Álbum

Sophia Stel

the greatest album of all time › A24 Music, 2026

Tiene guasa titular el debut de una artista emergente “the greatest album of all time”. Pero Sophia Stel se vale de esa bravuconería para hacer frente a las inseguridades que acompañan una carrera que ha despegado sin ella apenas darse cuenta. La canadiense, segunda artista en fichar por el sello musical de la productora cinematográfica de moda A24, ha pasado en apenas dos años de moverse por la escena DIY de Vancouver a telonear a Lorde y convertirse en uno de los nombres a seguir del electro-pop de culo inquieto. Su primer larga duración se alimenta de ese vértigo y lo convierte en una fiesta de 47 minutos bañada por la euforia y la incertidumbre.

La música de Stel parece concebida para una pista de baile de iluminación tenue, como si los estrobos estuvieran defectuosos. “On My Dick” abre el disco con un pulso downtempo y una actitud desafiante, aunque bajo esa supuesta seguridad ya asoma el desconcierto de quien todavía no termina de creerse lo que le está pasando. A partir de ahí, canciones como “Molly In The Club” y “Like A Kite” van desplegando una atmósfera electrónica brumosa. Lo suyo no va tanto de buscar drops colosales y más de cómo recrear estados de ánimo. La voz, procesada y deliberadamente distante, es el elemento que da cohesión al conjunto: Stel canta como si estuviera recordando una noche intensa desde la mañana siguiente, cuando la euforia empieza a mezclarse con el cansancio y las dudas.

Ese contraste encuentra uno de sus momentos más logrados en “I’ll Walk”, donde unas texturas orquestales ásperas terminan cediendo ante un ritmo más contundente. La canción habla de sentirse fuera de lugar en Los Ángeles. Un par de pistas más adelante, “I Do” convierte esa sensación de desarraigo en un impulso liberador en clave trance luminoso. En “Bitches Talk Shit”, por su parte, el Auto-Tune pone la guinda a una réplica desafiante a quienes cuestionan su ascenso, mientras que “Now I’ve Got A Lot You Know” deja al descubierto la trampa de perseguir constantemente los momentos más altos para evitar la caída.

Algunas producciones remiten de forma bastante evidente a referentes como The 1975 o la propia Lorde. En ocasiones, el tratamiento vocal resulta más personal que los propios arreglos, y la fórmula amenaza con volverse repetitiva. Aun así, Stel tiene una identidad reconocible y sabe convertir sus contradicciones en el principal motor del álbum. “the greatest album of all time”, en fin, no es ni mucho menos el mejor álbum de todos los tiempos. Tampoco necesita serlo. Esto va más de recalcar la distancia entre esa declaración de confianza y una música atravesada por la duda, entre el deseo de vivirlo todo y la sospecha de que tanta intensidad también puede pasar factura. Un debut irregular, pero con suficientes hallazgos y personalidad como para que merezca la pena seguirle la pista. ∎

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