Clip

Olivia Rodrigo feat. Chappell Roan

expectations › Bardia Zeinali

En tiempos de MTV –o del programa ‘Sputnik’ de TV3, si se prefiere un satélite regional–, este clip de Olivia Rodrigo hubiera revoloteado, de forma regular, los instantes previos a la cena o a la cama. El mundo ahora gravita en otras coordenadas. Seguramente muchas acólitas de Olivia compartirán la pieza y se recrearán en el visionado en bucle en busca de detalles, mientras aflora una retahíla de memes y emojis a su paso. Pero ¿qué longitud de conversación dejará? Inferior a la que el reposo y la ilusión de compartir su primer visionado con el grupo de amistades a la mañana siguiente dejaban. En esos días, este trabajo dirigido por Bardia Zeinali se hubiera impuesto en el orden del día del recreo.

En el clip asistimos a la recreación paródica de un concurso televisivo que cruza ‘La ruleta de la fortuna’ con ‘Hollywood Squares’. La concursante principal es una Olivia Rodrigo bajo triple avatar, y la carnaza en juego es la vida sentimental y sexual que expone la letra de su canción. Quien la reclama en su guisa televisiva no es otro que David Byrne, bordando su figuración como presentador. No se conforma en un mejunje televisivo que cruza dos formatos referenciales, sino que incorpora otro clásico de los concursos, ‘Family Feud’, formato en el que dos grupos o familias compiten para adivinar las respuestas más populares a las preguntas planteadas previamente. El primero que apriete el pulsador rojo tiene la palabra. Para la ocasión se enfrentan las Rodrigos y las Roans, seguidoras de la otra concursante estrella de la velada, Chappell Roan.

La fantasía retrotelevisiva se complementa con transiciones ligadas a otros programas y formatos, animaciones descabelladas e intermedios que presentan los jugosos premios en juego. También hay espacio para que cada diva muestre su personalidad estética. Si Rodrigo opta por un eurochic con guiños a “Clueless” (Amy Heckerling, 1996), Roan exhibe su afinidad al glam, a Cyndi Lauper e incluso a Tim Burton. Aunque lo que predomina es un fuerte acento nostálgico hacia los años ochenta. No solo por los coloridos decorados, caretas y paneles estridentes y el grafismo hortera, sino por otros rasgos en la piel de los figurantes: rímel, hombreras, peinados y ese aire a Duran Duran o Boy George impregnando el ambiente. Reverencias a tiempos pasados en un cruce lúdico y referencial, con posibilidades de cotizar alto en la memoria de muchas y muchos, pese a no ser compartido en un único espacio durante esos momentos que quedaban atesorados en el recuerdo. ∎

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