EP

Bitchin Bajas

Isle Peaks › Drag City, 2026

Demasiados improvisadores confunden la libertad con tocar sin rumbo. Jackie-O Motherfucker, No-Neck Blues Band o Sunburned Hand Of The Man (tres nombres entre muchos) hicieron de la deriva instrumental un método que, en sus momentos más plomizos, tomaba la duración por profundidad. Bitchin Bajas llevan más de quince años haciendo otra cosa con la misma materia. Cooper Crain, Rob Frye y Dan Quinlivan parten de un patrón, una nota sostenida, un leve desplazamiento del pulso, y dejan que la pieza encuentre su recorrido. Lo que suena a abandono es, casi siempre, una decisión precisa.

El trío de Chicago ha ido afinando esa tensión disco a disco. “Bajascillators” (2022) llevó la repetición electrónica a un rigor aritmético. “Totality” (2025), su segundo encuentro con Natural Information Society, abrió el método a la improvisación colectiva, con el guimbri de Joshua Abrams como centro de gravedad. “Inland See” (2025), compuesto en buena parte durante las giras y grabado con los tres tocando juntos, se acercó a la canción sin perder el foco hipnótico: jams ofrecidas sin reservas, con sintetizadores analógicos de sonido pleno, vientos de una dulzura líquida y ritmos que mutan sin avisar. Su pieza final, “Graut”, lleva un título que parece una deformación de “Kraut”, y la música no desmiente la sospecha. Cada disco ensanchó un método que el grupo domina lo bastante como para modificarlo sin perder su identidad.

“Isle Peaks”, surgido de las sesiones de “Inland See” y reelaborado después en el estudio, regresa a la duración larga. Sus dos primeras piezas, veintiséis minutos en total, explican quizá mejor la singularidad del grupo que algunos de sus álbumes más ambiciosos. La improvisación es aquí materia prima de un trabajo de edición y transformación que vuelve difícil separar lo espontáneo de lo deliberado.

“Ajami” arranca con el patrón de una kalimba sobre el que el bajo sincopado, los vientos de Frye y los sintetizadores van torciendo la percepción del ritmo. Se oyen ecos del ethio-jazz y del afrobeat, y algo del trance percusivo de Count Ossie, esa forma de volver física la insistencia. Lo notable es que la música cambia de dirección sin soltar su impulso inicial: la pulsación motorik del tramo final parece haber estado ahí desde el principio. Durante dieciséis minutos hay exactitud de mecanismo y, a la vez, la impresión de que todo se va generando en el momento.

La pieza titular lleva la paradoja a un terreno más incierto. El canto de los grillos, las cuerdas reverberantes y los bordones electrónicos evolucionan como si respondieran a una dinámica propia. Hay algo de la Alice Coltrane de los ochenta, la de las grabaciones devocionales de su ashram, en la cualidad litúrgica de los sintetizadores, y resuena Laraaji, aunque la placidez nunca termina de imponerse: las disonancias inquietan y los sonidos van perdiendo contorno. Aquí el trío parece renunciar a dirigir los acontecimientos. Es la pieza menos inmediata y quizá la más arriesgada.

“Watch Your Step”, reservada al vinilo y al casete, revela una vertiente distinta. Un bajo en 7/8 sostiene una electrónica vivaz, de melodías insinuadas y desplazamientos armónicos que remiten al universo de Duophonic, el sello de Tim Gane, de Stereolab, y de su iconografía: pulso metronómico, pop de otra época y sintetizadores analógicos fundidos en una sola idea. Es una forma de imaginar el avant-pop tal como nunca llegó a ser. El vínculo tiene recorrido: Crain grabó y mezcló el “Instant Holograms On Metal Film” (2025) de Stereolab. Lo interesante es que una estructura rítmica poco convencional alcance una naturalidad casi pop y prolongue la vena melódica de “Inland See”.

Terry Riley, Cluster y Harmonia siguen presentes, aunque esa genealogía explica cada vez menos. Quizá importe más la de Manuel Göttsching, cuyo “E2-E4” (grabado de una sola tirada en 1981 y publicado en 1984) demostró que una secuencia casi inmutable puede ser el suelo sobre el que todo lo demás improvisa y no un techo. Bitchin Bajas comparten esa fe en el patrón como punto de partida, y en “Ajami” la llevan a un plano más acentuado. Asoma también Sun Ra, cuya obra abordaron en “Switched On Ra” (2021): la distancia entre el jazz cósmico y la electrónica psicodélica se acorta cuando ambos comparten una misma idea de la improvisación. “Isle Peaks” condensa esa búsqueda con una claridad poco habitual. Después de tantos años, el trío sigue averiguando qué sucede cuando una idea se resiste a terminar. ∎

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