A finales de 2023, el diario ‘El Mundo’ publicaba un artículo que alertaba sobre un nuevo trastorno psicológico denominado cosmeticorexia, la obsesión por poseer una piel “perfecta”. El fenómeno, que se da sobre todo en mujeres jóvenes e incluso niñas, se ha multiplicado exponencialmente durante la última década gracias a la viralidad digital. Miles de influencers de todo el planeta publican diariamente sus rutinas de belleza, que son seguidas con devoción por sus seguidoras. Da igual que se trate de niñas de 10 años a las que no les hace falta ninguna falta el maquillaje. La maquinaria mercadotécnica acompaña el movimiento con toneladas de nuevos productos cosméticos, dirigidos a potenciales clientas cada vez más de menor edad, puntualmente anunciados en las cuentas de redes sociales tanto de creadoras de contenido como de sus adláteres.
Es en este ecosistema en el que se introduce Lisa Blumen (Roubaix, Francia, 1994) con “Jabalíes” (2025; Garbuix Books, 2026, traducción de Montserrat Terrones). Tras explorar la ciencia ficción de manera íntima con “Astra Nova” (2023; Salamandra, 2025), en “Jabalíes” la acción transcurre en el desquiciado presente que nos ha tocado vivir. La protagonista, Nina, es una maquilladora que ha consagrado su vida a las redes sociales. Su día a día es puntualmente emitido a través de todas las plataformas, cuidadosamente seleccionado, grabado y editado para mostrar a su audiencia sus tratamientos de belleza. Como el lector de esta reseña se podrá figurar, no es oro todo lo que reluce: Nina se encuentra en ese delicado momento como creadora en que está a punto de romper la barrera que la separa de su coronación como reina de la belleza 2.0, y su ritmo de trabajo es agotador, cada vez más exigida por su agente y las marcas. Incluso tiene que lidiar con un acosador que hace guardia frente a su casa. Cada vez más cerca de la depresión, su encuentro en un rodaje con una operadora de sonido mayor que ella le ofrece una tabla de flotación en forma de sincera amistad entre mujeres.