immy Bradbury (voz y guitarra), Reuben Haycocks (guitarra y voz), Aoife Anson-O’Connell (bajo y voz) y Paddy Murphy (batería y voz), los cuatro integrantes de Westside Cowboy, tienen entre 23 y 26 años, aunque por su aspecto parecen más jóvenes. El grueso de la pandilla se conoció en el Royal Northern College Of Music de Mánchester e hizo sus pinitos en otros proyectos relacionados con la música antes de dar la gran campanada con este grupo.
Todo apunta a que su álbum debut, “It Goes On” (Island-Universal, 2026), acabará copando muchas de las listas de lo mejor del año y que su caché se va a disparar como la espuma. El pasado mes de julio actuaron en el Bilbao BBK Live, donde las crónicas apuntan a que pasaron más bien desapercibidos, quizá porque el álbum aún no había visto la luz. Y de momento no tienen más fechas futuras previstas en el estado español. Pero prueba del estatus adquirido es lo difícil que resulta conseguir una entrevista con el cuarteto a estas alturas. Tras múltiples cambios de agenda de última hora, tuvimos la oportunidad de hablar veinte minutos por videoconferencia con Jimmy Bradbury y Paddy Murphy. Tumbados en un sofá en una habitación exageradamente desaliñada, con piezas de ropa tiradas por todas partes, se mostraron, contra pronóstico, atentos, cercanos y muy habladores.
Formasteis la banda en 2023. ¿Sentís que habéis alcanzado el éxito muy rápidamente?
Jimmy: Sí y no. A veces nos cuesta ver la perspectiva general. A veces sientes que simplemente estás cumpliendo con la rutina y, de repente, un día te das cuenta y piensas: “Bueno, ¿cómo diablos hemos llegado hasta aquí?”. Y últimamente hemos vivido varios momentos así. Pero todos llevamos mucho tiempo trabajando en la música, participando en diversos proyectos y ámbitos, incluso más tiempo del que llevamos en esta banda. Siento que lo que aprendimos en esos proyectos anteriores nos ayudó realmente a iniciar algo nuevo y fresco, y a abordar esta etapa con mayor tranquilidad.
Paddy: Siento que hicimos gran parte del trabajo duro y nos dimos de cabezazos contra la pared con los otros proyectos. Es como... ¿sabes esa situación en la que haces algo para que otra cosa pueda echar a andar? Sí, algo así; nuestros otros proyectos caminaron, tropezaron y cayeron para que nosotros pudiéramos sacudirnos el polvo y empezar a avanzar. Algo que siempre queremos tener presente en esta banda, y creo que es útil pensarlo así, lo dijo una vez Brian Eno: que como músico, o lo que sea, si estás dispuesto a compartir lo que has creado con los demás, ya has triunfado. Eso es el éxito. El hecho de que lo que estaba en tu cabeza ahora esté en el mundo real. Creo que definitivamente compartimos esa forma de pensar. Ahora estamos dando conciertos y, obviamente, es genial: viene gente y tocamos en salas mucho más grandes de lo que jamás imaginamos. Pero, sinceramente, la emoción de tocar en un gran concierto es la misma que sentimos cuando agotamos las entradas por primera vez en una sala de Mánchester con aforo para 80 personas. Nos sentimos muy afortunados y agradecidos por todo, pero esta banda siempre tuvo la diversión como prioridad, y supongo que, al final del día, esa es toda la recompensa que necesitas.
Sois de Mánchester, pero vuestra música no se parece realmente al sonido que se asocia habitualmente con la ciudad. Hay un legado fuerte al que os enfrentáis. ¿Estáis matando a vuestros padres y abuelos musicales?
