Tomás Fernández Soto, Tomás de Perrate, el cantaor utrerano que no quería ser cantaor fuera del ámbito familiar porque ya estaba a gusto siendo peluquero, el que, con el siglo XX languideciendo y él en la mitad de su cuarta década en este mundo, al cantar casi por casualidad en el disco colectivo “Utrera canta a la Navidad por bulerías” (1998), dio ese primer paso profesional que lo ha llevado, veintipico años más tarde –con los álbumes “Tres golpes” (2022) y “Jolifanto” (2024; este con Za!)–, a refrendarse como un referente del flamenco un tanto al margen y atípico, ese que, a su bola y a ver qué pasa, se va metiendo en berenjenales y charcos interesantes. Sí, cierto, Tomás va sobrado de ADN jondo –nieto de Manuel Torre, hijo de Perrate de Utrera, sobrino de María la Perrata, primo de Dorantes y El Lebrijano, pariente de Bambino, Bernarda y Fernanda de Utrera–, pero no ha vivido de sacarle punta a ese lápiz.
Como su historia tiene miga, por atípica y porque canta como canta y lo que canta, le han hecho un documental. Bautizado como “Rito” (Emilio Belmonte, 2026), se estrenará mañana sábado en Barcelona, dentro de la programación del festival In-Edit. Con motivo de esa filmación se grabó un concierto a pelo, solo voz y guitarra –la del moronero Paco de Amparo– en la peña Curro de Utrera, del cual solo se ha utilizado un pequeño fragmento en la película. Pero tan contentos quedaron con el recital sus protagonistas que han decidido publicarlo en forma de disco, siendo su primer single de adelanto “La última curda (a Bambino)”, que sale hoy. Por eso estamos aquí, claro.
“La última curda” es un tango parido en 1956, con letra de Cátulo Castillo y música de Anibal Troilo. Se grabó por primera vez el 8 de agosto de aquel año. Luego ha sido registrado bastantes veces, siendo la del 7 de mayo de 1963 con Roberto Goyeneche a la voz, seguramente, la más emblemática. Pero bueno, cada uno se desvirga con quien quiere y puede: así que habrá quien la ha conocido en la versión de Enrique Bunbury, que la publicó en 2024 por la edición del recopilatorio conmemorativo del vigésimo aniversario de “El viaje a ninguna parte” (2004). Perrate la interpreta bambinoleándola, convirtiéndola, maravillosamente, en puro desgarro, con esa voz borracha de arena negra, que es algo que le viene como anillo al dedo a un tema en el que van desfilando palabras juntadas como las siguientes: “lágrima de ron”, “sermón de vino”, “un licor que aturda”, “¿no ves que vengo de un país que está de olvido, siempre gris tras el alcohol?”. Así que ya sabes, cuéntame tu condena, dime tu fracaso. Háblame, simplemente, de aquel amor ausente. Y sírvete otra. Lo que le habría gustado a Chavela Vargas escuchar esto. ∎