Hace unos días que tanto mi Instagram como mi Bluesky se vieron invadidos de repente por un nombre que no paraba de repetirse una y otra vez: Kelly Clarkson. Y tengo que reconocer que mi conocimiento sobre esta humana era (y sigue siendo) bastante pobre. Sabía que era una tipa yanqui que hace pop, una diva wannabe de la que no me ha llegado ni un jit. Por algo será. Así que tuve que recurrir a Wikipedia para que me explicara que esta señora es “una cantante, compositora, actriz y presentadora estadounidense. Saltó a la fama después de ganar la primera temporada de American Idol en 2002”. Y ya está. No hay más.
Lo fuerte de este caso es que, desde entonces, Clarkson no ha abandonado mis redes sociales. Y que, finalmente, he entendido por qué: la tía está protagonizando uno de esos momentos virales que ya no vivimos a día de hoy. Puro old internet de aquel en que los famosetes se metían en embolados tremendos porque todavía no eran conscientes del alcance que pueden tener tus acciones virtuales cuando te siguen millones de personitas. Ya simplemente por eso, y aunque solo sea durante unos días, Kelly está teniendo toda mi atención.
Todo empezó con este tuit: “Acabo de conducir hasta Brooklyn para echar un vistazo a una tienda que me parecía la bomba y tenía algunas cosas en mente que quería comprar, pero, literalmente, me miraron como si no pudiera permitírmelo y me dijeron que me buscarían algo similar. Joder, pavo. Eres un idiota y acabas de perder una venta enorme. Pero deberíais ir a echar un vistazo a Art Of Play en Brooklyn si os gusta que os traten como al personaje de Julia Roberts en «Pretty Woman». Sin duda, echadle un vistazo 👎”. Ante semejante explicación, está claro que las redes sociales iban a volcarse en apoyar a la princesa tratada como puta que ya hemos visto en otras películas además de en la icónica escena de “Pretty Woman”.
También es cierto que la empatía fue mayor en cuanto internet por fin contempló la preciosidad que Clarkson quería comprar. Pero entonces se desplegó el primer twist de esta historia en forma de respuesta por parte de la tienda Art Of Play: “Ayer, Kelly Clarkson nos visitó en Brooklyn y se mostró interesada en comprar a Molly, un autómata único en su género que canta y baila y que desempeña un papel importante en los espectáculos de magia que organizamos aquí. Molly está fijada de forma permanente a la pared y no está a la venta”. No lo sé, a mí lo de que describan a Molly como (en inglés suena mejor) “a one-of-a-kind singing and dancing bird automaton” es que me deja picueto.
Y lo mejor de todo es que el comunicado sigue con otras perlas como esta: “Imaginad nuestra sorpresa cuando nuestro pequeño negocio local se vio repentinamente asaltado por 8 millones de personas que nunca habían visitado nuestra tienda. Ha sido una experiencia surrealista ser el centro de una indignación tan generalizada tras una simple mención de un famoso”. Después, además, ambas partes siguieron emitiendo comunicados que nos han tenido dando giros de 180 grados cada vez que una de las partes abría la boca. Hasta que el dueño de Art Of Play dio la estocada final con un vídeo en el que llegaba a pontificar que “Kelly Clarkson nos ha puesto en peligro”. Total, que nos hemos pasado varios días tal que así.
Lo que nadie podía vaticinar era que, de repente, cuando creíamos que las aguas se calmarían por fin, una especie de investigador sacó a la luz el vídeo de la visita de Kelly a la tienda Art Of Play. A la excitación inicial le siguió el sobreanálisis, obvio. Y, en este punto de la polémica, no dejaba de llegar gente nueva que se hacía preguntas tan lícitas y pertinentes como la de este bluit: “Siento no haberme puesto al día con las noticias de Estados Unidos hasta ahora. ¿Kelly Clarkson está acosando en internet a una librería independiente?”. Preguntas que han sido respondidas de formas tan brillantes como (leer sin signos de puntuación y con acento queer, por favor) este discurso: “Básicamente se trata de que Kelly Clarkson está acosando a un pequeño negocio porque se negaron a quitar un pájaro mecánico de la pared de su tienda y vendérselo y ella no deja de comportarse como si fuera Julia Roberts en Pretty Woman* diciendo «gran error» mientras que la tienda sigue publicando comunicados pasivo-agresivos en los que explican que ya le habían dicho que no podía quedarse con el pájaro empotrado en la pared y que sabían que era Kelly Clarkson por lo que le ofrecieron venderle uno que pudiera comprar más barato y que no estuviera empotrado en la pared*”. Internet siendo internet.
