Álbum

Greg Freeman

All Set The Bone › Transgressive-[PIAS] Ibero América, 2026

Si en los últimos años hemos comprobado in situ cómo el country ha dejado de ser lo que era, es parcialmente por culpa de figuras como Greg Freeman. La nueva canción americana ha venido para quedarse y discos como “All Set The Bone” dejan claro que no hay vuelta atrás. El de Vermont ya venía presentando una revisión muy sui generis del folclore yanqui a través de piezas recientes e indispensables como “Burnover” (2025), pero en esta, su tercera acometida en larga duración, hace saltar por completo las costuras de todo cuanto presuponemos sobre el género en cuestión.

Su post-country, si es que existe tal idea, eleva aquí la apuesta al conjurarse con la mano experta de un productor como John Congleton, nada menos, atiborrando con ello la factura a base de guitarrazos bien dados y distorsión a degüello. Entre la culpa y la perplejidad, Freeman sí remite en sus letras a la iconografía canónica de la música de raíz; toma apuntes del natural apocalipsis moderno, convirtiendo las pequeñeces más ordinarias en un inesperado examen de conciencia: “I couldn’t pick my Toyota out of a lineup / Lost in the uniformity of violent death”, se desgañita en algo parecido a un garage rock de principios de siglo en “Totaled”.

De hecho, por falta de referentes no será. Freeman disimula lo justo la herencia de unos The Rolling Stones rearticulados en “Cahokia” y del nasal y agudo Frank Black en los momentos más vulnerables del libreto. Deambula por el costumbrismo macabro de Modest Mouse y nos muestra las heridas sin curar en “Withdrawn” como si fuera un Jason Molina contemporáneo. Pero hecha esta salvedad, y para ser justos, el cantautor norteamericano sabe cómo jugar sus cartas para que la referencia nunca termine de tapar del todo la acusada personalidad de su entrega y termine manteniéndose por encima de cualquier latitud ajena.

Además de su particular forma de dinamitar el cliché desde dentro –con una “Marooned” que traiciona su condición de balada acústica por un inesperado ruidismo machacón– y de exhibir músculo en lo que a hibridar códigos se refiere –insuflando inmediatez pop al rock’n’roll en “Indu” o revistiendo de urgencia punk el sonido de un órgano Hammond en “Next To Nothing”–, la palabra sigue siendo su munición más certera. Es a partir de los enigmáticos y elocuentes versos de “Decade” –“History rubbernecks at each of our darkening thoughts”– donde el músico acredita su tan involuntaria como aguda facultad para sentar cátedra sin pretenderlo. Entre la precariedad cotidiana, el naufragio de los afectos, el agotamiento cultural y la impresión de haber heredado un mundo en franca descomposición, el amigo Freeman retrata el presente con una puntería de cronista que ni queriendo. Para nuestra fortuna y desgracia, claro. ∎

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