Libro

Patrick Radden Keefe

El hijo del oligarca › Seix Barral, 2026

Una de las conclusiones a extraer de la obra de Patrick Radden Keefe (Boston, 1976) es que Zac Brettler hizo lo que muchos otros jóvenes de las grandes ciudades desde que el mundo es mundo, que no es otra cosa que un brindis al sol. El paso del tiempo es tozudo y no se mueve un centímetro para advertir a los candidatos que si juegan a ser Ícaro se acabarán quemando a los pies del dios Sol.

Zac Ismailov –tránsfuga de Zac Brettler– decía ser hijo de un oligarca ruso cuando, en realidad, era nieto del rabino de Londres, al que no llegó a conocer. Lo tenía todo. Por educación y estilo de vida como miembro de una clase acomodada que practicaba el liberalismo –en el sentido de hacer y dejar hacer– que se expresa desde la libertad de acción y de pensamiento, interés por la cultura, la curiosidad ante la vida misma, elementos que fomentan el criterio propio. Bajo estos parámetros, “El hijo del oligarca” (“London Falling”, 2026; traducción de Javier Calvo) es un ensayo con cuajo.

En ocasiones, el periodismo de investigación sube su calidad narrativa hasta convertirse en un thriller sólido. “Una de las razones de que sea tan difícil averiguar con exactitud lo que pasó en Riverwalk es que la noche de autos Zac no era ni mucho menos el único impostor en el apartamento. Verinder Sharma era un matón que se hacía pasar por un benevolente mentor. Akbar Shamji era un diletante que se hacía pasar por un emprendedor de éxito. Y Zac era un simple adolescente que se hacía pasar por un emprendedor de éxito. Todos fingían ser algo que no eran, y todos estaban atrapados en la cultura ostentosa, mercenaria y arribista del Londres moderno”, expone el autor.

Patrick Radden Keefe, ilustre autor de periodismo de investigación en ‘The New Yorker’ desde 2006, recorre la corta vida de Zac en bucles hacia atrás y hacia delante. Esos cambios temporales que podrían marear al lector son uno de sus aciertos. Zac Ismailov, hijo del siglo XXI, era en realidad un estudiante universitario que abandonó la academia por el voluptuoso fulgor de la fiesta del turbocapitalismo que ofrecía Londres.

En su soledad juvenil, Zac quedó hipnotizado por la realidad virtual. El relato incide en que el –ubicuo y oblicuo– algoritmo apuntaló sus aires de grandeza. Zac entró en el lado más oscuro de Londres, un mundo de dinero sucio, corrupción y violencia bajo el brillo del capitalismo global. Mordió el anzuelo y lo pagó caro. Una fría noche de invierno de 2019, el cuerpo sin vida del joven acabó en el Támesis, a los pies de una exclusiva torre de cristal. El reportero examina el caso. También indaga en las extrañas circunstancias que dilataron la investigación oficial, calificada como deficiente.

El poder económico moscovita que dilapidó el estado ruso se instaló en Gran Bretaña con sus carretadas digitales de dinero. El éxito lo es todo. Cómo alcanzarlo es lo de menos. El imberbe empresario jugó a ser aprendiz de brujo, es decir, decidió ser un impostor, disfrutó de la vida loca de la City –un redil financiero y exclusivo sito en el corazón de Londres– hasta que se topó con un sicario que mentía mejor que él.

Los contenedores apilables liquidaron los muelles de Londres. Los grandes buques portacontenedores no podían subir por el Támesis. En los años ochenta, la urbe era la viva imagen de un imperio en el desguace de la historia. La City mudó de piel, ya que pasó del inveterado comercio marítimo a subirse a los lomos de la industria de servicios financieros que ofrecía el capitalismo optimista y aspiracional de los años noventa, como explica el periodista norteamericano. Tres décadas después, “El hijo del oligarca” supone la definición de una evolución hacia el desastre social y político de aquellas prácticas. Londres constata la volátil durabilidad del éxito.

El ensayo de no ficción también reconstruye la historia de los Brettler, Matthew y Rachelle, un matrimonio obstinado que llevó mal la exposición pública, en saber qué condujo a su hijo Zac, de 19 años, a saltar –supuestamente– desde el balcón del lujoso apartamento de un hombre abominable. El autor admite sus limitaciones para encontrar la verdad. “Un fenómeno que perjudica cualquier obra de no ficción es el hecho de que el tiempo puede distorsionar o eludir ciertos recuerdos, o incluso reescribirlos del todo”. Sin embargo, la manera de observar el triángulo que establecen Sharma –el sicario–, Shamji –el impostor– y un Zac Brettler sobrepasado como Zac Ismailov es descrita por la madre del joven como “tres embaucadores vendiendo humo”.

Patrick Radden Keefe sabe leer los tiempos que le tocan vivir. Mejor aún, sabe transmitir el color de los hechos, la intensidad de las consecuencias y el espíritu y las emociones de los personajes que observa. ∎

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