Aiko el grupo publicaron su primer single doble el 10 de marzo de 2020, cinco días antes de que nos confinasen. Su “A mí ya me iba mal de antes” fue el estandarte de toda esa generación de pop doméstico que trajo la pandemia: el 15-M nos dio (entre otras cosas) el trap; el COVID nos dio a Aiko el grupo y todo el bedroom pop que vino a posteriori. Lo paradójico es que aquel “Prefiero tener suerte… a tener buen corazón” se debió de grabar en 2019. Tenía muchos gritos y mucha herencia del pop-punk, suciedad en su urgencia, despreocupación en sus líneas de sintetizador y muy poco de poesía en sus letras, literales y bromistas. Bedroom pop no era, pero sentó precedentes para todos los que se piratearon el Fruity Loops en su casa esos meses.
Pese a ese análisis, el trío afincado en Madrid no se quedó en una broma pandémica. Ha sido precursor de algunos rasgos definitorios del indie de guitarras de los años veinte, los actuales años veinte (ya sí, con local de ensayo presencial), y son muchas las bandas que habrán llegado al estudio diciendo: “Aquí vamos a meter unos coros chillados, como los que hace Tere en Aiko”. Cuesta imaginar a Kylu Te Quiero, Las Petunias o La 126 sin ellas: existir, posiblemente existirían; su sonido seguramente sería otro muy distinto. Lara, Bárbara y Teresa siguen siendo una gota en un océano de lanzamientos cada vez más grande, pero han sentado cátedra dentro de su nicho.
Con “Señales brutales” quieren dar un paso más allá. No se abandonan a sí mismas y, al mismo tiempo, parecen cansadas de ser percibidas como esta cosa y no aquella: se han propuesto ser más limpias, más elegantes, más serias, algo parecido a lo que le pasó a Carolina Durante con “Elige tu propia aventura” (2024) o a Hinds con “The Prettiest Curse” (2020). Hay algo en su nuevo trabajo que se acerca al efecto esnob y la paradoja hípster: cuando un grupo crece deja de parecerse a sí mismo, a esos rasgos subculturales que lo hacían único, y empieza a parecerse a esa cosa homogénea que ha de ser el mainstream para seguir siendo multitudinario. Lo bueno es que Aiko el grupo no son famosas, y por ello han sepultado muy poquito de lo suyo en favor del pop (nadie titularía una canción “el aWard es para:” si no estuviese pensada para gente con un humor muy específico y para los usuarios de r/independentspain). Sin embargo, y por ello mismo, el disco suena mucho mejor de lo que Aiko el grupo han sonado nunca.
Lo han grabado con Santi Garcia en Ultramarinos Costa Brava, y por fin se distinguen tres voces donde antes había una bola de puro rock. Sigue habiendo ecos a Joanna Gruesome, con sus alaridos en mitad de estrofas dulcísimas; pero ahora la mezcla deja oír quién canta qué, y en “ni todo ni nada” las tres se reparten el espacio en lugar de pisarse. “cuándo un min??”, sobre una vida que no deja ni un minuto libre, es la canción más feroz del disco; en “Paciencia” las malas noticias caen como meteoritos y ellas convierten el parte de daños en estribillo; “Oda a la muerte de nuestro amor” arranca al piano como un responso y termina, como siempre, en rabia, y “espectro” baja el tempo para que los teclados de Bárbara lo ocupen todo mientras hablan de lo que queda después de crecer en una casa fría. “Suspiria” toma prestado el título de la película de Dario Argento (1977) para retratar a alguien con forma de persona y nada dentro.
De Bratmobile sacaron la canción de dos minutos que funciona como una notita de las que se pasan los niños en clase; de Helen Love, los riffs ramonianos sobre teclados de juguete; de Shonen Knife, ese pop-punk que versa sobre cosas pequeñas. En casa, la línea pasa por el indie pop de Juniper Moon, el surrealismo doméstico de Vainica Doble y el sarcasmo impasible de Los Punsetes. El resultado es un chicle con una cuchilla dentro, y los títulos en minúscula, los signos de interrogación dobles y el costumbrismo de grupo de WhatsApp siguen intactos. Aun así, sonar mejor que nunca no garantiza nada en un circuito donde solo el 22% de los artistas programados en festivales españoles en 2025 eran mujeres. Para dejar de parecerte a ti misma por culpa de la fama, primero tienen que dejarte ser famosa. Mientras tanto, “Señales brutales” hace lo único que depende de ellas: ser Aiko el grupo con las mismas bromas y la misma rabia, pero con mejores medios. ∎