Stephen King es uno de los escritores cuya obra ha inspirado un mayor número de adaptaciones cinematográficas. Solo en los dos últimos años podemos contar al menos seis nuevas adaptaciones, entre las que destaca la magnífica “La vida de Chuck” (2025), dirigida por Mike Flanagan, responsable también de “Doctor Sueño” (2019), versión que continúa la historia de “El resplandor” (1977) de King y también del filme homónimo que Stanley Kubrick dirigió en 1980. Flanagan prepara asimismo una serie basada en la saga de “La torre oscura” (1982-2012) para Prime Video.
Ahora le ha tocado el turno a “Carrie” (2026-), adaptación de la novela que dio la fama al escritor norteamericano en 1974. Un libro que en su momento resultó totalmente atípico, tanto por la temática femenina como por su estructura literaria fragmentaria, basada en distintos testimonios orales, revistas y documentos que hablaban del extraño caso de Carrie White. En la novela y en la adaptación posterior de Brian De Palma de 1976, ambas obras son a día de hoy inseparables y no se puede leer el libro sin verlo a través de las imágenes de De Palma, comenzó a establecerse un imaginario sobre los institutos estadounidenses como espacios de terror, donde el acoso, la violencia y la humillación producían monstruos. Un hecho –profético– que luego tuvo sus ecos en la realidad con los tiroteos y matanzas de estudiantes llevadas a cabo habitualmente por alumnos marginados. La novela estaba ubicada en la década de los setenta, un momento histórico en el que, como comenta Margaret Atwood, se produjo la segunda ola del movimiento feminista. Así, los poderes telequinéticos de Carrie hablaban sobre cómo este empoderamiento femenino podía resultar amenazante para los hombres.
La actual versión en formato de serie de ocho episodios para Prime Video se desarrolla en el presente, en plena época del cyberbullying. El personaje de Carrie White también ha vivido aislada el mundo con su fanática y trumpiana madre, y ve cómo su imagen –la famosa escena de las duchas– es utilizada en una cuenta de Instagram para humillarla. A diferencia de la novela y el filme de De Palma, dejamos de lado las otras versiones, se intenta que la protagonista sea más cercana y afable. De hecho la serie, más que pertenecer al género de terror, es una obra sobre adolescentes, el coming of age de una cenicienta que trata de integrarse de forma desesperada en un mundo cruel. El tema de los poderes paranormales queda un poco de lado hasta que la historia está bien avanzada. Al mismo tiempo, esta nueva adaptación realiza una tímida recuperación de las figuras femeninas olvidadas o destruidas por la historia, caso de brujas, supuestas endemoniadas, espiritistas y visionarias o militares como Juana de Arco, de tal forma que se reivindica un cierto empoderamiento sobrenatural femenino.
El resultado es una serie sin duda menos terrorífica que la versión de Brian De Palma, y se echa de menos una propuesta estética potente, acorde con la temática. Hay motivos visuales como el de la sangre –metáfora no solo del despertar sexual, también de un cierto terror hacia el cuerpo femenino, como apunta Pilar Pedraza– que aquí no desarrollan tanto su potencial. El objetivo de esta adaptación, quizá un tanto forzado, es expandir el mundo de “Carrie” –están previstas más temporadas–, ya que se introduce a una serie de personajes que no estaban en la novela y que también parecen tener poderes paranormales. Otro problema es que, a diferencia del libro, Carrie es menos creíble como brutal vengadora y pasa de ser una chica que más o menos logra encajar socialmente a convertirse en la escena final en un monstruo. Da así la impresión de que esta versión ha optado inicialmente por el camino de las series de adolescentes para regresar después, de manera súbita, a la novela de King. Aun así, siempre resulta interesante comprobar cómo esta primera novela del maestro del terror sigue dialogando con nuestros tiempos actuales. ∎