Película

Ruega por nosotras

Daniel Monzón

https://assets.primaverasound.com/psweb/do47010ce3xhiuwh6tkv_1793953563514.jpg

Una de las mayores virtudes de “Ruega por nosotras” (2026; se estrena hoy), la nueva película del mallorquín Daniel Monzón –“Celda 211” (2009), “El Niño” (2014)–, es transformar en cine con vocación popular y comercial la denuncia de los brutales métodos represivos del franquista Patronato de Protección de la Mujer, que ya han sido explorados en infinidad de libros, artículos periodísticos y de investigación, películas documentales e incluso largometrajes de ficción. Por si aún queda alguna persona que –tras los reveladores libros de Consuelo García del Cid, uno de los cuales proporciona el título del filme; documentales televisivos como “Los internados del miedo” y “El Patronato”, que se estrena esta misma semana en Televisión Española; largometrajes de ficción como “Alumbramiento” (Pau Teixidor, 2024); o premiados cortos documentales como “Els buits” (Sofia Esteve e Isa Luengo, 2024)– no sabe qué fue el Patronato de Protección de la Mujer, aquí va una posible explicación. De 1941 a 1985, hasta diez años después de la muerte de Franco, centenares de centros diseminados por toda España y pertenecientes al Patronato encerraron, abusaron, torturaron y explotaron laboralmente a niñas, adolescentes y jóvenes consideradas “caídas”, “en riesgo de caer” o “rebeldes” que era necesario “enderezar” según las estrictas normas morales del nacionalcatolicismo. Prácticamente todos estos centros estaban dirigidos por congregaciones religiosas, y sus integrantes, monjas que respondían a apelativos engañosamente familiares como madre o hermana, eran el implacable brazo ejecutor de la represión nacionalcatólica y franquista, misógina y patriarcal, contra esas chicas “descarriadas”. Si hasta hace más o menos una década el foco de las denuncias se había centrado en el robo de bebés que, con la connivencia de esas órdenes religiosas y de las instituciones franquistas, se había llevado a cabo en esos centros durante décadas, los libros de García del Cid e investigaciones posteriores han permitido revelar la auténtica naturaleza de esos lugares: cárceles al margen de la ley en las que las internas, muchas de ellas muy jóvenes, desposeídas de todo derecho, eran sometidas a todo tipo de prácticas vejatorias y abusivas y a un régimen de semiesclavitud.

“Ruega por nosotras” –que, como suele ser habitual en el cine de Monzón, cuenta con Jorge Guerricaechevarría como coguionista– funciona como una efectiva síntesis de todas estas denuncias y, como decíamos al inicio, constituye un intento apreciable de transformar este vergonzoso secreto a voces de nuestra historia reciente en un filme de narrativa clásica, puesta en escena elegante –en ocasiones, tal vez, demasiado académica– y apariencia impecable –todos los apartados llamados habitualmente “técnicos”, de la dirección de fotografía al vestuario o la dirección de arte, son excelentes– que tiene como objetivo llegar a la mayor cantidad de público posible. La película conecta de lleno con el universo del cineasta y, junto a “Las leyes de la frontera” (2021), conforma una suerte de díptico sobre los convulsos años del tardofranquismo y la transición democrática en España: los años de la infancia y adolescencia del director, quien, con sus dos últimas obras, parece estar llevando a cabo una suerte de relectura o exorcización del violento legado del franquismo, pero también del supuesto consenso de la transición. Y en cierta medida Monzón y Guerricaechevarría vuelven en “Ruega por nosotras” al subgénero carcelario que tan buenos resultados les dio en “Celda 211”.

