Álbum

Apartamentos Acapulco

Todos quieren ser los campeones › El Ejército Rojo, 2026

Caer en la tentación de decir que lo mejor de lo nuevo de Apartamentos Acapulco es el título del disco sería injusto, pero se puede señalar mejor uno de los rasgos de la época actual de los influencers, los likes y el famoso síndrome del burnout. Un disco al que no le falta sentido del humor: “Nuevos discos, nuevas drogas” es la única letra de la eufórica “5NDND”, primer tema y uno de los mejores del quinto álbum de la pareja formada por los granadinos Ismael Cámara y Angelina Herrera. La pieza reactiva con personalidad propia la abrasión psicodélica de proyectos icónicos de los años noventa como Spiritualized, siendo “Todos quieren ser los campeones” una especie de recapitulación íntima de la propia historia sónica de Apartamentos Acapulco iniciada hace ya una década, que en realidad no son tantos para quienes peinamos canas.

Reduciéndolo mucho, porque el álbum es bastante variado dentro de sus lacradas coordenadas estilísticas, en él conviven al menos dos tipos de piezas, las más atmosféricas, generacionalmente inspiradas en el shoegaze, y las que suenan a canción pop, más luminosas y amables, todas bajo el signo común, conceptual, de su crítica hacia el mundo excesivamente competitivo que hoy vivimos, según ellos. ¿Es que no lo ha sido siempre? Que se lo digan a Charles Darwin. Tampoco estoy seguro de que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, uno de los introductores principales de la idea de la autoexplotación voluntaria en su obra “La sociedad del cansancio” (2010; Herder, 2012), aprobara una letra tan pretendidamente anticlímax como la de “Solo quiero descansar”. ¿No dicen que ahora nadie quiere trabajar, que la cultura del esfuerzo está kaput? La canción reedita el espíritu de la molicie de los Pastels, entre el sentido del humor y la convicción existencial, musicalmente más apegada, sin embargo, a la saga Galaxie 500 –ese bajo tan característico a lo Naomi Yang– con Spacemen 3 vertiente Jason Pierce. O la de “Paracadistas en la playa” –¿no se dice “paracaidistas”?–, un diálogo estilo Pimpinela entre Angelina e Ismael, cuando dice “piensas demasiado” –el dudoso es él– con flecos de Young Marble Giants.

Siempre en función de la exposición que uno haya tenido a este indie rock inspirado por añadidura en Creation Records, se puede hacer pesado escuchar temas morosos como “Gato”, ingenuos en la forma, por reiterativos –suenan a Los Planetas de bajón– y contenidos en su evocación epicúrea: “Y por qué hablar del futuro, si el futuro ya vendrá, si ahora no mueve montañas, ni las moverá jamás / Y por qué hablar del futuro, por qué me ha de importar / si es algo que aún no está, mañana dios dirá”. Apartamentos Acapulco salvan los muebles con piezas como “Santos mártires”, cuyo recurso a la repetición es efectivo, si bien en sí mismo insuficiente, aunque, por los arreglos sintetizados, suene a canción de Joy Division cantada por una banda de Sarah Records, una línea genealógica perfectamente admitida en los manuales. La verdad es que está muy bien.

Canciones como “Lo que no quería oír” se podrán escuchar con devoción fenomenal en sus directos. Reincide en esa lectura sentimental y positiva del futuro: “No te preocupes más, que todo pasará, nadie te va a superar, para mí tú eres mucho más, mañana todo estará mejor, nada importa, podemos empezar de nuevo”. En “Scarlett”, procedente de su primer álbum, “Nuevos testamentos” (2017), se les ve más realistas. En ambas versiones se puede disfrutar de su punto fuerte. Se encuentra en la creación de atmósferas intensas, en el uso inteligente del drone y la electrónica, en el buen gusto a la hora de acoplar las guitarras. Otro sería su apego al formato álbum, algo que, a pesar de que ahora todo el mundo deshoja la margarita con los “singles” digitales de adelanto, todavía no se ha perdido.

Con “Todos quieren ser los campeones”, la banda mantiene viva esa llama como una campeona, mal que le pese. Triunfal sería también “Siempre es de noche” con su gancho motorik, arreglo oriental y vibraciones shoegaze. La indiscutible melodía no menoscaba su naturaleza más liminal y atractiva. El disco termina con “Quien tiene pena no entiende”, entre Le Mans y Javier Corcobado: “Porque vida no hay más que una, porque esta vida es muy corta, porque vale la pena vivirla con menos pena y mucha gloria”. Hacer rock con esta actitud tan uncool es otro mérito incuestionable. Irónicamente, al terminarse canción y disco, el algoritmo demoníaco me lanza sin piedad hacia “La vida es un chiste demasiado largo”, corte homónimo de lo nuevo de El último Vecino. Unidad es variedad. ∎

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