Jimmy: No me gustaría decir que los estamos matando. Creo que Mánchester, durante mucho tiempo, especialmente antes del confinamiento, estuvo muy anclada en su pasado y en su legado, tal vez hasta el punto de perjudicarse a sí misma. Está bien valorar estas cosas con el paso del tiempo, pero a veces hay que avanzar. Tras el confinamiento, cuando todo el mundo se retiró y volvió a salir dos años después, quizá con una perspectiva renovada y con muchos chicos y chicas nuevos mudándose a la ciudad, parecía que todo el mundo quería montar un grupo de guitarras. Pero ahora mismo está genial. La sentimos como una época de cambio y florecimiento. Hay muchísimos grupos de guitarras diferentes, pero ninguno suena realmente igual a otro. Desde bandas como Wyatt (ya destacada aquí), Holly Head, Martial Arts a TTSSFU... Hay tantos proyectos distintos por todas partes que parecen ir muy bien ahora mismo y que caminan por sí solos, y ninguno se apoya realmente en ese legado. Pero está bien mirar atrás, sin duda. Tanto Paddy como yo valoramos lo que hubo antes. Durante la gira escuchábamos mucho el recopilatorio de The Stone Roses. Canciones como “Sally Cinnamon”, “She Bangs The Drums” y “I Wanna Be Adored” son buenísimas.
Paddy: Somos muy fans de New Order y cosas así; nos gusta la música, pero es curioso cómo funcionan las cosas. Creo que, con el confinamiento, al no poder tocar en directo, la gente perdió un poco la noción de lo que era la música popular y empezó a escuchar cualquier cosa. No sé. Es muy emocionante cuando todo se conecta por la comunidad y la gente, más que por un sonido concreto.
Acuñasteis el término britainicana para definir vuestra música. ¿Se ha ido demasiado lejos con este concepto, que tal vez empezó como una especie de broma?
Jimmy: Puede que sí, casi seguro. Lo de britainicana era simplemente una buena forma de salir del paso cuando la gente pregunta qué tipo de banda somos. Ya sabes, cuando dices: “Bueno, somos un poco de esto, un poco de aquello, un poco de tal y cual”. Supongo que nos pusimos algo arrogantes en la segunda semana de vida de la banda y dijimos: “Pues entonces crearemos nuestro propio género”.
Paddy: Últimamente hemos visto a gente hablar de ello como si fuera algo real. ¡Dios mío, sí! De la misma forma que la gente habla de, no sé, inserta aquí cualquier subgénero musical. Eso nos resulta muy gracioso.
Jimmy: El otro día vimos un vídeo en Instagram de un tipo hablando sobre britainicana. Enumeraba un montón de bandas que, según él, encajaban en el género, e incluso mencionó algunas que, a su juicio, eran más britainicana que nosotrxs.
Paddy: En el fondo el término no significa nada, como cualquier otro... aunque, claro, la cuestión es que todos los nombres de géneros carecen de sentido, así que, en realidad, es solo algo divertido. Es como una buena broma, respondiendo a tu pregunta.
El cineasta Wim Wenders dijo una vez que los estadounidenses habían colonizado nuestro subconsciente a través de las películas y la cultura pop. ¿Os sentís identificados con esa idea?
Paddy: Eso fue definitivamente parte de lo que era para nosotros la britainicana. Sentíamos que muchas bandas del Reino Unido estamos muy influenciadas por Estados Unidos porque nos encanta mucha música de allí –indie, folk, hip hop, country– y también el cine. Es algo inevitable, dada la enorme fuerza cultural que tienen. Pero es curioso, porque la gente suele centrarse bastante en nuestras influencias estadounidenses y, aunque están muy presentes, jamás lo negaremos, seguimos siendo una banda muy británica, ¿sabes? Y cualquier rasgo estadounidense, aunque a veces nos critiquen por parecer demasiado americanos o algo así, en nuestra opinión, siempre pasa por el filtro de nuestra forma de ser tan británica, como personas y como músicos.
Jimmy: Lo que al final hace que el resultado surja a través de una óptica peculiar, tras haber pasado por todo ese filtro de esencia inglesa.
