Fat Dog, jolgorio global con Joe Love al frente. Foto: Sergi Paramès
Fat Dog, jolgorio global con Joe Love al frente. Foto: Sergi Paramès

Festival

Soundhood SON Estrella Galicia, nuevos clásicos para el barrio

El festival Soundhood se define como una experiencia que reúne música en directo, gastronomía y cultura cervecera en las salas, bares y tiendas del barrio, en este caso, en Barcelona. Durante la tarde del sábado 17 de octubre, tuvieron lugar diferentes showcases de bandas nacionales –Joia, Carlota Flâneur…–, con acceso limitado, en tiendas y locales distribuidos por distintos vecindarios de la ciudad. El plato fuerte del festival llegó por la noche con un triple concierto –Honeyglaze, Fat Dog y Mandy, Indiana– en la sala Paral·lel 62.

Los londinenses Honeyglaze fueron los primeros en aparecer sobre el escenario de Paral·lel 62. Con su segundo álbum, “Real Deal” (2024), han emprendido nuevos caminos musicales, al incorporar la distorsión a su paleta sonora y exponiendo sin tapujos, a través del post-punk y el indie rock, la colisión emocional que supone el paso de la vida universitaria a la adulta, con toda la frustración y angustia que puede llegar a acarrear. Sentimientos que saben trasladar a su directo, como demostraron en “Cold Caller”, canción que progresa arrastrando al oyente desde la contención hasta la intensidad, algo en lo que Anouska Sokolow, cantante y guitarrista del grupo, tiene mucho que ver, modulando su versátil voz según la emoción que quiere transmitir. La actuación basculó entre la intimidad cercana al bedroom pop de las canciones de su primer álbum y la angustia post-punk del segundo. A mitad de la actuación, el bajista Tim Curtis preguntó al público por su película favorita, algo que serviría de introducción a “Movies”, tema que ilustra esta evolución desde el minimalismo y el susurro hasta la intensidad. Terminaron una remarcable actuación con dos de los temas más celebrados de su último disco, el pop contagioso de “Pretty Girls”, que esconde una reflexión sobre el hecho de no encajar dentro de la “normalidad”, y el afilado sarcasmo ante el mansplaining de “Don’t”. No deberían perderles la pista.

Honeyglaze, indie rock con proyección. Foto: Sergi Paramès
Honeyglaze, indie rock con proyección. Foto: Sergi Paramès

Mandy, Indiana no se andan con medias tintas, la experiencia de escucharlos en directo acaba siendo algo puramente visceral. La inicial “Pinking Shears” marcó por donde iría la cosa: el fraseo de la cantante Valentine Caulfield, junto al repetitivo sonido industrial de las líneas de bajo y a una guitarra distorsionada que se desboca conforme avanza el tema, reflejando la angustia y la incertidumbre de los tiempos en que vivimos, resulta hipnótico y asfixiante a la vez. Los temas del cuarteto son absolutamente políticos, así como su actitud sobre el escenario. Caulfield no deja que el público olvide que, detrás de la distorsión experimental y los ritmos de baile de sus canciones, las letras buscan la reacción ante las injusticias y la deriva del mundo actual. “Ill Ask Her”, uno de sus pocos temas en inglés, trata sobre la violencia sistemática contra las mujeres; “Ist Halt So”, sobre la pasividad de los países europeos ante el genocidio en Gaza. Entre medio de ellas, “Dodecahedron” convirtió la sala en un pogo tribal, con Valentine al mando en el centro de la pista. El inicio de la “atmosférica” –pasada por el tamiz del noise industrial– “Iron Maiden” vino acompañado de problemas técnicos que la banda encajó bastante bien, ataque de risa de la vocalista incluido. El incidente se olvidó rápido al sumergirse de nuevo Valentine entre el público hasta el final de la actuación con varios de los temas más frenéticamente bailables de su repertorio, “Magazine”, “Alien3” y “Cursive”. Tras abandonar el escenario, Caulfield reapareció en solitario para despedirse con una versión del “The Day The Nazi Died” de Chumbawamba.

Valentine Caulfield liderando Mandy, Indiana: política de baile. Foto: Sergi Paramès
Valentine Caulfield liderando Mandy, Indiana: política de baile. Foto: Sergi Paramès

¿Un descanso después del frenesí final de Mandy, Indiana? ¿Perdón? Fat Dog estaban esperando para rematar la noche con una locura de actuación sin apenas momentos para el respiro. “Smile And Wave” puso el escenario patas arriba para empezar, y de ahí no bajaría el listón, encadenando electro-punk, dance, rock eletrónico, EBM, synthpop, klezmer acelerado, techno y cualquier estilo musical que les sirva para alimentar la HAMBRIENTA batidora que da forma a sus arrolladores temas. Apenas llevaban 15 minutos de actuación y el caos de “King Of The Slugs” había convertido la sala en un pogo continuo: ¿realmente llegó a parar en alguna ocasión? Con “Cancel Me (I’m Tired)” llegaría el momento más puramente –¿se puede utilizar este adverbio al hablar de ellos?, porque tengo serias dudas– dance de la noche, seguida inmediatamente de la machacona “Wither”. El público enfervorecido y la sucesión de temas frenéticos y los pogos, algunos de ellos con integrantes de la banda incluidos, continuaron hasta el clímax final, que comenzó con los sintetizadores de “Go Fuck Urself” y la desquiciada “Bad Dog”.

Fat Dog, verbena y sudor. Foto: Sergi Paramès
Fat Dog, verbena y sudor. Foto: Sergi Paramès
Ya en los bises, Fat Dog bajaron (es un decir) ligera y brevemente la intensidad con “Peace Song”, lo más cercano a una balada que podrían llegar a componer nunca, para acabar de forma épica con una deslumbrante e implacable “Running”. Así acabó la noche, con el público exhausto y con cara de satisfacción, dando por finalizada una excelente edición del festival Soundhood. ∎

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