Álbum

Boy Harsher

GET MEAN › Atlantic-Warner, 2026

En la portada de su primer disco para una major, Jae Matthews y Augustus Muller aparecen casi fundidos, sus rostros convertidos en uno solo, casi como en un plano inédito de “Together” (Michael Shanks, 2025). Pero, en realidad, “GET MEAN” es un disco (otro, como el EP “Lesser Man”, de 2014) marcado por su última ruptura de pareja; esta al parecer definitiva. Al estilo de Los Javis o, por un tiempo, Stevie Nicks y Lindsey Buckingham, no han creído que la desavenencia sentimental deba estropear su alianza artística. Y así los tenemos, creando hits synthpop a partir del fin de su relación y otras desgracias, como la pérdida familiar o la diagnosis de esclerosis múltiple con la que Matthews lidia desde hace algunos años.

Hemos dicho synthpop y no dark wave porque “GET MEAN” debe ser (ese título engaña) el disco más benévolo que hayan grabado. Los sintetizadores suenan menos tétricos, las ventanas están abiertas, no hay alaridos a lo Siouxsie. Como se puede esperar de un disco para Atlantic, optan por una producción especialmente depurada, luminosa, a veces casi resplandeciente, que no invita a pensar en mazmorras sino en largos viajes por carreteras infinitas, no necesariamente de noche, más bien al contrario.

Los ecos pueden ser sorprendentes. A este cronista no le cuesta imaginar a Jim Kerr de Simple Minds cantando la inicial “Ronny”, y New Order están, en este caso indiscutiblemente, detrás de “Break Me” o “Coming Home”; la primera de ellas, armada sobre un beat motorik realmente contagioso. “Faulty” parece sostenerse sobre los mimbres de “Smalltown Boy”, eterno clásico de Bronski Beat. A la altura de “Jeans”, más que en una banda, es fácil pensar en un cineasta, John Hughes, y la actriz clave de sus películas teen de los ochenta, Molly Ringwald: suena a momento feliz de alguna de sus colaboraciones.

En otras ocasiones, la voz ligeramente monolítica de Matthews encuentra acomodo en los ambientes oscuros habituales: escúchense, con el volumen bien alto, la imponente “Hard Beat”, dark wave con pulso disco y beats industriales; “Ice Pick (Walk Away)”, con riff de guitarra como tomado prestado a Joy Division, o el trip hop claustrofóbico de “Bleed”.

Incluso cuando más luminosos, los nuevos Boy Harsher siguen recurriendo a su antigua amargura en las letras. Es a lo que se presta su momento vital. “Tough Luck (When You Don’t Call)” puede sonar saltarina, pero en realidad desgrana el bajón posrruptura, el momento en que uno busca su propia seguridad mientras, sin querer, surgen preguntas: “Y me siento poseída / cuando pienso en tu cara / ¿Tienes remordimientos? / ¿Sabes acaso cómo me llamo?”. Hay otras preguntas en “Faulty”: “¿Me encuentras defectuosa? / ¿Apenas? ¿En parte?”. Y una toma de conciencia inútil en “Ice Pick (Walk Away)”: “No puedo marcharme, estás en mi piel”. Todo este juego de contrastes abre la expresividad del proyecto. Además de ese deseo y ese peligro tan habituales, sentimos mezclas emotivas de congoja y, pese a todo, optimismo. ∎

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