Poco después de ganar el concurso de talentos emergentes del festival de Glastonbury, Westside Cowboy debutaron con el EP “This Better Be Something Great” (Heist Or Hit-Nice Swan, 2025), que fue producido por Lewis Whiting, guitarrista de English Teacher, un grupo muy afín. Enseguida ficharon por el sello multinacional Island y grabaron su segundo EP, “So Much Country ‘Till We Get There” (2026), con Loren Humphrey, batería del grupo neoyorquino Guards, muy vinculado a Geese y Cameron Winter. La serendipia solo les podía haber llevado allí. Dicen que, cuando los seleccionaron para tocar en la final del concurso de Glastonbury, tenían entradas para ir a ver a Winter, pero no les debió importar mucho porque, un año después, Geese se los llevó de teloneros en su gira europea. En cualquier caso, la conexión de la banda con Humphrey ha sido más que simbólica a la hora de tejer esa conexión angloamericana. “Todo creo que empezó porque su mánager nos vio en el festival The Great Escape de Brighton y se puso en contacto con nosotros; nos preguntó si queríamos trabajar con Loren en Nueva York”, recuerda Jimmy. “Fue la primera vez que grabábamos o íbamos a Estados Unidos como banda. Fue una situación que imponía respeto, pero lo pasamos bien; fue genial conocer a Loren y pasar tiempo con él trabajando en esas cinco canciones. En cierto modo, fueron una gran muestra, un adelanto de cómo trabaja Loren y de cómo podía ayudarnos a explorar en direcciones distintas. Todas esas grabaciones son ligeramente diferentes. Lauren tiene un don especial para sacar una buena toma de la banda; no se fija tanto en la perfección técnica, en si el tempo es exacto o en si la ejecución es milimétricamente precisa, sino en si la canción transmite su esencia y su atmósfera, y en si el grupo suena cohesionado en lugar de dispersarse en distintas direcciones. Eso fue algo que tuvimos muy en cuenta al abordar el álbum. A Loren le encantan las grabadoras de cinta y a nosotros también. Intentamos hacerlo todo de forma lo más analógica posible y alejarnos del ordenador todo el tiempo que podemos, hasta que realmente necesitamos pasar el material a vinilo para que llegue a los oyentes. Loren es muy bueno en eso. Se centra sobre todo en lo básico: conseguir un buen sonido desde la fuente. Cuando trabajas con cinta, no tienes mucho tiempo para retocar y pulir el sonido con ecualizadores y demás, como harías en un ordenador. Por eso dedicamos mucho tiempo a la colocación de los micrófonos y a asegurarnos de que el sonido fuera bueno al grabarse directamente en cinta; así, cuando tocábamos todos juntos, no hacía falta hacer demasiados ajustes posteriores”. No obstante, para registrar “It Goes On” decidieron cambiar de aires y llevarse al productor neoyorquino a los estudios Greenmount de Leeds, ciudad en la que también tomaron la imagen que preside la portada del álbum y que también tiene una cosa muy britainicana.
Al visitar Estados Unidos por primera vez, ¿os sentisteis decepcionados de alguna manera u os gustó la experiencia?
Paddy: Estados Unidos es un caso curioso. Creo que tiene aspectos muy divertidos. Conoces a mucha gente amable y abierta, y eso está genial. Pero creo que necesitamos más de 20 minutos para hablar de todo lo que está mal en ese país. Siempre existe una extraña dicotomía al ser una banda influenciada por Estados Unidos y pasar tiempo allí; a veces nos genera cierta inquietud. No es que no valoremos el apoyo que recibimos, pues estamos muy agradecidos y nos sentimos honrados por todos los que han conectado con nuestra música allí. Pero es algo inherente a estar en una banda de Occidente, en general, creo. Siempre es... resulta un poco problemático a veces.
Jimmy: También es algo que dista muchísimo de lo que estamos acostumbrados. O sea, la gente habla más o menos el mismo idioma y hay similitudes y cosas así, pero su forma de vivir es distinta; tal vez no encaja del todo con nuestra naturaleza inglesa. En realidad, somos bastante hogareños la mayor parte del tiempo.
Paddy: Es algo extraño, porque vas allí y, bueno, todo parece igual, pero a la vez es totalmente diferente; el lugar transmite una sensación muy peculiar, al menos para nosotros como ingleses, supongo.
Sois una banda con bastante conciencia social. ¿Veis esa misma actitud en otros grupos de vuestra generación o sentís que no representáis necesariamente el sentir general de la juventud británica?
