La muerte de Maricarmen fue ayer un inesperado mazazo social que, ampliando el campo de batalla, debería significar un cambio de paradigma en la aceptación de unas condiciones sociales muchas veces inadmisibles: el mundo de los alquileres como centro de gravedad de un problema político que no cesa. Huelga general y elecciones anticipadas son las consecuencias de un desahucio y una muerte. Un indignado Santi Carrillo se deja llevar por la situación y, en caliente, escribe esto.
pasó lo peor que podía pasar. El impacto súbito que produjo ayer la muerte de Maricarmen solo es comparable a, buf, ¿pocas cosas vividas en España en este siglo XXI? Sí, tristemente, probablemente. Por supuesto dejando a un lado las terribles tragedias naturales y climáticas padecidas en los últimos tiempos en nuestro territorio, lo cierto es que desde los atentados yihadistas del 11 de marzo de 2004 en Madrid y del 17 de agosto de 2017 en Barcelona (y Cambrils) no se había producido un shock emocional tan profundo y, a la postre, tan trascendental en la sociedad española como esta injusta y desgraciada muerte.
Por razones de peso ya histórico, Maricarmen pasa a ser un emblema-mártir-víctima de unas circunstancias nada dignas que usureros disfrazados de buitres, hienas y ratas han permitido y alentado por activa y por pasiva. De buenas intenciones está el mundo lleno, y los políticos deberían aplicarse el cuento de menos hablar y más hacer, porque solo ellos, beneficiando indirectamente a alimañas capitalistas sin escrúpulos, parecen los responsables de un mundo catastrófico y sin esperanza que se da de bruces contra las puertas de este infierno rentista. Este maldito problema de subsistencia y de pertenencia a un espacio físico que afecta a millones de jóvenes y no tan jóvenes debería avivar el fuego de una lucha que ya tiene una bandera eterna con la que ondear eslóganes tatuados para siempre: Maricarmen Abascal Martín, a sus 87 años, es ya un símbolo que se perpetuará en los libros de texto futuros para estudiar esta paradójica época de bienes aparentes y penurias sistemáticas.
Su dignidad de heroína-por-accidente ha ennoblecido una lucha casi suicida por el caos de la vivienda que a tantos afecta. Y que, de rebote, con justicia poética, ha provocado una huelga general para el 11 de noviembre y un adelanto de elecciones para el 29 del mismo mes. Nada más y nada menos. Todo eso no habría ocurrido sin ella. Y, sea cual sea el resultado de estas elecciones, esto debería significar un antes y un después en la política española. Porque este estado de sensibilidad generalista transversal impulsado desde la calle, que no desde la cháchara política, ha arrinconado los discursos buenistas e insuficientes de los políticos de izquierdas, empequeñeciéndolos, y ha retratado a los fachas de la derecha, que intentaron (y lo consiguieron; ajustándose a las matemáticas) lavarse las manos ante unos decretos-ley que parecían necesarios, aunque llegasen tarde, probablemente mal y fuesen ideados con urgencia y quizá con interés político partidista para rectificar la atrocidad del desahucio –por orden judicial– de una mujer a la que obligaron a salir de su casa –que había sido suya durante siete décadas– en camilla y que, finalmente, ha perdido la vida en un hospital de Madrid. Ni más ni menos.
¿Culpables? Al capitalismo le da igual la culpabilidad. Su cínico comportamiento social desde las esferas invisibles de un mundo ajeno al real, el de las pobres víctimas terrenales, convierte sus manejos en entelequias indescifrables difíciles de asimilar para simples inquilinos con problemas de subsistencia. La realidad nos golpea cruelmente cuando vivimos de cerca problemáticas como la de Maricarmen. Ahí va un ejemplo de esta insensible barbarie que tomo al azar mientras escribo esto: “El PP de Ayuso veta un minuto de silencio por Maricarmen en el pleno de la Asamblea madrileña: ‘No lo vemos’”. Río por no llorar. Si no fuese porque es un drama, que lo es de un modo tremendo, sonaría cómico ver las reacciones de esta panda de sinvergüenzas nada empáticos liderados en la sombra por los caprichos de una tipeja que un día llevaba las redes sociales de un perro y ahora es la princesa psicótica de un partido de derechas que, con un líder inane y aburrido, se debe, por absorción de ideas, a la voz de VOX, unos salvajes retrógrados y potencialmente asesinos de todas las cosas buenas conseguidas en España en los últimos años en cuanto a libertades (atención: quieren privatizar las pensiones). Entre ellos dos (que, fomentando mentiras trumpistas, dudan maliciosamente del voto por correo) y los sátrapas decadentes de Junts (con el cobarde y liante Puigdemont a los mandos y la estrella-en-su-propia-cabeza Míriam Nogueras poniendo la cara y la mala leche) han hundido la posibilidad de mejora parcial de una situación peliaguda y compleja. Dejo para el final lo del periodista de ‘ABC’ Chapu Apaolaza, que en su intervención en esa escoria de programa televisivo llamado ‘Horizonte’ aseguró que Maricarmen era “una actriz salida de un casting”. No hace falta decir nada más.
Bien, pues elecciones habemus. Que cada cual escoja su bando. Porque esto es ya una guerra. Gracias, Maricarmen. ∎