Tiwayo da un paso en firme con “Outsider”, su tercer álbum y primero para el sello Record Kicks: soul-blues de Memphis, crudo y visceral, grabado en Austin junto con Adrian Quesada de Black Pumas. Tras una etapa personal y profesional complicada, el artista francés abraza por fin la música que escuchaba desde niño y convierte su condición de forastero en parte del juego.
A los 21 años, durante su primer recorrido por Estados Unidos siguiendo las raíces del blues, alguien en Nueva Orleans lo bautizó como “The Young Old” por el contraste entre su juventud y una voz que parecía de alguien mucho mayor. De las iniciales T.Y.O. salió Tiwayo. Criado en las afueras de París con jazz, blues y soul estadounidense como banda sonora doméstica, ha tardado varios discos en sentir que había encontrado su sitio y su voz. Se plantó en Texas para grabar “Outsider” (Record Kicks, 2026) con Adrian Quesada y una banda a la que se sumó Doyle Bramhall II.
La pérdida de su padre durante el proceso atraviesa un álbum con retratos íntimos de sus progenitores e historias de amor. La semana que viene empieza una gira por España que va a pasar por el Outono Códax Festival de Santiago de Compostela (10), Bilbao (12), Madrid (14), Valencia (15) y Sevilla (16).
Has llamado “Outsider” al disco. ¿Siempre te has sentido un poco así, tanto personalmente como en tu carrera?
Sí. Cuando llegué a Austin llevaba varias ideas y mencioné “Outsider” a Adrian. Él dijo: “Este es”. Encajaba por varias razones: ser un francés haciendo esta música en Estados Unidos y estar fuera del camino habitual. Siempre he buscado formas de hacer música que quizá no fueran las más obvias. Además, después de mi segundo álbum prácticamente desaparecí. Me resultó muy difícil mantenerme como artista y cuando empecé “Outsider” estaba realmente hundido.
Tu música pertenece mucho a la tradición estadounidense del soul y el blues. ¿Ser francés te ha obligado alguna vez a demostrar más?
Quizá un poco. Siempre he sido ambicioso y estoy profundamente enamorado de este sonido. Mis padres lo escuchaban muchísimo, así que crecí rodeado de música estadounidense. Hacerte un sitio en este género exige muchísimo trabajo, también a los estadounidenses. Al final importa la música.
Tu primer viaje a Estados Unidos fue con 21 años. ¿Ya ibas siguiendo el rastro del blues?
Sí. Fui buscando Nueva York, Chicago, Memphis, Nueva Orleans, etc. Nunca fui a una escuela de música, así que aquello fue mi manera de estudiar y aprender. Duró alrededor de un mes y medio. Tuve gente que podía alojarme en distintas ciudades y entonces también había couchsurfing. Había maneras de viajar gastando poco.
¿Hubo algún encuentro que recuerdes especialmente?
Tuve muchísima suerte. En Chicago pregunté a una chica por un club de blues y al día siguiente volvimos a vernos. Se llamaba Geneviève, estaba de vacaciones y me propuso coger su coche y bajar juntos hacia el sur. Acabábamos de conocernos. En Nueva Orleans alguien me puso el apodo de “The Young Old”. También vi a Al Green en su iglesia, cerca de Memphis. Yo ya amaba el soul, pero aquel viaje hizo crecer todavía más esa pasión.
Hay momentos en los que creo que tu voz suena más joven ahora. Creo que soy la única...
Es curioso porque yo lo siento casi al revés. Espero estar envejeciendo (ríe). Durante bastante tiempo he buscado cuál era realmente mi sonido como cantante. He experimentado y llevado los discos por direcciones diferentes. Ahora siento que he encontrado mi voz y mis tonalidades. Casi no soporto escuchar mis discos antiguos.
Antes trabajaste con Mark Neill y ahora con Adrian Quesada. ¿Qué necesitas escuchar en alguien para confiarle tus canciones?
Necesito admirar lo que ha hecho antes. A Mark me llevó “Brothers” (2010), de The Black Keys, y “Keep It Hid”, de Dan Auerbach (2009). Con Adrian tenía varios productores en mi lista, pero muy pronto pensé: “Tiene que ser él”. Me encantaban Black Pumas, su música propia, el soul latino que había producido y también me interesaba Texas. Le envié demos mientras giraba por Europa. Contemplamos intercambiarnos pistas, pero yo quería vivir la experiencia completa y decidimos grabar en Austin. Además, reunió a músicos increíbles.
