Álbum

Leon Bridges

Happiness Anytime › Columbia-Sony, 2026

Por caprichos de la vida, acabé el viernes 20 de marzo de 2015 en el St. David’s Historic Sanctuary de Austin (Texas), asistiendo a un concierto con cuatro nombres en el cartel. Dos de ellos no me interesaban, pero los otros dos sí. Estos últimos eran Laura Marling y Leon Bridges. La británica ya venía con galones (había ganado un Brit Award en 2011 por Best British Female Solo Artist y también había recibido otro par de nominaciones en 2012 y 2014), tenía cuatro discos publicados y el quinto salía la semana siguiente, pero el runrún en la sala lo provocaba el estadounidense, que estaba en boca de todos en calidad de the next big thing del retrosoul: su disco de debut, “Coming Home”, no iba a salir hasta junio de aquel año, pero el primer single, el que le daba título, había entrado en febrero en el top 10 de canciones más virales de Spotify. Sí, a Bridges se le esperaba con ganas aquel viernes, en plan “como explote como dicen no vas a volver a verlo en directo en un aforo para solo trescientas personas, avisado estás”. FOMO antes del FOMO.

Aquel concierto de Leon fue la hostia y nos dejó más que convencidos: pues sí, va a ser que va a explotar como dicen. Y lo hizo aquella misma primavera: para ‘The New York Times’ ese primer LP suyo fue “Album To Look Forward From Texans”, ocupó la portada del número de mayo de la revista ‘Forth Worth, Texas’ (la ciudad donde creció), el tema “Coming Home” sonó en un anuncio del Apple iPhone 6, su debut en Londres de aquel mayo se saldó con un sold out (el aforo, setecientas personas) y en septiembre la demanda le hizo volver (ahí el aforo ya era de dos mil). A nadie le extrañó que “Coming Home” fuera nominado meses después en los Grammy en la categoría Best R&B Album (ganar estaba complicado si el jurado que deliberaba no deliraba, porque quien venció, palabras bien mayores, fue el “Black Messiah” de D’Angelo And The Vanguard).

¿Por qué digo ahora todo esto, echando la vista once años atrás? Porque escucho este flamante “Happiness Anytime”, su quinto álbum, y me pregunto a dónde se ha ido aquel Bridges, porque este, el actual, no me parece la hostia y me sabe descafeinado. Y de la misma manera que el café con cafeína es un estimulante natural, el descafeinado casi no estimula. También es menos amargo e intenso: entra fácil, se nota menos. Como mucho podría decirse que “Happiness Anytime” es bajo en cafeína, si lo de descafeinado parece un palo demasiado severo. Buenos acabados, buen sonido, precisión perfeccionista, pero todo como maquinal. Como de catálogo de agencia de viajes (hay guiños al afrobeat nigeriano en “Light The Way” y en “Illusion”, a la bossa nova brasileña en “All Day, All Night”, al lovers rock jamaicano en “Take My Hand”).

Empeñado en no repetir la estética, en forma y fondo, de cuando apareció en 2015, algo que ya empezó a vislumbrarse en su segundo disco, “Good Thing” (2018), con el objetivo de no acabar convertido en un mero intérprete retro de época (y también, claro, con el de expandir su público), Bridges parece empeñado en ir cambiándose de camisa, disfrazándose para ello primero un poco de Bruno Mars, luego cogiendo algo de Frank Ocean y arrimándose con dos EPs compartidos a Khruangbin, a continuación por qué no hacerlo con Tom Misch o Gnarls Barkley (serían los casos de los temas “Tears Of Joy” y “Your Love Is Electric” de este “Happiness Anytime”) para así irse rebozando de cierta pátina moderna. En este nuevo álbum esa pátina llega sobre todo porque los elegidos para ejercer de productores han sido Lydia Kitto y Josh Lloyd-Watson, dos tercios del trío londinense Jungle, con la misión, por lo que cuentan, de hacernos cimbrear el cuerpo con sus grooves.

Pero ¿y esa capa más profunda que hace que algo se te quede grabado hasta los huesos y no se lo lleve el viento por donde ha venido, ese algo que once años después te hace escribir que un concierto fue la hostia? ∎

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