Sexto álbum y todavía podemos acercarnos a Radiohead con incertidumbres y polémicas. Gran triunfo, por tanto, que no puede sino apuntalar la importancia de una banda que, guste o no, es ya un referente fundamental de nuestra época. “Hail To The Thief” ataja los devaneos experimentales de “Kid A” (2000) y “Amnesiac” (2001). No va más allá en sus fórmulas sonoras, pero las acota en canciones de tres o cuatro minutos con voz inteligible y textos visibles sin que eso implique una accesibilidad mucho mayor. Los de Oxford renuncian ahora a aquella idea de no sonar reconocibles y convierten este disco en un ejercicio de estilo de entramado conceptual, una especie de secuela de “OK Computer” (1997) con giros imprevisibles y atmósfera de paranoia.
Thom Yorke canta a lo largo de todo el álbum con el mismo tono angustiado, y las voces, en general, se hacen flotantes y etéreas como almas en pena pero sin la abstracción psicofónica de “Kid A”. De hecho, estos Radiohead se merecen la etiqueta de “ghost rock” que Glenn Johnson acuñó para Piano Magic y que también se podría atribuir a Low. Más cerca de esos que de Boards Of Canada, construyen un nuevo retrato de un individuo tan servil como desprotegido frente a una máquina depredadora, un manifiesto nihilista, confuso y en clave que, en lugar de ser “Radiohead contra el imperio del mal”, se convierte en “Radiohead sufriendo en el imperio del mal”. A tal efecto, parecen actualizar tradiciones como los cuentos de monstruos, las parábolas sociopolíticas desarrolladas en el cine expresionista alemán (las referencias al vampirismo son frecuentes) o la ciencia ficción (sección ultracuerpos y abducciones varias).
Dentro de un lenguaje aparentemente desestructurado, se alternan un recorta-pega de lo más contemporáneo, lirismos abiertos a la manera de Michael Stipe y algún juego de palabras retorcido a lo Lewis Carroll (“A Wolf At The Door”) junto a mensajes increíblemente explícitos (“I Will”) e incluso algún destello de optimismo (“Sail To The Moon”, “Scatterbrain”). Nada de esto se hace excesivamente nuevo, pero la banda administra los recursos con inteligencia y efectividad y obtiene momentos de altura máxima, entre lo misterioso, lo hipnótico y lo asfixiante, en “Where I End And You Begin”, “There There” y “Myxomatosis”, cumbres de una obra que, aunque pueda das la sensación de ser más de lo mismo, se hace vigente y necesaria por su carácter de banda sonora de un mundo incomprensible. ∎