Amor Líquido empezaron en Granada, encerradas por la pandemia, poniéndole música a un (presunto) audio de Laura Escanes en pleno ataque de ira. La broma les salió tan bien que después vinieron otros a repetirla (incluso con el mismo audio), lo cual dice bastante de la imaginación circulante y de cómo operan las tendencias en una microescena tan autorreferencial. Tres años después publicaban “quieres ser mi chica??”, una traducción de estar por casa del clásico de los australianos Jet. En ambos temas la banda no se toma nada en serio a sí misma y, aun así, no parece discordante que el nuevo trabajo que preparan esté hecho con un poco más de tristeza, intensidad y modos menores. Ahora mismo acaban de actuar en el Canela Party de Torremolinos, el festival al que acuden en peregrinación los abanderados nacionales del buen gusto; Spotify las nombra artista GLOW de agosto, y el 25 de septiembre publicarán su segundo largo, “A ver si me despierto”. Podría decirse que están en su mejor momento. “Ningún sentido” es el cuarto adelanto del álbum, salió la semana pasada y lo eligieron sus propios seguidores por votación. Por aquí ya comentamos en su momento “Delante del espejo”, otra de las piezas que incluirán en el disco.
La canción se apoya en una base mínima que lleva el ritmo a tierra y deja sitio para un verso que habla del futuro como si fuese una excursión que se pudiese aplazar. Por su parte, el estribillo –“nunca tuvo ningún sentido, y eso es algo que ya sabíamos”– sostiene una rima asonante y naíf encima de un punk mucho más contundente. Sergio Pérez ha producido los cuatro adelantos del álbum –sumen “Ahora lo entiendo” y “Guárdame un sitio”– y consigue que el grupo suene limpio sin quedarse manso. El título del disco encaja bastante bien con esa manera de contar las cosas en este sencillo: algo estaba roto, pero de lo que se habla es del rato largo en el que uno sigue haciendo como que no se ha enterado.
Si algo queda claro tras todos sus adelantos es que, contra esa autorreferencialidad del noise pop español, el trío que forman Sara Puertas, Eva Martín y Álvaro Peral sigue su propio camino. Este pequeño circo que es el indie español es un espacio donde lo que le funciona a uno aparece en el repertorio de los demás en cuestión de meses, sea por lo estrecho del circuito, por la precariedad del sector o por la herencia de una industria musical eminentemente nacional. De ahí provienen modas como cantar a través de sílabas entrecortadas, el coro femenino a grito pelado o un trío de viento-metal en la canción más introspectiva del proyecto. Amor Líquido escuchan y admiran a sus colegas (el single compartido del año pasado con Las Petunias también sentó un antes y un después en su crecimiento), pero siguen yendo bastante a su bola. Por supuesto, el pop-rock siempre va a ser pop-rock, con casi todos sus misterios ya desentrañados, pero ellas miran al post-punk británico que anda revuelto desde hace un lustro y se dejan llevar por lo que les apetece. Si esta escena fuese una gran panza, Amor Líquido no estarían mirando al ombligo. Tienen su propio afluente y allí el agua corre mucho más fresca. ∎