Entre aquellos que son amantes existen varios códigos no escritos que hacen que la relación exista y funcione ante sus ojos pero que, a la vez, goce de ese superpoder que es la invisibilidad continuada. La intimidad, la incondicionalidad, la asunción consciente de una mentira o la ilusión son algunos de los ingredientes que albergan la historia cantada al alimón por la voz de Zach Bryan y Lana Del Rey. Incluida en su reciente EP de ocho canciones “Young Manhood And Other Donatable Organs”, en el que también colabora la banda de americana y red dirt Turnpike Troubadours, el cantautor de Oklahoma enseña los ligamentos de una historia de amor en la que se habla claro y sin remilgos sobre qué supone querer a alguien a pesar de las circunstancias.
En la voz de Bryan y Del Rey la línea vocal casi parece describir el trayecto de una road movie en la cual la carretera no es estrecha ni lisa sino ancha y pedregosa. Una carretera en la que no hay ni indicaciones ni un destino final. Pero quizá esto es lo interesante: el amor no puede ser posesivo ni rígido y no debería hacer rehenes. Inevitablemente, este tema recuerda a “Little Lies” de Fleetwood Mac, pero con la diferencia de ser una canción en la que el diálogo vertebra la letra ofreciendo al oyente ese juego de alternancia de voces masculina y femenina como alegoría de que, en una pareja, siempre hay dos versiones de la historia.
Con tan solo 30 años, cumplidos el pasado mes de abril, este countryman ya ha publicado seis álbumes en estudio y se ha convertido en uno de los principales exponentes del género que, al margen de clichés, respeta el academicismo del mismo explorando la vida entera y sus circunstancias con un punto de vista cálido y crudo, con sensibilidad y sin victimismo. En un mundo cada vez más sintético e hiperdesconectado, se agradece una propuesta a la pausa y a la escucha sentimental para reconocer que, incluso quienes deciden hacerse trampas al solitario conscientemente, tienen más mérito que quienes viven con el piloto automático 24/7. ∎