“Lo que buscamos cuando entra alguien es que encaje con nosotros como persona más que que sea muy virtuoso con el instrumento. Jaime y Cris se han acoplado superbien y eso ha hecho que hayamos podido hacer este disco en tan poco tiempo. Han entendido muy bien el legado que tenía la banda, se han amoldado muy bien a los roles, han participado creativamente en el disco”, explica Cándido. “En ‘Cancionero’ también había improvisaciones de local, pero básicamente el proceso de componerlo me lo comí yo solo. En este ha sido todo lo contrario: ha habido muchísimo ‘feedback’ entre todos, muchísima sintonía y muchas ganas de aportar nuestras ideas”. Jaime, que se sienta a su lado en un rinconcito de la librería musical Perros de Lluvia del madrileño barrio de Lavapiés, asiente, y cuenta cómo él también ha ido aprendiendo a integrar su propia personalidad en las dinámicas del grupo. “A mí al principio me obsesionaba mucho calcar las guitarras de Pedro, el anterior guitarrista, pero al final he acabado aceptando que cada uno tiene su estilo y que ahí está parte de la gracia. Yo llevo ya cuatro años en la banda y aún descubro nuevas formas de tocar, y eso es lo que nos motiva”.
Todo esto que explican no solo se traslada al hecho de que este sea el disco de Viva Belgrado por el que menos tiempo hemos tenido que esperar, algo que preocupaba a Cándido desde hace tiempo: “No quería que volvieran a pasar cuatro años hasta hacer otro disco, que es lo que nos pasa siempre, porque siento que la banda pierde vigencia y que acabamos tocando canciones que ya no representan nuestro momento actual”. Sobre todo se nota en un ánimo brillante, en una intención pop que siempre ha estado impresa en el carácter del cuarteto pero que ahora, quizá, se magnifica. “Quizá por el momento dulce que estamos viviendo nos ha salido hablar de cosas más positivas o desde un prisma más positivo”, trata de interpretar Jaime. “Cada disco lo hacemos de una manera un poco reactiva con el anterior”, explica por su parte Cándido. “En los dos anteriores habíamos hablado mucho de nuestra relación con la industria o con la música, y quizá por desmarcarnos de eso hemos intentado fijarnos en otras cosas. Hay muchas canciones que son celebratorias de la amistad, el amor entre amigos…”.
Además, hay una clave que resulta del todo inevitable: “Me cogí una excedencia de un año en el trabajo para centrarme en la banda, en el sello, terminar el disco… Y, claro, eran todo luces en ese momento, paz, tranquilidad, felicidad. Y me salieron letras más brillantes, sí”. Fuera de la rueda del capitalismo tu perspectiva de la vida mejora un poco, ¿no? Por lo que sea. “Llegó un momento en que sentía que no estaba ni al cien por cien en el trabajo ni al cien por cien en el grupo, muy a dos bandas, con un montón de neurosis, la sensación esta de ahogo en plan ‘no llego’... Y por suerte lo pude hacer de buenas formas y con muchas facilidades. El problema es que en septiembre me reincorporé y ahora estoy destrozado”, dice entre risas. “De hecho un poco peor, porque la banda está muy activa, yo me he ido metiendo en muchas cosas con el sello y el ciclo de conciertos, voy a empezar a editar a otras bandas… En fin…”. No solo eso, a partir de enero, Viva Belgrado va a presentar el disco en una gira de conciertos que, por el momento, ha anunciado estas fechas: en enero pasarán por Valencia (22) y Murcia (23); en marzo tienen conciertos en Vitoria-Gasteiz (5) y Barcelona (19); en abril turno para Sevilla (8), Algeciras (9), Granada (10) y Madrid (24); en mayo tocarán en San Sebastián (14) y Zaragoza (15); y en junio actuarán en el festival Primavera Sound Barcelona.
Falkner, en cierto sentido, representa la facción bastarda del hardcore, como pueden hacerlo ellos mismos por su tendencia siempre hacia lo melódico o Turnstile por sus coqueteos con el indie o los sintetizadores. Productor original de Love Of Lesbian y miembro fundamental de su banda en directo desde entonces, en su momento –a la altura de “Vivalaguerra” (2006)– protagonizó con Standstill una de las grandes traiciones del hardcore nacional y lleva dos décadas reconocido como uno de los productores más disputados del indie. “Nos gusta cambiar y experimentar, alejarnos de lo último… Y contar con un productor de indie era algo que nos daba mucha curiosidad. Que por otro lado no es tan loco por de dónde viene Ricky. Pero, sí, era parte de la apuesta”, confiesa Jaime. Había precedentes, además, como recuerda Cándido: “Berri Txarrak hicieron un disco triple en su 20º aniversario que eran un EP metal, uno punk y uno pop, y la mayoría de los fans siempre decimos que el de pop que hicieron con Ricky (se refiere a “Helduleku guztiak”, contenido en ese “Denbora da poligrafo bakarra” de los navarros que salió en 2014) es el que más mola, así que sabíamos que Ricky podía hacer algo interesante”.
