En la historia de la música existen numerosas colaboraciones estelares que hacen que la música se supere, se reinvente o sencillamente que llegue a sus más altas cotas. Duetos sonados que rompieron esquemas, innovaron y trajeron enormes y cuantiosas alegrías al oyente. Una de esas alianzas hechizantes fue la que se produjo entre Johnny Marr y Morrissey en The Smiths. Pero a veces a los restos de las bandas legendarias les falta algo para que la leyenda continúe.
Con la edad, lo difícil es mantenerse, seguir al mismo nivel –sobre todo si este se encuentra cerca de lo sublime− y conservar la magia. Esto les ha pasado tanto a Marr como a Morrissey. Si bien Mozz ha tenido más constancia a la hora de elaborar una carrera sólida, publicar álbumes con una buena frecuencia −algunos brillantes, otros no− y mantenerse en el candelero, Marr tampoco ha dejado de seguir vinculado a la música, pero quizá con menos visibilidad y protagonismo.
A estas alturas nadie duda de la calidad musical de Marr. Es alguien que, además de haber sido pieza fundamental en una de las banda más relevantes del pop mundial, ha formado parte de proyectos como Electronic (con Bernard Sumner), The The, The Cribs, Modest Mouse, Noel Gallagher, Beck, Pet Shop Boys, John Frusciante, Talking Heads... como músico o productor.
De sus álbumes en solitario, aparte de su proyecto puntual como Johnny Marr & The Healers de 2003, todos cuentan con elementos que demuestran su grandeza como compositor y el porqué de la magia de sus canciones. Algo que queda patente especialmente en “The Messenger” (2013), su primer álbum en solitario, quizá el más notable.
En este quinto largo de Marr conviven la elegancia con melodías vibrantes, pero también encontramos elementos que delatan que va con el piloto automático y restan originalidad al conjunto. Es un álbum más compacto y menos disperso que su predecesor, “Fever Dreams Pts. 1-4” (2022), pero no termina de convencer.
“Spin” es pegadiza, como también lo es “Ophelia”. “Beyond The Sea” me recuerda a los Cure de “Disintegration” (1989) con un estribillo muy Charlatans y un guiño a los Beatles “Magical Mystery Tour” (1967). Los primeros acordes de “It’s Time” me traen a los mejores Smiths, pero luego la canción se pierde en unos coros fútiles o en un estribillo llevado a lo mainstream. El arranque de “In And Out Of Love” es muy Smiths, pero luego la esencia o el destello se pierden. Esto también ocurre en “That Feeling”. Y lo mismo sucede con “How Come”, que en su esqueleto presume de buenas melodías de guitarras pero se disuelve en un estribillo efectista. En “Just Once More”, Marr también recurre a cierta épica manida aunque convincente pero a la que le falta algo para epatar. En “Fire With Fire” acude a un pop de consumo rápido. Cierra el álbum un medio tiempo como “All In A Life”, entre la balada y el medio tiempo con aires de grandeza: los coros finales deslucen la canción.
En definitiva, Johnny Marr sigue teniendo prestancia y talento, eso es indudable, pero lo lleva a lo funcional, a algo que en lugar de llegar a lo extraordinario se queda solo en lo vistoso. Así que estamos ante un buen álbum en las formas, pero que pudiendo ser brillante se queda en lo correcto. Esperemos que Marr aún pueda regalarnos canciones enormes y álbumes con mucha más sustancia. ∎