https://assets.primaverasound.com/psweb/ohsbtnzyv75ri5rdno5e_1793953557309.jpg

Hay momentos que recuerdan a la afilada tensión que caracterizó a “Celda 211”, pero también a su violencia: cuando Ana, la adolescente protagonista de buena familia interpretada por una Zoe Bonafonte recién salida del éxito de “El 47” (Marcel Barrena, 2024), entra por primera vez en el centro religioso en el que va a estar recluida durante más de cinco años, el modo en que Monzón filma a las monjas desvistiéndola brutalmente a la fuerza y dejándola desnuda y helada de frío en su habitación –cámara al hombro en planos cortos y con montaje veloz– remite directamente a clásicos del cine carcelario. También lo hacen otras set pieces diseminadas a lo largo de la extensa y laberíntica trama, como la elaborada preparación del intento de fuga de Ana y de Sole (Manuela Calle), su amiga del alma dentro de ese infierno, o el larguísimo período de confinamiento solitario de Ana.

Son, de todos modos, instantes fugaces que remiten a un cine de género de corte clásico en el que Monzón ha mostrado una solvencia contrastada, ya que el filme se centra en su mayoría en la denuncia de las constantes vejaciones y abusos que sufren las protagonistas y en la defensa de la amistad femenina y la solidaridad entre mujeres como único modo de combatir la violencia. La primera parte, la de la denuncia, es tan encomiable como finalmente agotadora: la sin duda exhaustiva investigación documental previa a la escritura de guion ha dado pie a un texto con efecto acumulativo en el que parece que los autores no hayan querido dejar nada fuera, combinando diferentes temas interesantes por razones obvias –el papel de las instituciones religiosas como brazos ejecutores de la represión nacionalcatólica, las cuestiones de las diferencias de clase, los abusos sexuales dentro y fuera de la institución, la condena a la homosexualidad femenina, el papel de las instituciones psiquiátricas como agentes de represión, la idea de que la democracia no acabó con esas prácticas abusivas– pero que son abordados, obligatoriamente, de forma un tanto superficial a lo largo de un metraje de más de dos horas.

https://assets.primaverasound.com/psweb/ln0mp94f5i9bv4bvcnw8_1793953954207.jpg

La segunda parte, la de la amistad entre las protagonistas, está asentada en la química entre Zoe Bonafonte, correcta aunque un tanto envarada, y la volcánica Manuela Calle en un papel estelar que tiene mucho de la espontaneidad y descaro de una joven Candela Peña. Para consolidar esta relación de amor e intimidad entre dos mujeres vulnerables que se han encontrado en el infierno, los guionistas las colocan enfrente a una supervillana que podría estar en el podio de malvados del cine español reciente junto al Malamadre de Luis Tosar en “Celda 211”, el Xan Anta de Luis Zahera en “As bestas” (Rodrigo Sorogoyen, 2022) o la Sor Isabel de Nagore Aramburu de “Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa, 2025). Adelfa Calvo es la hermana Socorro, la directora de la institución en la que están internadas Sole y Ana. Aunque resulta un tanto inquietante y muy problemático que, a estas alturas, un guion juegue con el arquetipo de la mujer madura represora –puede ser una religiosa o la guardiana de una cárcel de mujeres– como lesbiana supuestamente “reprimida” –no es evidente en la película, pero se puede leer fácilmente entre líneas–, Calvo está absolutamente descomunal y aterradora en un papel que juega con ciertos arquetipos del subgénero carcelario, pero al que la actriz dota de una humanidad que la hace incluso más escalofriante.

Todo esto convierte “Ruega por nosotras” en un filme estimable, a ratos emocionante pero también irregular, en el que se echa de menos la fuerza expresiva y la tensión narrativa de otros filmes de Monzón, presente, eso sí, en dos excepcionales secuencias de montaje que son lo mejor de la película: aquellas en las que Ana –cuando es víctima de los delirios causados por el encierro y el aislamiento o en el precioso y, depende de cómo se lea, en el desolador o esperanzador desenlace– sueña con los ojos cerrados y se imagina un futuro mejor para ella y para Sole, una vida alternativa más allá de esos muros donde han estado confinadas. ∎

Venga monjas.
Etiquetas
Compartir

Lo último

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.