El nuevo disco de Orville Peck comienza a lo grande. Un coro góspel formado por tres sacerdotisas del country como Allison Russell, Noah Cyrus y Emmylou Harris cantan a capela “Prologue (Eulogy Of A Man Turned Mule)”. En esta solemne introducción que dura menos de un minuto, Peck imagina su propio funeral como un malogrado héroe griego que, sin embargo, “yace convertido en mula”. En lugar de elegir la noble metáfora del caballo en el juego equino que ha venido utilizando durante sus tres álbumes publicados hasta la fecha –“Pony” (2019), “Bronco” (2022) y “Stampede” (2024)–, el llanero solitario de Johannesburgo que se mudó a Canadá con 15 años se rebaja a un sustantivo que connota esterilidad, terquedad y estupefacientes cuando, a fin de cuentas, podría haber cambiado de clase animal y llamarse Ave Fénix. Verán por qué.
“Mule” es una crónica de los infiernos y su segundo corte, “Big Ol’ House”, otra canción trágico-épica que aúna tintes de Erasure (Andy Bell), The Triffids (David McComb) y Johnny Cash: “Voy a otro espectáculo, bebo toda la noche, monto una pelea, me llevo a casa a alguien que no conozco”. Para su cuarto capítulo largo, el sudafricano propone un trabajo entre lo conceptual y el diario personal con un derroche energético digno de Bruce Springsteen en temas como “Already Gone”. En otros, como la atormentada “Ring The Bell”, lo menciona directamente. “Blue Skies” suena al Chris Isaak más oscuro antes de desatarse la furia, y “Rehab Blues” bebe de la tradición carcelaria –Peck estuvo un mes internado en un centro de desintoxicación tras su crisis suicida de 2023– sonando como Randy Newman con Stetson, solo que aquel canta mucho mejor.
“Mule” es un disco de sentimientos transparentes y títulos literales. Peck, que se muestra en la portada del disco en impecables paños menores, carece de la profundidad poética de Townes Van Zandt pero maneja las claves del género –pecado, arrepentimiento, perdón, redención, canción– con maestría, sabiendo que el salto es con red desde que Hank Williams proclamara con arte todos sus vicios. El arreglo de violonchelo de “The Fall” amplía los timbres de “Mule”, y en “Cowboy Heart”, uno de los temas centrales del disco –“Date un paseo y mira lo lejos que has ido, algunas cosas nunca cambian”–, canta como Elvis Presley pero conjurando el fantasma de Jim Morrison en Sunset Strip con la temeridad de quien se ve capaz de domar con su lazo todos los tópicos. Tampoco falta un solo de fiddle en “The Breeze, The Gras, The Mourning Dove And Me”: “Ayúdame a olvidarme de mí mismo, nunca supe que necesitaba ayuda / sentarme y esperar, la historia de mi vida / cansado de volver la página sin nada de mi lado”.
Su reciente EP, “Appaloosa” (2025), nos parece más inventivo en términos de eso que llaman queer country noir contemporáneo y desde luego cinematográfico. Contiene una versión de “Maybe This Time”, una de las piezas que Liza Minnelli, otra víctima notable del alcohol, las pastillas y la cocaína, cantó en “Cabaret” (Bob Fosse, 1972). Peck interpretó en Broadway el papel de Joel Grey durante tres meses el año pasado. En 2024, el vaquero enmascarado y bailarín de formación volvió a demostrar que el country seguía siendo cosa de hombres cantando junto con Willie Nelson el clásico gay de Ned Sublette “Cowboys Are Frequently Secretly Fond Of Each Other”. Mr. Peck no descubre la sopa de ajo pero el sabor que deja “Mule” satisfará a los degustadores del mejor country-pop por ingredientes incontestables como su gran voz o la accesibilidad clásica de las canciones –Jay Joyce es quien produce–. Tal vez algún tema menos hubiese sido mejor para el disco. Pero trece cortes no son tantos y la espera vale la pena: en “War Of The Worlds” Orville Peck y Daniel Pitout –su verdadero nombre– se enfrentan cara a cara en el OK Corral melodramático de “Mule”, un tema que cerraría por todo lo alto cualquier álbum, pero el artista prefiere hacerlo con su tema homónimo, donde declara: “No creo en Dios, pero rezar es todo lo que tengo y es mejor que la necesidad de desaparecer”. No se puede poner más pasión y confesión a una carrera que no es prometedora sino toda una realidad. ∎