Álbum

Ezra Collective

Here Because Of Hope › Partisan-[PIAS] Ibero América , 2026

Ironizaba hace años Carlo Padial en su providencial pódcast “Media Offline” que la música negra acostumbra a sonar absurdamente jubilosa pese a su contexto opresivo y vejatorio, al tiempo que la blanca, nacida del privilegio y la holgura, persevera en el gimoteo autocompasivo y estudiado. Los británicos Ezra Collective parecen recoger ahora el testigo de aquella sátira y nos explican el sentido de dicha paradoja en “Here Because Of Hope”, un vitalista álbum dividido en tres partes, colmado de buen rollo y de poliédricas alusiones a la siempre resiliente tradición afroatlántica.

La maestra de ceremonias escogida para acompañarnos durante esta diáspora sonora es la actriz británica Letitia Wright, quien pone voz a tres interludios encargados de situar geográficamente el cometido del volumen. El primero de estos nos traslada a África, punto de partida y origen de esta travesía que arranca con el dub contenido de “Blow Your Trumpet”, se despereza a golpe de afrobeat polirrítmico y ensoñador en “Sweet Echo” y encuentra en “Don’t Worry” y su charanga de pasacalle los motivos para instalarnos en una candidez sin rubor. Antes de poner proa a otros lares, el disco nos concede su primer desvío vocal con Pa Salieu y “Only Love”, una homilía rap y casi espiritual en deferencia al amor como último bastión en este mundo en llamas.

Es en su segundo bloque, el más conseguido, donde el ensamble nos invita a movernos de verdad. Un tributo homérico a la raíz caribeña y a la fuerza colectiva del rocksteady y la cultura sound system que hilvana mucho mejor sus tramos sin caer en el desgaste –de “Birdie Sings” a “The Last Stand”– y corona la francachela con una llamada al regocijo en plural titulada “Well Organised” –a cargo de una Lila Iké que firma entre ritmos de steel pan su particular loa al carácter sanador de la música–. No se quedan fuera de la ecuación los ritmos latinos, pertinentemente cobijados en una abigarrada “El corazón”, que se afana por conciliar bajo una misma partitura el viento-metal de la salsa, las filigranas pianísticas del jazz cubano o el contagioso vaivén de la samba brasileña.

El tercer y último movimiento concluye en su Londres natal, semillero de diversidad que cierra el círculo de este peregrinaje. Llegados a este punto, y sin que ello empañe los méritos de tan ambiciosa empresa, la desmadrada extensión de la misma comenzará a pasar factura al oyente con loops que caen en la inercia virtuosa y cortes vocales que pierden fuerza, aun cuando comparecen en ellos intérpretes de tan alto copete como Leona Lewis. A fuerza de querer demostrarnos todo lo que cabe en su vocabulario, algunas composiciones terminan pareciéndose más a un muestrario de habilidades que a canciones con verdadera razón de ser, obligando a pensar que, quizá, para este viaje no hacían falta tantas alforjas. Claro que, bien pensado, no todos los días se propone uno recordarle al mundo que, a pesar de todo, aún nos queda la música. ∎

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