Trabajar con él y con Jordi Mora les ha sumergido en un proceso de grabación inédito para ellos. “Realmente es que ha sido la primera vez que hemos tenido un productor haciendo de director artístico”, explica Cándido. “Santi (Garcia, músico y productor icónico del hardcore español asociado al sello BCore, responsable de todos los trabajos de Viva Belgrado desde que en 2014 saliera el álbum autoeditado “Flores, carne”) tenía que estar siempre pendiente de lo técnico, y aquí Ricky hacía y decía cosas y Jordi ejecutaba, o se ponían a discutir de cosas y de frecuencias que nosotros ni escuchábamos. Haciendo las tomas de voz, por ejemplo, te ponía un vaso de whisky y se preocupaba de que estuvieras cómodo, que te lo pasaras bien y que trataras de olvidar esa presión que a veces te pones de hacer la toma perfecta”. Para las guitarras y otros detalles, en cambio, perfección mayúscula: “Son más limpias y más suaves esta vez, y se nota que en la grabación se puso esfuerzo en que no fueran solo dos guitarras cuchilleras. Estos días, en los que estamos ensayando, me doy cuenta de que en directo suenan más brutas”, confiesa Jaime.
Las dudas de siempre, sin embargo, no se disipan. “Como Ricky empezó a introducir tantas cosas nuevas, mientras lo estábamos haciendo nos parecía una cosa increíble, estábamos como niños, pero ahora lo hemos escuchado tanto que lo acabas odiando un poco, te da miedo cómo se lo pueda tomar la gente… Lo bueno es que el siguiente será diferente y si a alguien no le gusta, pues puede gustarle el siguiente”. Si de algo ha servido esta traición, al menos ha sido para abrirle camino a una nueva generación de fans del género, y eso siempre habrá merecido la pena: “Se nos acerca gente muy joven en las firmas de discos, que nos acaban de descubrir, y creo que ‘Cancionero…’ hizo esto”. Profundizar en su línea melódica es lo que han necesitado para sentir que podían seguir desafiando lo que se espera de ellos: “Importa más con qué ética haces las cosas que el género. Incluso dentro de las bandas de Dischord hay muchísima dispersión genérica, lo que importa es cómo hacen las cosas, el posicionamiento político”, sentencia Cándido en este sentido.
Precisamente esto nos lleva a otra contradicción. Sí, otra más. Viva Belgrado es un grupo que se ha hecho fuerte caminando sobre ese delgado hilo. “Con ‘Cancionero…’ recogimos un poco lo sembrado en ‘Bellavista’ (es el álbum que publicaron en 2020) que fue un poco coitus interruptus con la pandemia, tuvimos que cancelar 50 conciertos, Pedro se marchó…”, rememora Cándido. “Cancionero de los cielos” salió hace dos años pero es el disco más vendido del cuarteto después de “Flores, carne”. Y en cierto sentido ha desbordado el contexto de una banda muy apegada a escenas subterráneas, con poco público y fórmulas autogestionadas. La última vez que fueron a la sala Arrebato, en Zaragoza, abril de 2024: “Se quedó muchísima gente fuera y eso a nosotros no nos mola. Podríamos ir cuatro días y hacer cuatro Arrebatos, pero no tenemos días de vacaciones, no tenemos dinero para estar cuatro noches de hotel allí… Realmente hay una cuestión logística ahí: como el proyecto ha crecido tenemos que buscar espacios más grandes”, afirma Jaime. “Hacemos muchos conciertos en Bonberenea o el Rincón Pío y no tenemos intención de desvincularnos de ese tipo de cosas. Estamos planeando maneras de hacer eventos más pequeños y autogestionados con este disco. No creo que esté mal que de forma honesta la banda crezca como para poder dejar nuestros trabajos, pero al mismo tiempo queremos reivindicar estos espacios donde nosotros hemos crecido, que siempre nos han acogido superbien y que creemos que son importantes para que otros chavales puedan tener un acceso a hacer música y compartirla más allá de su contexto social”, sentencia Cándido.
El disco –y el título del mismo– es clarificador. Esta es la respuesta a un impulso de mirar cerca y de volver a casa: “Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye”. “Queríamos mencionar Córdoba y Andalucía, y por eso las menciones al Guadalquivir, a Julio Anguita o la merienda, pero pasarlo a través del prisma de nuestra cotidianidad. Ya hay muchas bandas anglosajonas y creo que lo que tenemos que hacer es fijarnos en lo que tenemos cerca. Por ejemplo, y salvando las distancias: Los Planetas cuando pasan de los 30 empiezan a mirar al flamenco, J empieza a cantar con acento; Standstill se pasan al castellano y se alejan del post-hardcore… Es como que el viaje empieza hacia fuera cuando eres joven, pero conforme te vas haciendo mayor te das cuenta de que lo más interesante es hacer el viaje hacia dentro”. Esta vez, además, lo hacen sin ninguna intención de luchar. ∎