Álbum

Sera Cahoone

I’ve Missed You All These Years › Sub Pop-Popstock!, 2026

¿Qué fue de Sera Cahoone? Parece el título de una conocida película, pero tampoco hay que ponerse dramáticos. Después de “From Where I Started” (2017) y del EP “The Flora String Sessions” (2018), la artista de Colorado afincada en Seattle decidió replegarse en un terreno algo más a oscuras: detrás de la batería. Que nadie hable de plan B. Llevaba con las baquetas desde los 11 años, había marcado el paso en Carissa’s Wierd y Band Of Horses y, mientras su propia firma se desdibujaba un poco, también produjo un par de discos de Margo Cilker y echó un cable a Dean Johnson, entre otras cosas. Y qué alegría que haya decidido volver a publicar un disco con su nombre y que esto de haberse cansado de ejercer de frontwoman no haya sido para toda la eternidad, aunque lo haya parecido.

La realidad es que siguió escribiendo, y con cierta calma elástica, posiblemente sin un mánager respirándole en la nuca. Allá por 2018 se encerró en una cabaña para abocetar estructuras y melodías, todavía mudas. Años más tarde, se aisló de nuevo en Leavenworth, Washington, para rematar las maquetas. Entre un retiro y otro, la vida le pasó por encima: perdió a su padre, Bill, enfermo de párkinson, en plena pandemia y sin poder acompañarlo al final; murieron también su amiga Amy Vanderbeck, y su perro. Había material de sobra para firmar un disco negro y asfixiante, bastante más oscuro que este, que encarecidamente recomendamos hoy.

“I’ve Missed You All These Years” supone además su regreso a Sub Pop, donde publicó “Only As The Day Is Long” (2008) y “Deer Creek Canyon” (2012). Lo grabó de nuevo en el Bear Creek Studio de Woodinville –el mismo donde registró “Deer Creek Canyon”– y lo coprodujo junto con John Morgan Askew, con una banda de lo más interesante en la que encontramos a Jeff Fielder –viejo colaborador de Mark Lanegan– a las guitarras y el banjo; Jason Kardong –su fiel escudero y figura clave a la pedal steel–; Daniel Walker al piano, Hammond y Wurlitzer, y Aaron O’Neil, habitual de la escena de Seattle, a la batería. Todo suena bastante limpio, pero no esterilizado: da la impresión de que las canciones respiran y de que cada instrumento aparece cuando tiene que hacerlo. En el fondo, igual esto podría ser negativo en otro contexto, pero aquí no lo es.

“High And Low” abre precisamente así, sin demasiada ceremonia, con la guitarra acústica y el banjo tirando de una melodía que convierte las subidas y bajadas del título en algo literal. El punteo termina de clavarte esa melodía en la cabeza desde el principio y se te escapa una sonrisa cuando vuelves a los primeros segundos del álbum. Es reconfortante. “Say Something” ensancha enseguida el espacio con el piano y la guitarra eléctrica y deja una de las interpretaciones vocales más abiertas del disco.

“Not How I Hoped” mete la pedal steel alrededor de una relación que ya no es la que era y mantiene la tristeza a raya, sin ponerse particularmente lacrimógena: “So I walked away and said your love’s a joke”. “Pulling Up Roots” cambia el paso con el piano, la pedal steel y cierto aire de bar, y habla de soltar lastre de una versión propia que para ella ya no sirve. El centro más emotivo llega con “Supposed To Be”. Nace de la muerte de su padre y es de las piezas más desnudas del álbum, con un “I miss my father” que va directo a nuestro corazoncito.

A partir de ahí, el disco entra en un terreno mucho más distendido. “Horse Runnin’” nos conduce hacia un country más descarado, “Tangled Nights” mete el Hammond y el acordeón y se acerca a un registro algo más rockero, e “I’m No Fool” baja otra vez las pulsaciones con el Rhodes y la pedal steel. La gran Cahoone lleva veinte años borrando esas fronteras, cada vez menos pronunciadas en la industria, entre el folk, el country, la americana y el pop, y en este disco toda esa mezcla fluye con una naturalidad pasmosa. Por no decir que quizá la inercia de producir a otros la haya llevado a quitar un poquito por aquí, otro por allá, tralalá, y a amontonar menos pistas.

“Something Good” cierra con la guitarra punteada y pequeños detalles cotidianos en sus versos, como “Early mornings I’ll sing for you” o “Put my coffee down by the window”. “I’ve Missed You All These Years” se merece un regreso grandilocuente y esa responsabilidad también es nuestra. Después de casi una década algo agazapada en los créditos de otros y dudando si valía la pena volver a la primera línea, regresa sin aspavientos y termina el disco con un “I must have done somethin’ good / ’Cause baby no one’s ever loved me more”. Claro que sí. ¿Será que igual aquí se cierra el círculo que da sentido al título? Ahora confiemos en que no tarde otros ocho años, que no queremos que ese café se nos enfríe. ∎

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