Durante esta gira hiciste una presentación especial en la Ópera Nacional de París con el Colegio del Cuerpo de Cartagena. ¿Cómo fue esa experiencia?
Sí, estuvimos junto a los bailarines del Colegio del Cuerpo de Cartagena de Indias, apoyando el lanzamiento de la marca de ropa colombiana Baobab en la Semana de la Moda de París. Por un lado, estar en un teatro de ópera, en un espacio donde se viva la música clásica, no es algo extraño para mí. Desde 2020 vengo haciendo conciertos con orquestas sinfónicas y canto en teatros de ópera, así que para mí era normal, y por eso elegí temas de mi propio repertorio. Pero cuando salí del escenario y fui detrás, estaba todo el equipo llorando, los bailarines llorando, todo el mundo llorando. Y yo dije: “Pero ¿por qué?”. Tener esa reacción fue muy emocionante. Me hicieron llorar a mí también porque es cuando uno se da cuenta de que hicimos historia como compañía. No fue solamente una presentación de Lido Pimienta, sino una presentación junto al Colegio del Cuerpo de Cartagena, apoyando la colección y el debut de una marca colombiana en la Semana de la Moda de París. Estamos todavía flotando con el éxito de la producción y esperando que más cosas así puedan ser posibles. ¿Quién mejor que la gente indígena y negra para ocupar esos espacios y crear algo sublime?
Vives entre Canadá y Colombia. ¿Cómo has logrado construir tu vida así?
Es que siento que nunca me fui de Colombia. Cuando estoy en Canadá, estoy en modo familia, atiendo mis cosas, pero estoy superpendiente de estar aquí para mis hijos. Cuando voy a Colombia, me llevo mucho trabajo y también tengo allá a mi otra familia. No me siento extraña en ninguna parte. Creo que esa es la respuesta perfecta. Obviamente, cuando voy a Canadá el invierno es difícil. Tiene mucho poder estar en el mar. La cultura aquí es full fría. A veces a uno le da esa añoranza de volver a estar allá, en ese calor humano y con esa calidad humana. Pero al mismo tiempo ya he aprendido a apreciar en dónde estoy, a tomarme lo mejor de cada lugar y aprender de cualquier sitio.
Tu carrera a nivel internacional se ha impulsado desde Canadá, fuera de los circuitos que suelen asociarse con la música latina. ¿Qué encontraste allí que te permitió construir tu propio camino?
Yo hubiera podido irme a Nueva York, a México o a Los Ángeles, pero encontré un sitio acá, una comunidad, un sistema. Aquí tuve a mis hijos y he aprendido a moverme muy bien como persona. Volver a hacer otra mudanza no es necesario. Con mis amigos de Canadá hacemos música todo el tiempo, colaboramos, nos apoyamos, hacemos festivales, exhibiciones de arte y discos juntos. En todos mis álbumes hay gente de Canadá y de Colombia, y en “Caribenya” incluso hay gente de Puerto Rico, de Argentina o de República Dominicana. El retorno para mí será a Colombia, cuando ya pueda estar allá permanentemente. Eso seguramente será cuando mi hija cumpla la mayoría de edad. Mientras tanto, estamos acá. Voy y vengo, y tengo ese gran privilegio de poder estar en varias escenas.
¿Te sientes cómoda con que te definan como una representante del Caribe en el mundo o prefieres verte como una artista universal?
Yo soy orgullosamente caribeña. Me da mucho orgullo representar al Caribe, representar a La Guajira, a Barranquilla, a Colombia. Siento que somos un país que es tan hermoso, tan sublime a pesar de las problemáticas que tenemos. Yo no me escondo de las cosas que me hacen ser quien soy, de los territorios que me vieron crecer, de los palos de mango que me enseñaron a cantar. Para mí, todo esto es natural. Nada del discurso de Caribe de Lido Pimienta está fabricado. Y por eso no me da pena ni me molesta que me denominen artista caribeña.
Has contado que algunas oportunidades en la música no te convencieron porque implicaban ceder parte de tu autonomía. ¿Cómo has aprendido a establecer tus límites dentro de una industria musical que te empuja a seguir creciendo?
Tanto los artistas de Canadá como los de Colombia, el 99,9%, quiere alcanzar la fama a toda costa. En Canadá todavía quedan –aunque están desapareciendo– ciertos sistemas de protección social que garantizan la cobertura de derechos básicos. Muchos músicos tenemos la oportunidad de sobrevivir económicamente aunque no hagamos música ni demos conciertos durante todo el año. En mi caso, llegué a escenarios y plataformas internacionales por coincidencia y suerte. Nunca me lo había planteado, ni siquiera sabía cómo funcionaba esta industria. Para poder mostrarles a los demás lo que estaba haciendo, subí mis canciones a MySpace. Julieta Venegas las escuchó, le gustaron y, a partir de ahí, una cosa llevó a la otra. Pero no fue algo como “me estoy preparando para esto y voy a entrenar mi voz para conseguirlo”. Me han llegado oportunidades, algunas sumamente grandes, que por supuesto he sabido aprovechar. Sin embargo, en otras, cuando lees el contrato y te dicen que vas a pertenecerle a alguien, me echo para atrás. ¿Por qué? Para mí, la música es uno de los tres trabajos o expresiones artísticas que me dan sustento. La música no es una obsesión ni es el vehículo que tiene que proporcionarme todo lo que necesito. También tengo una práctica plástica y otra dedicada a la escritura. Esas otras facetas hacen que yo esté bien en el mundo.
¿Hay algo que te quede pendiente y que quieras hacer en relación con ese universo de música colombiana y caribeña?
Lo que me queda por hacer es lanzar el último disco de El Sexteto Tabalá en San Basilio de Palenque, el último que grabó el maestro Rafael Cassiani antes de morir. Tengo una relación muy cercana con el sexteto desde que tenía 13 años, y siempre he querido ayudarlos, ser parte de ellos y de su música. Cuando el maestro ya estaba muy enfermo, yo tenía muchas canciones y las grabamos. Pronto vamos a poder organizar ese paquete sonoro y ponerlo en el mundo en honor a ese maestro de la música colombiana que fue Rafael Cassiani. ∎