La semana pasada, entregaba esta misma sección en un email en el que explicaba lo siguiente: “Se me queda la espinita clavada de que ya estaba acabando de escribir el texto cuando ha salido la portada del libro de Ayuso, que digo yo que nos va a dar unas buenas risas en los próximos días. Nada, muy a las malas, ¡va a la semana que viene!”. Lo que pasa es que el Mundo Ayuso funciona a una velocidad vertiginosa y, por mucho que yo pensara que hoy mismo estaría escribiendo sobre su debut literario, llegado el momento he tenido que elegir: ¿Me lanzo a por el posible lío de faldas con Soto Ivars o me centro en que la tía asistió a los actos oficiales de la Hispanidad en visible estado de embriaguez?
Vaya por delante que todo esto me jode profundamente, porque cualquier persona que se plante en eventos oficiosos completamente borracho siempre va a tener mi total simpatía por aquello de “been there, done that”. Pero Ayuso no. Por ahí no paso. Porque es que esta tipa tiene pinta de ser una de esas borrachas insufribles y malrolleras que te pillan por banda y te comen la oreja con sinsentidos como que al perro “se le va a acabar este martirio”. Así que pido disculpas por reírme con todo lo que viene a continuación, porque reírme de un borracho me parece de muy baja calaña. Pero vamos con todo.
Al fin y al cabo, ¿cómo no reírse cuando las redes sociales cogen el vídeo en cuestión y le añaden líneas tan elocuentes como “Joputa el MAR, que un par de cañas de tranquis y pa casa”? Hay quien comenta que “¡Muy firme no va! Está de lado”. Hay quien conjetura que “12 de octubre, 12 gintonics lleva Ayuso a las 12 de la mañana”. E incluso hay quien recuerda virales del old internet que tanto estamos recordando hoy al suponer que a la pobre “le echaron Cola Cao en la droja”.
Vuelve el meme de “Call Me By Your Name” en forma de nuevo diálogo: “¿Eres Ayuso?”, “No”, “¿Y esta castaña?”. Vuelve un villano mítico para preguntar si “¿ha dejado ya de tambalearse Ayuso?”. Vuelve la portada del libro de la presidenta pero como naming de productos más adecuados para el momento presente. Y vuelven en definitiva los gifs cachondos que establecen parecidos razonables, ya sea en forma de capitán de barco o de moonwalking luchando contra la gravedad. Porque eso es lo que hizo Ayuso básicamente: luchar contra la gravedad… y ganarle la batalla por los pelos.
Del creador de “está mal reírse de la gente por ir borracha, pero…”, aquí llega “está mal reírse de la gente por su aspecto, pero…”. Así que establezcamos lo siguiente: si se trata de gente que se dedica a insultar sistemáticamente y a rasgar el tejido social a base de proclamas fachas, pongamos que está permitido un poco de manga ancha a la hora del choteo internetil. Es la única forma que tengo de justificar esto de traer hasta aquí el viral que tiene a todo el mundo alucinando con el aspecto de Susan Dell.
Pero empecemos por lo básico: ¿quién es Susan Dell? Esto es sencillo: es la esposa de Michael Dell y copropietaria de la empresa tecnológica Dell. Ambos forman una pareja amiguísima de Trump que, de hecho, pasó por el Despacho Oval en un acto oficial que se hizo inmediatamente viral porque parecía directamente salido de una peli de Fellini, gran especialista en mezclar lo grotesco con la pretensión de clase y estatus. Es inevitable no verse totalmente hipnotizado por su presencia. Cuanto más de cerca la miras, más lo flipas. Y, de hecho, ya lo acabas de flipar del todo cuando la gente saca a relucir las fotos de cómo lucía hace algunos años y te planta delante el típico “antes” y “después” (de la MAGAización).
El viral estaba servido. Sobre todo, porque Dell ha tardado cero coma en convertirse en un fenómeno cultural que incluso va a hacer acto de presencia en uno de los próximos capítulos de “South Park”. Porque mucho se está hablando en redes de que Susan parece una drag queen mal montada, pero a nadie se le escapa que, si esta mujer tuviera que ser protagonista de algo, no lo sería tanto de “RuPaul’s Drag Race” como de cualquier franquicia de cine de terror. Es fácil verla en “The Ring” saliendo del mismo televisor que nos la ha servido en bandeja. O, sobre todo, en el póster de cierta franquicia de terror que le viene que ni pintada.