DisneyShak! Foto: Borja B. Hojas (Getty Images)
DisneyShak! Foto: Borja B. Hojas (Getty Images)

Concierto

Shakira y su Macondo Park: cien años de publicidad

Doce noches en Villaverde, un estadio con su nombre y un Macondo de casetas patrocinadas alrededor. Shakira cierra en Madrid –desde el 18 de septiembre hasta el 11 de octubre– la gira más taquillera de la historia latina con un show donde la ruptura se convierte en su marca personal y el desamor factura, repasando casi treinta años de hits. Asistimos el domingo 20 de septiembre al Estadio Shakira.

Harry Styles está haciendo una residencia de 30 fechas –del 26 de agosto al 31 de octubre– en el Madison Square Garden de Nueva York. En junio, Bad Bunny hizo diez conciertos en el Estadio Metropolitano de Madrid: es la residencia más larga de un artista en ese estadio y una de las mayores en la historia reciente de España. “Las mujeres ya no lloran World Tour” es la gira más taquillera de la historia de la música latina, pese a que Madrid es la única parada europea del tour: desde el 18 de septiembre hasta el 11 de octubre, Shakira realizará doce fechas en nuestro país, dentro del recinto del Mad Cool, que, para la ocasión, ha sido rebautizado como “Estadio Shakira”. Las imágenes que ilustran este texto fueron tomadas en el primer concierto del ciclo.

Con los grandes artistas realizando residencias como si de DJs se trataran, parece que estamos ante el inicio de un nuevo formato que no hace más que poner un poco más de trabas al acceso a la cultura y rompe el tejido musical de nuestras ciudades: la entrada media de las cien mayores giras del mundo subió un 41% entre 2019 y 2024; ese formato premia al que ya es descomunal mientras asfixia al circuito intermedio. A diferencia del resto de artistas mencionados, el Macondo Park del Estadio Shakira es una feria plagada de casetas en la que los stands publicitarios se venden como si fuesen una experiencia a vivir; y luego ya el concierto. Hay un club de lectura de Penguin Books, una carpa con decorados de cartón pluma patrocinada por Disney y pensada para los más pequeños o un stand de Goiko que parece una discoteca. Los conciertos de los artistas invitados –este fin de semana, Santos Bravos o Lia Kali, entre otros– tienen una duración aproximada de 40 minutos. Estábamos cansados de los macrofestivales y ahora los artistas van a dejar de girar para organizar también su macrofestival. Este se supone que es el Macondo que imaginó Gabriel García Márquez, pero en los tiempos del capitalismo tardío.

Loba. Foto: Borja B. Hojas (Getty Images)
Loba. Foto: Borja B. Hojas (Getty Images)

La gira toma el nombre de su colaboración con Bizarrap, aquella en la que Shakira hablaba de su ruptura con pelos y señales y que se ha convertido en su mayor hit reciente. Terminó el show con ella, por supuesto, mientras llueven billetes impresos con la cara de la cantante –también conocidos como shaki-dólares– porque el concepto de esta nueva etapa es que las mujeres empoderadas ganan dinero y superan sus rupturas sin llorar. Por ello, el concierto está plagado de visuales en las que la colombiana renace de sus cenizas en una versión cíborg y menos sensible, convierte sus lágrimas en diamantes, baila como un robot en “La fuerte” o se acuesta con uno en “Te felicito”. Las referencias son obvias: “Me dicen, Shaki, con qué cara te fuiste y con qué cara viniste…”, dice a escasos minutos del comienzo del concierto, por si alguien no había captado que en estos últimos años no ha atravesado el mejor momento de su vida ni de su carrera. Reivindica la soltería y a las madres solteras en “Soltera” y hay un instante que roza lo grotesco: en las pantallas aparece una loba abandonada por un lobo y con dos lobeznos a cuestas, preámbulo de “Acróstico”, que canta mientras Milan y Sasha –13 y 11 años, sus hijos– ocupan –también cantando– dos pantallas más grandes que el salón de mi casa.

Por lo demás, un superespectáculo total, porque a estas alturas todo concierto grande está obligado a serlo: estímulo sin tregua, ni un segundo muerto. Shakira tiene tantos hits que no le caben en el repertorio, así que los enlaza en mashups –“Las de la intuición” con “Estoy aquí”, “Inevitable” con “Si te vas”– y recorta casi todo para el evento, incluidos algunos de sus mayores éxitos como “La tortura”. A mitad de show anuncia que la soltería la ha reconectado con la Shaki de siempre y proyecta vídeos de la época del álbum “Pies descalzos” (1995), antes de volver al presente: se cambia de ropa una decena de veces, hace pole dance en una S gigante, se sienta a la batería en “Can’t Remember To Forget You” y se da un baño de masas nada más empezar. Como novedad, Laura Pausini se ha subido a cantar “Antología”.

Cada dos por tres, Shakira hace la uve con los dedos –el signo de la paz, o de la victoria– que Gerard Piqué dedicaba a la grada al celebrar sus triunfos: uno de los gestos más representativos de esta etapa de ruptura y empoderamiento, el desamor reconvertido en bandera. Y de banderas va la cosa: Shakira quiere unir a toda Latinoamérica en un mismo show –hay una proyección con todas las banderas de Latinoamérica, España incluida, durante “Girl Like Me”–, pero, sobre todo, a todas las mujeres. Cita a Isabel Allende –“las mujeres solas son muy vulnerables, las mujeres juntas son invencibles”– y el estadio ruge. Puede ser. Pero, Shakira, creo que tengo bastante más en común con el currelilla que me pone las cañas en el bar de abajo que con la mujer que más factura del planeta Tierra. ∎

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