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Firma invitada / Caudillo Amarillo

La dificultad de la sátira

El director y guionista Borja Cobeaga, Firma Invitada en Rockdelux, parte de una canción de IDLES para reflexionar –pasando por películas de Martin Scorsese, Brian De Palma y Alauda Ruiz de Azúa– sobre la variedad de percepciones que generan las pelis, la música o la literatura y cómo las lecturas literales de estas manifestaciones artísticas pueden neutralizar e incluso desvirtuar la intención crítica con que fueron creadas.

P

osiblemente la canción más famosa de IDLES es “Never Fight A Man With A Perm” (“Nunca pelees con un tipo con permanente”), que ya desde el título apela al sarcasmo del oyente, pero que Joe Talbot, líder de la banda, no duda en calificar como “uno de sus temas más malinterpretados”. Lo que la letra describe como una crítica a la masculinidad tóxica y a cómo era el propio Talbot en el pasado, arrogante y lleno de ira, hay quien lo percibe como una glorificación de la fuerza bruta, la pelea y la dureza de los hombres.

Una discusión recurrente que tengo con mi mujer es sobre si “El lobo de Wall Street” (Martin Scorsese, 2013) y “El club de la lucha” (David Fincher, 1999) son sátiras o glorificaciones. Ella piensa que no tienen un ápice de crítica y burla hacia lo que retratan. Y la demostración es la legión de incels que adoran estas películas y toman a sus protagonistas como modelo de conducta. Pasó algo parecido con “El precio del poder” (Brian De Palma, 1983; con guion de Oliver Stone): los gangsta vieron la peli, fliparon y quisieron imitar la decoración de las mansiones, la ropa, el lenguaje… La exageración que imprimió Palma a cada fotograma era vista como un referente de estilo.

Una de las expresiones que más usa la chavalada hoy en día es “literal”. Todo está subrayado en cada frase con un “literal”. Y muchas veces se usa mal, porque lo literal tiene que haber sucedido realmente. Si dices “se me cayeron literalmente los ojos al suelo” es que tus globos oculares reposan en el piso de forma física. A lo que voy es que, además de decirse, lo literal también invade espacios más abstractos. Lo literal es enemigo de la ironía, porque cuando escuchas o entiendes las cosas de manera literal es que no eres capaz de detectar el sarcasmo que subyace. Te quedas en la superficie, en lo ornamental, como la fuente con neones que decora el vestíbulo de la mansión de Tony Montana.

Cuando se estrenó “Los domingos” (Alauda Ruiz de Azúa, 2025) hubo quien dijo que era una película contra la Iglesia y otros señalaron que era una reivindicación ultracatólica. Eso me pareció uno de los grandes valores de la película aparte del cinematográfico, que es el más importante: que su visionado diera pie a dos interpretaciones opuestas. El caso es que un espectador no ve la película sin la mochila emocional con la que carga en la vida. Quizá por eso un criptobro ve “El lobo de Wall Street” y le resulta una película aspiracional. Un chaval con poca vida social cree que “El club de la lucha” reivindica que los hombres debemos recuperar lo que es nuestro por derecho. Y todo esto es una putada para los creadores y creadoras porque buscamos evitar la obviedad, que el mensaje quede explícito en lo que escribes o compones. Por eso usamos la sátira, para que la burla haga más sutil nuestro mensaje. Si la interpretación es literal, el dispositivo se va a tomar por saco.

No creo que vivamos una época en que no se pueda decir nada. Podemos hacer bromas de muchas cosas, lo que pasa es que corremos el riesgo de que se nos malinterprete o que se nos entienda de forma literal. Y es una pena, porque el mundo en que vivimos es muchas veces feo y agresivo y tomarse las cosas con ironía y cinismo ayuda a la supervivencia. ∎

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