Resulta esperanzador que en el ámbito de las series aparezcan propuestas tan auténticas y sorprendentes como “Pequeños profetas” (2026-). Un proyecto que, dada su singularidad y originalidad, resulta difícil de entender siquiera cómo pudo ser producido por la BBC. Su creador es el actor Mackenzie Crook, conocido por sus papeles en “The Office” (Ricky Gervais y Stephen Merchant, 2001-2003), la saga “Piratas del Caribe” (2003-2017) o “Juego de tronos” (David Benioff y D. B. Weiss, 2011-2019). Además, es creador de series tan destacables como “Detectorists” (2014-2022). Un personaje inquieto y atípico capaz de construir personajes desde lo pequeño, y que utiliza la melancolía y la soledad como una forma de humor. Esto es algo que podemos apreciar en “Pequeños profetas”, cuyo protagonista es un hombre huraño, excéntrico e insobornable llamado Michael Sleep, que trabaja en una especie de Leroy Merlin en Inglaterra. Mantiene una estrecha relación con su padre, interpretado por el legendario actor de los Monty Python Michael Palin, y con una joven trabajadora con la que desarollará una singular y entrañable amistad, porque si algo tiene esta serie es que es entrañable, sin resultar nunca ñoña o simple. “Pequeños profetas” es una propuesta inteligente y desenfadada que logra mezclar hechos sobrenaturales con comedia y sátira social.
Pero vamos a hablar de lo verdaderamente singular de esta propuesta. El protagonista, siguiendo los consejos y los conocimientos de su padre sobre alquimia, decide crear homúnculos, una serie de criaturas artificiales de las que habló en el siglo XVI el alquimista y médico Paracelso, que tienen la capacidad de predecir el futuro o conocer cualquier cosa que suceda en el mundo. Su objetivo es que estos homúnculos le revelen el paradero de su esposa, desaparecida hace años y que todos piensan que está muerta.
A partir de esta singular premisa, la serie se desarrolla a lo largo de sus seis episodios mediante un ritmo pausado que permite conocer de cerca a los personajes o, más exactamente comprenderlos, no simplemente escuchar sus traumas, complejos y frases hechas de escuela de guion. Los vemos en su día a día y también en su ámbito laboral. Un terreno que el director explora con gran sentido del humor a partir de las pequeñas rebeliones que llevan a cabo los empleados, capaces de luchar contra las políticas capitalistas de la empresa y también contra el jefe, interpretado por Crook. La pereza, el escaqueo constante, el desinterés o el tomar el pelo a los clientes se convierten aquí en estrategias para soportar las penosas y largas jornadas laborales. Una historia, en definitiva, sobre personajes marginales y entrañables que recuerda al cine de Aki Kaurismäki pero también a películas como “Local Hero” (Bill Forsyth, 1983).
Otro elemento fundamental es la relación entre padre e hijo, que, en vez de estar construida a base de fuertes conflictos o eternos reproches, se basa en el cariño y en el respeto. Hay así una reivindicación del humanismo gracias a estos personajes, que logran interactuar de una forma positiva entre ellos.
Una comedia sobre la soledad, la esperanza y la lucha, que se disfruta desde su pequeñez y que, frente a la grandilocuencia narrativa reinante, basada en el exceso, destaca por su cercanía y sinceridad. ∎