Aquí hay mucha calle. Mucho conocimiento. Mucha sensibilidad. También mucho oficio. Es un debut, pero no lo parece. Fundamentalmente, porque Lluki Valverde (Espolla, Girona, 1996) acumula un nutrido bagaje previo. Y porque es bastante más que el saxofonista de La Ludwig Band. Por esa misma razón, esto es mucho más de lo que cabría esperar de un disco de, pongamos por caso (perdón: es la coordenada apriorística más obvia), Clarence Clemons. No volveremos a mentar la sombra de Springsteen, ni tampoco la de Brian Wilson, porque lo que hay en este primer álbum a su nombre (tras el EP “Bo amb mi, bo amb tu”, de 2023) tiene mucho más que ver con Gato Pérez, Albert Pla, Pau Riba, Peret o Sisa, pero desde una perspectiva inequívocamente contemporánea: basta echar una leída a sus textos o un vistazo a esos títulos de canciones que mezclan de forma caótica las mayúsculas y las minúsculas. Es actual y clásico a la vez.
Se nota también que Lluki es actor y dramaturgo, porque sabe muy bien cómo orquestar una puesta en escena y plasmarla en una composición musical de tres o cuatro minutos. Con su ambiente, con sus personajes, con su trama. Y dotarla del pulso narrativo y del arrojo interpretativo requeridos. Es un magnífico contador de historias. Que se alimenta de las vivencias propias de un joven de treinta años, pero también de problemáticas de esa Barcelona que se debate entre la gentrificación turbocapitalista e inmisericorde y el anhelo por preservar su proverbial identidad: ahí están los textos de “EL CArmeL” o “El 248 del carrer Navas” (Sant Andreu), inspirada en el suicidio de dos hermanas (de 56 y 64 años) ante el inminente desahucio de su piso en 2024, un suceso que debería haber convulsionado a nuestra sociedad con el mismo vigor que lo ocurrido recientemente con Maricarmen Abascal (ya sabemos que lo que ocurre en Madrid es como si ocurriera dos o tres veces). El disco suena exuberante porque cuenta con una amplia nómina (compañeros de La Ludwig Band, Alba Armengou y miembros de Los Vecinos de Manué, Alosa o Ciutat) y se llama “A la catalana” aunque perfectamente podría ser “A la barcelonesa”, dado el cúmulo de barrios, calles, locales y personajes de la ciudad que emergen en gran parte de sus cortes, conformando una cartografía emocional muy reconocible, que hunde sus raíces en la vida barcelonesa de las últimas cuatro décadas.
Como diría su admirado Albert Pla, no solo de rumba vive el hombre. Aquí tampoco. Ni de ecos laietanos. Porque aunque “L'AmBAixAdA dELs sEnTimEnTS”, “dE toTs eLS cOLOrs” o “La NiT deL VAmPir” remitan a ese molde arrumbadísimo (aunque nunca de la misma manera, y es de agradecer), es justo resaltar la inclinación pop nuevaolera de una “J<3” que se alza sobre el piano, el marchamo de balada de una “VÍctima O BOtxí” que tiene algo que me recuerda a los momentos más tiernos y melancólicos de Els Pets o la querencia latina, caribeña, también ligeramente funk, de una “ÚRINaRIs ÁNGeLs” que me trae a la cabeza al siempre reivindicable Remigi Palmero de “Provisions” (1987). Uno de los valores añadidos de álbumes como este es estimular la curiosidad por testar cómo lo llevan al directo. Lo podrán comprobar quienes se acerquen a la Upload de Barcelona el próximo 12 de noviembre, donde Lluki lo presentará en compañía de Els Ambaixadors de la Bona Onda (Gabriel Bosch, Joel Sánchez, Martí Escobedo i Lidia Facerías). ∎