Jimmy: Lo vemos mucho en numerosas bandas de todo Mánchester y del Reino Unido, la verdad. Me gusta pensar que mucha gente intenta aportar su granito de arena, por pequeño que sea. Junto a otros grupos, como Martial Arts, Holly Head y Pushbike, organizamos No Band Is An Island, una velada benéfica en Mánchester. Es una noche, cada pocos meses, en la que nos reunimos, invitamos a ponentes para hablar de distintos temas y es un momento en el que cualquiera puede unirse e intentar hacer algo bueno.
Paddy: Vivimos tiempos cada vez más locos en lo político. Al tiempo, somos conscientes de que no podríamos tener esta banda si no fuera por ciertos privilegios y libertades. Pero tampoco somos paramédicos ni filántropos. Lo único que realmente podemos hacer es tocar música y ser personas compasivas en nuestra comunidad, y creo que las bandas se están dando cuenta de esto. Es muy fácil tirar la toalla y decir que no hay nada que hacer, sí, pero creo que hoy en día, entre los jóvenes de nuestra edad, vemos que incluso a pequeña escala es mejor hacer algo que nada; los cambios siempre empiezan en esos momentos diminutos y luego, si todo va bien, se propagan. Simplemente hacemos lo que podemos; no digo que lo estemos haciendo bien pero, bueno, lo intentamos.
Parece que tenéis una dinámica interna bastante democrática. La mayoría cantáis y componéis. ¿Es difícil lograr eso, lidiar con los egos, sobre todo cuando llega el reconocimiento popular?
Jimmy: ¡No lo sé! Creo que la buena base, el gran punto de partida para cualquier banda, debería ser la amistad. Si tienes la suficiente confianza con alguien como para irte de bares, también deberías tenerla para viajar en coche, dar conciertos y todo eso. No parece haber muchos choques ni nada por el estilo; a veces surge algún momento puntual, pero la dinámica es buena. Creo que contar con distintos compositores y cantantes en la banda ayuda a mantener la frescura y hace que todo fluya y evolucione de una forma muy divertida, evitando que nos estanquemos.
Paddy: Y en cuanto a la composición, a veces, cuando la gente oye hablar de democracia a la hora de escribir, quizá asuma que es un caos total, pero todos opinamos sobre el sonido. Tenemos nuestros roles. Aunque no estén explícitamente definidos, sabemos qué podemos aportar a los demás y a la música. No es como el Lejano Oeste, donde todo el mundo intenta hacerlo todo a la vez. Es más bien una dinámica de tira y afloja de la que todos somos conscientes.
Jimmy: Sí. Creo que hoy en día, estando en esta banda... ¿llevamos ya tres años?... ya hemos encontrado nuestros roles. Siempre hay margen de movimiento y cambios, y a veces ciertos aspectos cobran más peso en distintas áreas, pero, como dice Paddy, al final todos tenemos nuestros puntos fuertes; si trabajamos juntos en nuestras respectivas facetas, podemos avanzar.
¿Y cómo surgió esa obsesión por el tiempo, la repetición y el movimiento en las canciones?
Paddy: Pues la verdad es que surgió de forma natural. Creo que siempre hemos intentado componer música deliberadamente sencilla, simplemente porque queremos que la gente sienta una conexión inmediata; no nos interesa especialmente la complejidad técnica, sino que la gente escuche una canción y extraiga algo de ella. Una forma de lograrlo es creando algo que tenga movimiento y fluidez. Si algo suena bien, no quieres tocarlo una sola vez, ¿sabes? Quieres volver a escucharlo y volver a tocarlo. Creo que la repetición y el movimiento son, en cierto modo, lo mismo: sabemos que algo funciona cuando el cuerpo nos lo indica; somos una banda muy marcada por la energía del directo. Al final, todo encaja. Queremos repetir cosas porque así es como se establecen el ritmo y el groove; una vez que entras en esa dinámica no quieres romperla. Solo quieres seguir desarrollando la idea y añadir nuevos elementos a esa estructura que estás construyendo poco a poco. A veces nos preocupa caer en fórmulas predecibles, pero el antídoto es confiar en el instinto al componer: si algo surge de forma natural no puede ser malo. Ten por seguro que nuestra forma de componer siempre evoluciona; especialmente en “It Goes On” nos volcamos en esa idea y quisimos dejar que cobrara fuerza. Queríamos darle el valor que merece, sin rehuirla. ∎