me voy a limitar a dejar caer por aquí la noticia de que Firefox ha montado toda una campaña para intentar que los usuarios vuelvan hasta su navegador movidos por dos fuerzas: 1. El horror en que se están transformando otros navegadores por culpa de la IA, y 2. La puritita melancolía de recordar cómo era internet antes de que nos invadiera el slop.
En el corazón de la campaña está este anuncio que es un chupitazo de nostalgia para los millennials. Al fin y al cabo, se dedica a reunir a todo un conjunto de protagonistas de memes tan clásicos como “bad luck Brian”, “overly attachend girlfriend”, “Kelly’s shoes”, “annoying orange” o “success kid”. Si todos estos nombres te han hecho vibrar la pipitilla, es que hablamos el mismo lenguaje. Y que echamos de menos las mismas cosas. No solo los mencionados memes, sino también ciertos valores que solían regir internet y que ahora están casi olvidados.
El anuncio de Firefox viene a señalar que internet se ha puesto raro. Que las compañías tecnológicas nos siguen a todas partes y no paran de usar nuestros datos para vendernos más y más cosas. Que nos han metido la IA hasta en la sopa… Así que te invita a apostar por un navegador que no te persigue, no se aprovecha de tus datos y en el que puedes quitar la IA cuando te dé la gana. O eso prometen ellos.
Algunos dicen que es un poco oportunista lanzar semejante promoción justo cuando la burbuja de la IA está a puntito de explotar. Otros afirman que ni por todo el oro del mundo volverían a un navegador que nunca fue el más usable. Y hay quien entiende que la jugada de Firefox tiene sentido porque, al fin y al cabo, está usando memes de hace 20 años para publicitar el navegador en el que precisamente veíamos aquellos mismos memes. Sea como sea, el anuncio está corriendo como la pólvora por internet. Y yo necesitaba algo con lo que cerrar la sección. Sorry not sorry. ∎