Algo más que un glorioso pasado. Foto: Christian Bertrand
Algo más que un glorioso pasado. Foto: Christian Bertrand

Concierto

The Strokes: futuro-presente-pasado

The Strokes han dejado de ser los apóstoles de la edad moderna, pero están muy lejos de convertirse en jinetes cabalgando por llanuras yermas. No llenarán dos estadios olímpicos como marcas musicales que dominaron la década anterior a su eclosión, pero sí son capaces de abarrotar el Palau Sant Jordi de Barcelona, como ocurrió ayer 20 de octubre, para presentar un álbum desechable –pese algunas excepciones– como “Reality Awaits”. Lo mejor es que lo defendieron en un estado de forma estupendo.

El pasado 30 de julio se cumplieron 25 años de “Is This It”. Para muchos, especialmente para los que acogimos esa piedra angular para una nueva hornada de bandas guitarreras con prescripción identitaria, resulta una efeméride dolorosa. Citados ante sus artífices, esa sensación se apagó. Las proyecciones hacia tardes y noches de gloria quedaron señalizadas por el buen quehacer escénico de una banda que ha evitado varias veces caer devorada por las llamas de su fulgor. No debe ser fácil luchar contra la propia leyenda, sobreponerse al recuerdo, y el grupo neoyorquino lo logró cuando menos se esperaba, en plena pandemia, con el muy reivindicable “The New Abnormal” (2020). No se podría decir lo mismo sobre su último trabajo, ese “Reality Awaits” (2026) que simboliza su intento por seguir en liza, en su irrenunciable lucha con el avatar de las glorias pasadas. Ambas facetas se fundieron en la velada de ayer, en la única fecha programada por el grupo en nuestro país. Pasado, sin duda, pero también presente e incluso esperanzas para el futuro.

Antes de que los neoyorquinos pisaran la lona de un Palau Sant Jordi con el cartel de entradas agotadas, aunque algunos espacios vacíos se vislumbraron al final de la pista, dos teloneros de pedigrí fueron recibiendo al público que se incorporaba a la misma. Quien rompió fue el australiano Alex Cameron, haciendo gala de sus ademanes de crooner trasnochado. Ese tipo de cantante capaz de seducirte con su poderío vocal mientras los chupitos de Jim Beam desfilan por la barra en la que anda orgullosamente erguido. Seducción y presencia que alcanzó su cenit en “Miami Memory”.

Otra sarta de elogios para los siguientes teloneros. El ruido y la furia de Fat White Family podría sintonizar con los Strokes primigenios. Esa visceralidad despreocupada que permite la juventud tamizada por alaridos descarnados y centelleo jazz. Gran poderío escénico. Intensidad y actitud al límite que, al fin y al cabo, es lo que demanda un buen bolo de rock. Se quedó corto su paso por las tablas del Sant Jordi.

The Strokes irrumpieron en este escenario de Barcelona veintitrés años después de su última aparición en la ciudad fuera de festivales –aunque los habíamos visto en dos ediciones del Primavera Sound, 2015 y 2022– con el único recambio del guitarrista Steve Schiltz por un Nick Valensi cuya futura conciliación con la banda parece estar en entredicho. Los que sí acudieron fueron el guitarrista Albert Hammond Jr., el batería Fabrizio Moretti, el bajista Nikolai Fraiture, Schiltz y el cantante Julian Casablancas... con su Auto-Tune.

Aromas de Nueva York. Foto: Christian Bertrand
Aromas de Nueva York. Foto: Christian Bertrand

Con los años, el combo de Manhattan ha ido dejando la pegada enérgica de su bautismo discográfico por una compostura más retraída, más cerebral si se prefiere. Con esta última inauguraron su show en la Ciudad Condal. Extraída de su reciente álbum, “Tyrants Of The Mellow Moon” fijó ese mood sintético y melancólico. Insospechado arranque que quedó violentado por el primer oleaje nostálgico hacia misiles que no pierden su capacidad de alcance. A la derribamuros “Reptilia” le siguió “Hard To Explain”. No resultó tan difícil de explicar el caldeo hormonal que provocó la concatenación de ambos temas. Nuestro pulso quedó enchufado al unísono con esa energía de los albores del milenio, recreada en pleno 2026.

