La compositora, guitarrista y cantante Mar Pujol (Prats de Lluçanès, 1999) afianza una todavía incipiente trayectoria con su segundo disco, “D’aquesta aigua no en beuré” (“De esta agua no beberé”), un trabajo que, a diferencia del primero, “Cançons de rebost” (“Canciones de alacena”, también editado por Hidden Track en 2024), presenta un repertorio sensiblemente evolucionado, porque suena más duro y denso, menos plácido y risueño, pero del todo fiel a su marcada personalidad.
La joven intérprete ha vuelto a compartir su inspiración con esa pequeña gran familia que se mueve alrededor del denominado “pop metafísico”, aunque en este caso deberíamos referirnos a la canción metafísica, concediendo la producción del disco a Jordi Matas, que también ha producido, entre otros, a Ferran Palau y El Petit de Cal Eril, y grabando el repertorio en el estudio de este último. Aunque por otro lado tampoco habría que descartar la cercanía, tanto geográfica como estilística, con su vecino de La Torre d’Oristà y adalid del neofolk Ferran Orriols.
Con estos mimbres musicales, a los que cabría añadir una cierta espirtualidad bañada en un intimismo minimalista, Mar ha construido un álbum que, a pesar de los pocos elementos utilizados en su elaboración, suena tan completo como compacto. Con su guitarra de palo y el chelo de Bruna González, además de algunos añadidos puntuales como el trombón de Rita Payés, la cantante ha bordado un repertorio preciso y ajustado al que se ha permitido invitar a Sílvia Pérez Cruz, que interviene en “He vist l’amor”, a la argentina Carmen Aciar, que participa en “Ullsclucs”, y a la mencionada Rita Payés, que, además de ejercer como trombonista, también canta en “No diguis mai”.
Si el título del disco de Mar Pujol nos habla de no beber cierta agua tal vez sea debido a que su primer tema se abre con este verso: “En un got d’aigua jo m’ofegaria” (“En un vaso de agua yo me ahogaría”). Así comienza “Mitja vida”, una composición con aires de dream pop que brilla con luz propia. Pura sensibilidad. ∎