Y dentro de esa dinámica aparece Doyle Bramhall II.
Antes de viajar le comenté a Adrian que estaría bien contar con un gran guitarrista de Austin. Hacia el tercer día me dijo: “Doyle está en la ciudad. Ha escuchado la música, le gusta y vendrá el viernes”. Fue una locura. Terminó tocando en “Lovin Man”, “Electric Spanish” y “Daddy Was Born With The Blues”.
“Lovin Man” quedó fuera de la edición inicial. ¿Por qué?
Fue muy difícil. Grabamos trece canciones y teníamos que quedarnos con once; lo decidimos también con el sello. Me gusta muchísimo. Quizá no sea un single ni la canción más alegre. Va hacia el deep soul y el blues, y tiene mucha fuerza.
En “Daddy Was Born With The Blues” hablas de tu padre. ¿Qué querías contar?
Mi padre murió mientras trabajaba en el álbum y esa canción está en el corazón del disco. Tiene que ver con la transmisión, con la música que escuché mientras crecía y con su pasión por ella. Para él, el blues no era únicamente música, sino también un sentimiento y una forma de arte.
En “Mama Gave Me The Will” haces algo parecido con tu madre. ¿Querías que ambas fueran retratos familiares?
Sí. Quería contar mi propia historia. “Daddy Was Born With The Blues” es un blues muy lento y mi padre era muy tranquilo. Mi madre en cambio siempre ha sido mucho más eléctrica, como una especie de versión de Janis Joplin. Intenté retratar sus caracteres.
Justo en “Austin Austin Austin”, el último sencillo, no queda claro si cantas a una persona, a la ciudad o a ambas.
Esa es exactamente la idea. Me dirijo a Austin, a la ciudad, casi como si fuera una persona.
¿Y “Love Of My Life” está dedicada a alguien concreto?
Podría ser. Las canciones están hechas para permanecer abiertas. Pero sí hay dos temas en los que pensaba claramente en mi pareja: este y “Sunshine Lady”.
Precisamente “Sunshine Lady” es una canción de amor muy sencilla. ¿Siguen siendo importantes ese tipo de canciones para ti?
Sí. Un amigo me decía: “Deberías escribir alguna vez algo feliz y no hacer siempre canciones oscuras o de blues”. Encontré inspiración en ese tipo de canción. Estás en el coche, de buen humor, y esa es la música que te apetece escuchar.
Recuerdo que empezaste como guitarrista en varias bandas de reggae en París. ¿Queda algo de aquella influencia?
Sin duda. Empecé a los 16 años y toqué en bastantes bandas de reggae. Fui muy aficionado al roots reggae y escuché muchísima música jamaicana antes de meterme de lleno en la estadounidense. Sigue ahí, en las armonías y las melodías.
En breve visitarás España con “Outsider”. ¿Qué podemos esperar?
Vamos como cuarteto. Va a ser una gira bastante rock’n’roll: enlazaremos muchos conciertos y prácticamente tocaremos cada noche. Será intenso. Este verano tocamos en Segovia, en el Afro Blue Festival, y fue increíble.
¿Antes de este año habías estado en nuestro país?
Sí. Fui a Barcelona con mi padre cuando era más joven. También volví durante la época de mi segundo álbum para rodar “Lost In The Sun” en el desierto de Los Monegros. Pero Segovia fue la primera vez que vine a España para tocar. Venir aquí tiene algo especial por las raíces españolas de mi madre.
Voy a hacerte preguntas directas y terminamos. Dime un disco que te habría gustado grabar tú.
Al Green, “I’m Still In Love With You” (1972).
¿Un artista descubierto sorprendentemente tarde?
Van Morrison.
¿Tres que sonaban mucho en casa?
Miles Davis, Sarah Vaughan y John Lee Hooker.
¿Tres mientras preparabas “Outsider”?
O.V. Wright, Syl Johnson e Isaac Hayes.
¿Un disco al que siempre vuelves?
Donny Hathaway, “Extension Of A Man” (1973).
¿Un artista actual con el que compartirías estudio?
Jimmy “Scratch” James.
Ya la última. De todos los artistas para los que has sido telonero, ¿hubo alguno del que aprendieras algo que todavía conservas?
Hace poco abrí para Robert Finley y, después del concierto, vino a felicitarme y a darme ánimos. Significó mucho viniendo de alguien como él, todo un maestro del soul-blues. ∎