“Une seule vie”, publicada el 28 de agosto de 2026, es el tercer adelanto del inminente tercer disco de la artista belga francófona Angèle, “Instinct”, previsto para el 16 de octubre. Antes llegaron “What You Want”, junto a Justice –de la que ya hablamos aquí– y “Dis-le”. Su reciente colaboración con Amelie Lens en “run”, en cambio, se ha quedado fuera del tracklist oficial. Situada como cuarto corte del próximo álbum, la canción apunta además al importante peso que tendrá la electrónica en esta nueva etapa, aunque sin perder de vista una estructura de pop muy melódica.
No le colgamos la etiqueta de “revolución musical”. Ni falta que hace. Desde el primer segundo manda una línea de bajo sintetizada contundente, dentro de una producción firmada por la propia Angèle y su colaborador habitual Tristan Salvati, responsable también de la programación y los teclados. La gracia está en el choque de texturas: su voz permanece ligera, dulce y aireada mientras la base se vuelve más rugosa, casi de ciencia ficción. Y hay bastante más recorrido que un buen estribillo repetido hasta nuevo aviso. En el puente, Angèle acelera el fraseo y todo gana otra velocidad. Cuatro minutos inquietos en los que asoma incluso cierto aroma a Soulwax, quienes también participan en el nuevo álbum, concretamente en “Trop”.
El corazón de todo esto es la duda pura y dura. “Qu’est-ce que les doutes ont fait de notre vie?” (“¿Qué han hecho las dudas con nuestra vida?”), pregunta al principio, abriendo un monólogo sobre crecer, decidir y no perderse por el camino. El amor aparece como posible respuesta al vacío, aunque enseguida surge el miedo a olvidarse de una misma. El futuro tampoco ayuda: “Le futur a gâché nos rêves” (“El futuro ha echado a perder nuestros sueños”). De ahí la píldora roja o azul de Matrix y ese “J’sais pas ce que je veux” (“No sé lo que quiero”) que acaba convertido en mantra.
El videoclip termina de llevar al terreno visual todas esas dudas. Escrito y dirigido por el artista plástico francés Thomas Mailaender, que firma aquí su primer videoclip musical, producido por Partizan y fotografiado por Alexander Khudokon, fue rodado íntegramente en 16mm en el sur de Francia. Stop motion, sobreimpresiones, espejos e imágenes impresas construyen buena parte de sus efectos delante del objetivo. Según Mailaender, la idea era que recuerdos y visiones irrumpieran físicamente en la realidad de Angèle, que atraviesa un paisaje industrial y casi distópico en Martigues. En una de las escenas, un grupo despliega una gran lona con una fotografía de la cantante de niña, un detalle que bien puede devolvernos a la memoria la portada de “Brol” (2018), el primer álbum de la cantante belga.
Y en medio de todo aparece la esfera cromada, presente tanto en el vídeo como en la cubierta de “Instinct” y posiblemente inspirada en “Hand With Reflecting Sphere” (1935), de M. C. Escher. Angèle la persigue, huye de ella y queda deformada en sus reflejos. Pero el gran golpe visual llega con el eclipse solar real del 12 de agosto de 2026, filmado sobre celuloide mientras sucedía: un instante fugaz capturado justo cuando la canción habla de una vida que se escapa entre los dedos. ¿El toque macarra para ponerle el lazo? Una motorista girando suspendida de una grúa sobre una moto de cross al atardecer. Un pulso entre el juego temerario y el terror paralizante a equivocarse. Resulta irónico que un tema tan físico y en constante movimiento nazca, precisamente, del vértigo a quedarse inmóvil por pensar demasiado. Nosotros compramos la duda. ∎