Escuchar música nueva en las plataformas de streaming que no llevan asociados vídeos musicales, sin leer prensa musical –ni críticas de discos, ni entrevistas con los músicos–, ni haber asistido a directos del artista en cuestión, puede llevar a impresiones incompletas, cuando no erróneas, por la ausencia total de contexto. Algo de esto le debió suceder al músico de country Charley Crockett al contratar como teloneros para su gira a Twin Temple. Escuchar la dulce música retro del dúo, con aires de doo-wop, country y melódico rock de los cincuenta, para, más tarde, encontrarse en el escenario con la imaginería gótico-satánica del grupo, incluyendo grandes cruces puestas del revés, evocando al anticristo, fue demasiado para Crockett, que decidió prescindir de ellos en su gira por la América profunda. Y es que en Twin Temple el contexto es fundamental. Formados en Los Ángeles en 2017 por el matrimonio Alexandra y Zachary James, sorprendieron por utilizar una imaginería más propia del after-punk de corte gótico, o de ciertas bandas de doom o heavy metal, asociada a la fidelidad absoluta a la música de leyendas como Roy Orbison o Buddy Holly. En las letras mencionaban a Satán, Lucifer, vampiros o la muerte, en ocasiones desde una clara perspectiva de cómic, pero, ojo, en otras con mayor osadía, dada la conservadora idiosincrasia de su país, los Estados Unidos, y más aún entre los aficionados a sus puristas estilos musicales. De hecho titularon su anterior álbum “God Is Dead” (2023), con “Burn Your Bible” como tema de apertura. Esto les granjeó insultos y hasta amenazas de muerte en redes sociales por parte de individuos ultracristianos. Inasequibles al desaliento han vuelto a la carga, creyentes en la libertad de expresión por encima de todas las cosas.
Si sus anteriores álbumes los grabaron en un estudio casero y su emulación del muro de sonido de Phil Spector o del rock’n’roll de Sun Records sonaba tan apasionada como imperfecta, en este se han puesto en manos de Shooter Jennings –sí, es hijo de la leyenda country Waylon Jennings– en su bien equipado estudio Snake Mountain en el complejo de grabación Sunset Sound en Hollywood. Además, ya puestos, contaron con una orquesta de 37 músicos; de esta forma, han conseguido un sonido más depurado y grandilocuente para acentuar el drama de su lírica. En estos tiempos en que no pocos ensayos y artículos han puesto en solfa los efectos del amor romántico, ellos le cantan a la forma más apasionada y visceral de amor. En el tema titular, un baladón a lo Lesley Gore, Alexandra pide a su amante una devoción a lo Romeo y Julieta, es decir, al que sobreviva al otro, solo le quedará el suicidio. En “Possesed”, bajo el influjo del highschool pop de los cincuenta –The Penguins, The Chantels, Paul Anka, etc.–, la mirada es más luminosa, celebrando estar poseída por el amor hacia su partenaire. En “Love You To Death” vuelven al lado oscuro, de la mano del espíritu de Patsy Cline, y la confesión de haber asesinado a su amado por flirtear con otra. En esta ocasión, no les ha hecho falta recurrir a las figuras icónicas del mal para cargar las tintas, solo aparecen referencias a una casa encantada por fantasmas en la spectoriana “Someone In The Walls” y al nocturno vagar vampírico tras la pérdida del amor en “Monster”. Cierra otra desesperada balada con un ligero aroma country –el alma de Ricky Nelson, de nuevo la Cline o Roy Orbison emerge de los altavoces–: “Nothing Matters”, nada importa tras la pérdida del amado, sin ningún deseo de salir del pozo, solo vivir en la desesperación hasta el fin de sus días. Lo cierto es que todo es de otro tiempo en el mundo de Twin Temple, un romanticismo profundo sin cinismo posmoderno, el cultivo de una imagen y una iconografía propia y un apego por el pop por el que Nik Cohn escribió su mítico “Auambabuluba Balambambú” (1969), aquel pop que, según él, arruinó, entre otros, Bob Dylan y su carga de profundidad lírica. No hay intento alguno de aportar actualización en lo musical. A los únicos artistas contemporáneos, fuera de la música de nicho, a los que se pueda asemejar su actitud, sería a lobos solitarios como Richard Hawley u Orville Peck, pero hasta estos suenan modernos a su lado. Qué más les da. Total, según Cohn, todo esto debería haber terminado en 1966. ∎