Bajo un escenario con poco ornamento, más allá de pantallas con las imágenes distorsionadas de los integrantes de la banda y algún tímido motivo lumínico, Albert Hammond Jr. se desenvolvía sereno en contraste con un Casablancas de timbre vocal asentado y fiable, despejando temores alentados en conciertos de tiempos no tan lejanos. La introducción fue tan notable que hasta canciones de su último álbum como “Dine N’Dash” ganaron prestaciones en su traslado al directo. El tema más ambiental de su último trabajo reforzó esos paisajes de Bowie en Berlín atravesados por las guitarras y por una subida decibélica que sirvió para resaltar la solidez de su contorno melódico.

El temido Auto-Tune del cantante hizo acto de presencia en dosis ajustadas, especialmente en los cortes de “Reality Awaits”. Antes, Casablancas rompió su silencio frente al micro con un breve parlamento. Por suerte –se han vivido conciertos en los que sus digresiones y bromas rompen los ritmos ascendentes– se mostró contenido y menos reivindicativo políticamente que en conciertos recientes. “Lonely In The Future”, al igual que otros temas del último disco, desaceleraron ese tremendo arreón inicial. Los destellos disco-funk rebajaron el éxtasis acumulado.

Regresaron a la senda de la estridencia y la melodía invasiva con “Juicebox”. Parafernalia guitarrera con efectos delay y wah wah, así como solos recargados en paralelo al cabalgar de batería, poniendo a prueba las cuerdas vocales de Casablancas. Este, con sus gafas y su ancha gabardina, paseaba por el escenario como si fuera un vecino de Gotham. De un clásico de la primera década de este siglo a uno de esta década: “The Adults Are Talking”, presentado con acento mexicano, es un imperdible de su repertorio, como constató la reacción del entregado público. Sección rítmica y melódica engrasadísimas. Bajaron valor con “Heart In A Cage” y esos solos de guitarras voluminosos, peligrosamente alineados con Muse.

Mr. Casablancas, cuestión de estilo. Foto: Christian Bertrand
Mr. Casablancas, cuestión de estilo. Foto: Christian Bertrand

También hubo espacio para canciones como “One Way Trigger”, de su olvidado “Comedown Machine” (2013). Se le guardó respeto a través de guitarras que se solapaban, batería psicótica y el frontman balanceándose entre el fervor acelerado y el latir nostálgico de esos tiempos donde eran los principales apoderados del reino rock. “You Only Live Once” se destapó como un himno robusto, capaz de automatizar el ánimo de las 18.000 almas convocadas. La precariedad melódica de su último trabajo volvió a quedar al descubierto en “Going Shopping”. Canción blanda, sin amarre emocional con los presentes. ¿Lo tendrá alguna vez?

Para alegría de todos, esos trámites protocolarios con su último acetato quedaron borrados con el extenso carrusel de canciones que señaló el camino a la salida. “Meet Me In The Bathroom” abrió la caja de truenos. Le siguió “Someday”, después de que Casablancas recordara la ira alojada en los adoquines de varias ciudades europeas. Un tramo eléctrico interrumpido, de nuevo, por la nota de “Reality Awaits”, con una “Going To Babble On” que Julian podría traspasar al repertorio de The Voidz, su otro grupo. Ya sin remisión, le siguió la energía desatada de “Take It Or Leave It” y “Last Nite” colocando el foco sobre un Hammond Jr. rocoso en su desempeño con el mástil –así fue toda la noche– y las filas delanteras alborotadas, inoculadas por el virus pasajero de una fuerza juvenil irrompible.

En el primer bis nos bajaron a los baños grafiteados y mugrientos de ese Nueva York que exhalaba su último aliento de autenticidad con la potente “New York City Cops”. Le siguió la complaciente y poco cosquillosa “Threat Of Joy”, para finalmente despedirse con la balada “Ode To The Mets”: Casablancas exprimiendo sus agudos y los móviles del personal actuando como paneles lumínicos en uno de los techos emocionales de la velada, mientras la guitarra de Hammond volvía a imponerse con una sencilla línea melódica.

Contra todo pronóstico, volvieron al escenario para redondear la velada con “Selfless”, otra lección de melancolía adquirida en la madurez. No fue un ejercicio nostálgico aunque en realidad lo fuese, sino la constatación de que quieren seguir teniendo un papel predominante en el rock guitarrero del futuro gracias al eslabón que mantienen con su pasado. Pasado, presente y futuro. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.